
Estrenos online: crítica de ‘Mensajes de voz para Isabelle’ (‘Voicemails for Isabelle’), de Leah McKendrick (Netflix)
Tras la muerte de su hermana, una mujer deja mensajes de voz a su antiguo número sin saber que un desconocido los escucha y se infiltra en su vida.
Las comedias románticas de plataforma —y específicamente las de Netflix— son un género en sí mismo. Suelen basarse en algún best-seller circunstancial, tener un par de figuras medianamente conocidas y usar todas las reglas del género sin mucho criterio, combinando humor, emoción, romance y una mínima cuota de sexo. Voicemails for Isabelle es un caso raro porque, si bien tiene incluidos todos esos ingredientes como si fueran parte de una receta que no se puede modificar, logra trascender su programática rutina gracias al carisma de su protagonista y a un guión ingenioso que logra salir de la medianía habitual del formato.
Y eso que tiene todo para perder. La película incluye un romance pero también un drama con cáncer en un cóctel de dos subgéneros —la cancer movie es otra especialidad de la casa de la N roja— que podría ser indigesto. Pero gracias al guión de la también directora Leah McKendrick, a un tono ligero que se permite la emoción sin excesos, y a una actuación magnética, casi de estrella de la rom com, de Zoey Deutch, se aparta un poco de la medianía y, aún con sus extensas dos horas, es bastante placentera para los estándares del streaming.
La que se cuenta aquí es la historia de Jill (Deutch), una chica pícara y sin tapujos que crece en la zona de San Francisco muy apegada a su hermana menor, Isabella —Izzy—, que tiene cáncer. Los primeros minutos se ocupan de su hermosa relación —divertida, de compinches, de contarse todo en la adolescencia— y llegan al previsible y duro fallecimiento de la chica, cuando Jill ya está en sus veintilargos y entrenando para trabajar en un restaurante que maneja un despótico cocinero (Nick Offerman en plan comedia pura y dura). El golpe es durísimo para la chica y en su depresión toma por costumbre seguir dejándole mensajes de voz al número de Izzy contándole su vida, sus sensaciones y sus problemas cotidianos, amorosos y de los otros.

Lo que no imagina es que ese número ahora corresponde a un tal Wes (Nick Robinson), un vendedor inmobiliario de Austin que está separándose de su intensa novia. El hombre empieza a escuchar esos mensajes y queda fascinado con Jill, sin saber realmente su historia pero de a poco adivinándola. Y esa fascinación se vuelve éticamente complicada porque, en lugar de avisarle que es él quien está recibiendo los mensajes, se va a conocerla a San Francisco con el plan de integrarse —gracias a la información «privilegiada» que tiene de sus gustos, sus miedos y sus problemas con las citas— a su vida y empezar con ella una relación.
Sí, claro, seguramente podrán imaginarse —pelos más, pelos menos— de qué va la película, cómo avanza y qué cosas pasarán, pero aún así Mensajes de voz para Isabella funciona. Deutch es una actriz dúctil, graciosa, que puede pasar de una situación embarazosa a otra emotiva con mucha facilidad. Y el guión tiene ingenio, buenas salidas, diálogos más o menos inteligentes y buen humor. Sí, es cierto que las acciones de Wes son creepy y propias de lo que hoy se consideraría un stalker, pero la película se hace cargo de entrada de esa dualidad y juega con eso. A la vez, cuando hay que abrir la puerta para la emoción —la relación con su hermana sigue siendo central en la vida de Jill—, McKendrick sabe manejar muy bien el cambio de tono.
La película cumple con todos los requisitos de la rom com contemporánea incluyendo la reiteración de que, para Jill, encontrar al amor de su vida no es lo único ni lo prioritario. Tiene su trabajo, su familia, sus citas casuales (la mayoría bastante fallidas) y su pasión por la cocina. Pero Wes, pese al enredo en el que se mete para conocerla, la quiere de verdad. Y en las comedias románticas de esta era hay que saber combinar eso con lo otro: un amor quizás no lo sea todo en la vida de nadie, pero puede ayudar y mucho a sobrevivir.



