Cannes 2026: crítica de ‘Fatherland’, de Pawel Pawlikowski (Competición)

Cannes 2026: crítica de ‘Fatherland’, de Pawel Pawlikowski (Competición)

por - cine, Críticas, Festivales
15 May, 2026 03:33 | Sin comentarios

En la Alemania de posguerra, Thomas Mann y su hija Erika recorren un país destruido enfrentando, a la vez, los fantasmas de su propia familia. Con Sandra Huller, Hanns Zischler y August Diehl. En Competición.

Breve y rigurosa, severa y elegante, Fatherland es un recorrido por la Alemania de posguerra, un repaso por los conflictos personales, familiares y sociopolíticos del escritor Thomas Mann mientras viaja por distintas ciudades del dividido país junto a su hija Erika dando conferencias en el homenaje al 200 aniversario del nacimiento de Goethe. Será un dramático paseo por un país destruido física, política y sobre todo moralmente que todavía continúa lidiando con las consecuencias del nazismo.

El autor de La montaña mágica se conduce como una celebridad. Ganador del Premio Nobel, es esperado y recibido por multitudes, y hasta la CIA le pone seguridad recibir amenazas que lo acusan por haberse ido del país en 1933 después de la llegada de Adolf Hitler al poder. Mann (Hanns Zischler, quien ya hizo una gira germánica muy distinta en Kings of the Road, de Wim Wenders, 50 años atrás) la tiene complicada, también, porque ha aceptado ir a recibir un premio a Weimar, ubicada en la parte del país controlada por los soviéticos, algo que tampoco cae bien a muchos. Pero el hombre, ciudadano estadounidense, parece no preocuparse por estas cosas.

Usando, como acostumbra, el formato tradicional (4:3) del cine clásico, y un profundo y detallado blanco y negro —similar en composición al de su previa Guerra fría—, el polaco Pawlikowski va siguiendo al padre y a la hija a través de otros encuentros, conferencias de prensa, presentaciones masivas y los recorridos por ciudades. Entre las conversaciones y (des)encuentros con famosos —por allí aparecen los nietos de Wagner y otras figuras de la época—, padre e hija se topan con malas noticias respecto a Klaus y, más alemanes que nunca, siguen su recorrido que es, a la vez, de homenaje a Goethe pero, más que nada, de doloroso reencuentro con un país que es la sombra de lo que era.

La que está más tensa, por varios motivos, es su hija Erika (Sandra Hüller). En principio, porque espera la llegada de su hermano Klaus (August Diehl) —también autor, comunista y viviendo ahora en Francia— pero el hombre, adicto a las drogas, no da señales de vida. Y luego, mientras lidia con las amenazas, porque se topa nada menos que con Gustaf Gründgens, el actor que inspiró la novela Mephisto —escrita por Klaus y centrada en un actor que se vendió al regimen nazi—, que no es otra cosa que su ex marido. Y el reencuentro no es nada amable. Tampoco lo es del todo la relación con su padre, pero como su hija dilecta y casi secretaria, Erika lidia en privado con esa otra incomodidad.

Filmada en Polonia y con asombrosas reconstrucciones de la destruida Frankfurt —hechas mediante lo que parece ser restauración de material de archivo—, Fatherland es una austera, elegante aunque quizás algo fría elegía por un país perdido y por una familia rota que, como la nación en la que nacieron, trata de reunir los pedazos de su destrucción con las dificultades del caso. Si bien el film no profundiza en la larga historia profesional y las complicadas vidas personales de cada uno de los miembros de la célebre familia, este breve encuentro sirve para tomar dimensión de su importancia y su angustioso presente.

Una escena silenciosa, cerca del final, sin diálogos y con música de Bach sonando en un órgano roto de una destrozada iglesia, será el modo en el que el realizador polaco de Ida encontrará para impactar emocionalmente a los protagonistas y al espectador con la imagen de un país, una cultura y hasta una familia enfrentándose a un lento proceso de reconstrucción.