Cannes 2026: crítica de ‘I See Buildings Fall Like Lightning’, de Clio Barnard (Quincena de Cineastas)

Cannes 2026: crítica de ‘I See Buildings Fall Like Lightning’, de Clio Barnard (Quincena de Cineastas)

por - cine, Críticas, Festivales
20 May, 2026 01:24 | Sin comentarios

La amistad mantiene unidos a cinco veinteañeros de Birmingham mientras la clase social, el dinero y las malas decisiones amenazan con separarlos. Con Joe Cole y Anthony Boyle.

Como una combinación entre el espíritu explosivo de Trainspotting y un drama realista sobre la clase trabajadora más propio del cine de Ken Loach, I See Buildings Fall Like Lightning tiene la potencia y la energía de aquel clásico de Danny Boyle pero una búsqueda temática más ligada a lo social, mientras sigue a cinco amigos veinteañeros de Birmingham que atraviesan distintos momentos en sus vidas pero, en todo momento, se acompañan unos a otros. Especialmente cuando salen de fiesta y a beber.

Rian (Joe Cole) es el único que pegó el salto económico al tener suerte invirtiendo su herencia y haciéndose millonario. Dejó la ciudad para vivir en un bello pero un tanto estéril piso en las nuevas zonas de Londres, pero claramente extraña y la pasa mejor cuando está con sus amigos de siempre. Patrick (Anthony Boyle) y Shiv (Lola Petticrew) están casados, tienen dos hijos, y sobreviven como pueden, ya que el único trabajo que los sostiene es el de repartidor que tiene él, ya que ella se ocupa de la casa y los hijos. Conor (Daryl McCormack), en tanto, está construyendo un edificio de departamentos en una zona en la que hace años tiraron abajo construcciones sociales —Rian funciona como su principal inversor— y Oli (Jay Lycurgo) es el que la tiene peor de todos, ya que se las arregla… vendiendo heroína.

Pero se tienen el uno al otro, y la amistad que los une es más fuerte que las diferencias. De hecho, Conor contrata a Oli para trabajar en la construcción, aún cuando no tiene experiencia en el tema, y Patrick ayuda a Rian cuando se deprime porque lo deja su novia, una joven más chic que no pertenece a su ámbito ni conoce sus hábitos y los de sus amigos. El film de Barnard funciona a la perfección, en realidad, cuando no cuenta nada en particular sino cuando se centra en mostrar las vidas de todos ellos, tanto juntos —en sus caóticas salidas— como por separado.

Pero en un momento las marcas del guión se hacen demasiado presentes y allí la película intensifica conflictos y empuja el drama hasta lugares impensados de un modo que es emocionalmente potente pero narrativamente un tanto forzado. La relación entre algunos se rompe por la revelación de ciertos secretos, otros empiezan a consumir más alcohol que lo tolerable y están los que tienen encuentros inesperados que les alteran la vida de un día para otro. Todo ese caos junto genera sin dudas una avalancha de situaciones dramáticas, pero I See Buildings… se resiente, ya que se siente más “película” —más armada y estructurada de un modo tradicional— y pierde en parte la energía natural y la espontaneidad que tenía durante su primera y mejor hora.

Más allá de esos deslices —que también sufría en su anterior, Ali & Ava—, la directora de The Arbor sigue demostrando un excelente ojo y oído para captar los hábitos, costumbres y modismos de las clases populares británicas, sin dejar de mostrar sus pequeñas diferencias y conflictos: los que prefirieron estudiar, los que hicieron dinero, los que no logran salir de la mala situación económica, y así. Es un mundo duro y por momentos muy áspero, en los que se sobrevive, fundamentalmente, gracias a la amistad, el compañerismo y la solidaridad de los otros.

En un momento, Patrick y Rian se ponen a hablar sobre el destino final que deberían tener los departamentos del edificio que este último está construyendo, y en el breve pero intenso discurso de Patrick, la película —y la novela homónima de Keiran Goddard en la que se basa— deja clara su posición respecto al mundo en el que viven los personajes, uno que con esfuerzo puede seguir siendo de la comunidad, porque si no terminará vendido al mejor postor.