Cannes 2026: crítica de ‘Minotaur’, de Andrey Zvyagintsev (Competición)

Cannes 2026: crítica de ‘Minotaur’, de Andrey Zvyagintsev (Competición)

por - cine, Críticas, Festivales
19 May, 2026 02:13 | Sin comentarios

La vida perfecta de un empresario ruso se derrumba cuando la aventura oculta de su esposa choca con las presiones de la guerra con Ucrania.

Si, promediando la acción de Minotauro, uno tiene la sensación de ya haber visto esta película es porque probablemente lo haya hecho. El nuevo film del realizador ruso Andrey Zvyagintsev es una remake de La mujer infiel, clásico de Claude Chabrol de 1969 que ya tuvo una versión hollywoodense (Infidelidad) dirigida por Adrian Lyne en 2002, con Richard Gere y Diane Lane en los roles protagónicos. Aquí, el director de Leviathan y Loveless le agrega sus condimentos, su propia lógica y un contexto de la Rusia contemporánea que altera en buena parte la historia.

Amarga, seca y fría, como sus películas previas, la historia se ocupa de una pareja cuya relación parece sacada de un contrato publicitario. Viven en una hermosa y gigantesca casa frente a un lago, tienen un hijo no particularmente problemático, pero su rutina cotidiana no involucra muchos gestos de afecto ni nada parecido. El se llama Gleb (Dmitriy Mazurov) y es el CEO de una compañía naviera. En la Rusia de 2022, las tropas de ese país se movilizan en varios frentes: Georgia, Ucrania y otros. Y a Gleb se le mezclan dos problemas laborales: la renuncia de muchas personas que están pensando en dejar el país por las guerras y el pedido desde arriba de que arme una lista de empleados para ser enviados al frente.

El otro «frente de combate» empieza a ser su propia casa, ya que Galina (Iris Lebedeva), su esposa, parece tener planes por su cuenta. Además de cocinar y llevar a su hijo Seriosha (Boris Kudrin) al colegio, pronto queda claro que la chica tiene alguna relación oculta que la saca de la angustia existencial que parece atravesar. Pronto sabremos que es un fotógrafo, se llama Anton y es, al parecer, lo único que tiene para salir de la rutina que —pese a su aparente lujo y comodidad— la agobia.

Cualquiera que haya visto, ya no las versiones previas, sino cualquier thriller que implique adulterio, sabrá que el asunto no va a terminar nada bien. Y, promediando la película, eso es exactamente lo que sucede. Allí comienza otro tipo de historia y de conflictos que no spoilearemos pero que se acercan más al thriller clásico, metódico, con gente haciendo planes, ocultando pistas, y callando las cosas que saben. Un thriller al estilo ruso, pero thriller al fin.

Lo que modifica la tradición del noir es, hasta cierto punto, la situación política rusa de esta época. En el trabajo de Gleb se siente la presión y la tensión de la guerra, y la decisión de a quién enviar es también un asunto que le pesa al protagonista. Y los viejos hábitos de corrupción tampoco se han modificado. En un lugar así, la gente poderosa tiene más posibilidades de moverse a sus anchas que el común de los mortales. Es así que Zvyagintsev va acomodando ese contexto, lentamente expresado en la primera hora, a la nueva realidad que aparece cuando el protagonista conoce la verdad sobre su mujer.

Más allá de la familiaridad de la propuesta, el sexto film de Zvyagintsev —el primero que el director de Elena y The Return hace desde 2017 tras casi morir por culpa del COVID— mantiene la estética rigurosa, amarga y afectada del realizador, lo mismo que la sensación persistente de que nada puede salirle demasiado bien a los personajes o que, si lo hace, hay algún tipo de broma cósmica dando vueltas por ahí. Así, mientras la familia trata de acomodarse a una nueva realidad llena de secretos y mentiras, los soldados siguen yendo a Ucrania, cayendo en el frente y siendo reemplazados por otros. El ciclo de destrucción no se acaba nunca. Y la esperanza, más que cualquier otra cosa, es un acuerdo secreto entre las partes.