Estrenos online: crítica de ‘Marty, Life is Short’, de Lawrence Kasdan (Netflix)

Estrenos online: crítica de ‘Marty, Life is Short’, de Lawrence Kasdan (Netflix)

El documental de Lawrence Kasdan repasa la singular carrera de Martin Short, sus amistades célebres y las pérdidas privadas detrás de su optimismo permanente.

La simpatía y el buen humor de Martin Short es algo más que evidente para todo aquel que lo haya visto en sus apariciones en vivo en talk shows. Lo dicen todos: si viene él, diversión garantizada. Su fama es un tanto rara, al menos internacionalmente. No hizo muchas películas de gran éxito —en algunas tuvo papeles secundarios, pero las que protagonizó por lo general fueron fracasos— y hasta Only Murders in the Building su carrera internacional era bastante nula. Entre los comediantes que pasaron por Second City o Saturday Night Live nunca fue de los más famosos y era más una presencia reconocible que otra cosa, esos comediantes que siempre están ahí y que parecen tratar de llamar la atención como sea.

El mismo reconoce eso: sus fracasos, su necesidad de ser centro de atención y de ganar dinero haciéndolo y su facilidad ya familiar para parecer siempre ocurrente, afable y de buen humor. No es, para nada, un personaje público. Por la cantidad de amigos famosos que circulan por Marty, Life is Short, el documental que Lawrence Kasdan le dedica, es evidente que Short no se queda «corto» a la hora de las amistades. De Steven Spielberg a Tom Hanks, de Kurt Russell a Catherine O’Hara —a quien el film está dedicado— todos han pasado fiestas, vacaciones y son grandes amigos de Marty y de quien fuera su esposa, Nancy Dolman, fallecida en 2010. Buena parte del documental, de hecho, está dedicada a celebrar la amorosa relación que tuvo con su esposa a lo largo de las décadas.

El documental —uno de los tantos que salen actualmente sobre comediantes veteranos— recorrerá esa vida de pocos éxitos y muchos fracasos son el humor característico de Short, que tiende a burlarse de sí mismo todo el tiempo. Y dejará en claro lo que todos conocemos: que es un tipazo. Amable, simpático, gracioso, igual a como lo vemos en vivo o en grabaciones de sus giras como comediante. Lo suyo siempre han sido los sketches y personajes característicos como Ed Grmiley o Jiminy Glick, entre otros. Y tiene algo de la vieja escuela de los comediantes: un humor directo, físico, no de observaciones sobre su vida ni nada parecido. Es uno de esos tipos naturalmente graciosos a los que todo el mundo adora pero poco se sabe de sus vidas.

El documental no revela nada oscuro ni especialmente profundo, solo deja en claro momentos duros que Short decidió sacar adelante como sabe hacerlo: con una sonrisa y optimismo ante todo. Ha perdido a un hermano, a sus dos padres siendo él muy joven, a su esposa cuando ella tenía solo 58 años y —algo que el film no alcanza a cubrir porque sucedió el pasado febrero— su hija adoptiva se suicidó, algo que quizás sea lo más grave de todo. No parece haber nada oscuro para develar en todo esto. Es solo la prueba de que a Short el humor le sirve como una manera de seguir adelante, de lidiar con el dolor.

Por fuera de eso, su amigo Kasdan hace un documental convencional que repasa la carrera de Short en teatro, TV y cine (hizo muchas películas olvidadas y olvidables) y en el que entrevista a los citados amigos, muchos de los cuáles también aparecen en videos capturadas en su bella casa de campo frente a un lago en Canadá, país en el que nació. Spielberg, de hecho, filmó varios de esos videos. Amigo de sus amigos, humorista para los humoristas, un tipo querido por todos que ha sufrido más de lo que deja ver, Martin Short se ha ganado con el paso de los años el lugar de leyenda que merece. Y este documental lo prueba.