Estrenos online: crítica de ‘México 86’, de Gabriel Ripstein (Netflix)

Estrenos online: crítica de ‘México 86’, de Gabriel Ripstein (Netflix)

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05 Jun, 2026 12:30 | Sin comentarios

En esta comedia satírica, un burócrata del fútbol mexicano usa todas las artimañas posibles para ganarle la organización del Mundial 86 a sus rivales.

Hay cierta picardía en estrenar, a pocos días del inicio del Mundial de Fútbol que en parte se jugará en ese país, una película como México 86, una que se ocupa más que nada de la corrupción en el fútbol mexicano y en la FIFA. Por si no había quedado claro con las pícaras declaraciones sobre el tema de su amigo Gael García Bernal en Cannes hablando de esa misma institución, se ve que Diego Luna tampoco tiene una imagen demasiado buena de quienes organizan este tipo de torneos, tanto local como internacionalmente. Sin embargo, parte de la gracia de México 86 pasa por su retrato irónico pero a la vez cariñoso de algunos de los trucos utilizados por los mexicanos para conseguir que ese Mundial se juegue allí. Y no solo eso.

Dirigida por Gabriel Ripstein —realizador de 600 millas y, sí, hijo de Arturo—, México 86 es una pícara comedia que exagera y satiriza lo que fue organizar ese evento que, aseguran aquí, no solo se convirtió en el mejor mundial de la historia (como argentino, no voy a negarlo) sino que llevó a esa competencia a niveles de masividad inusitados hasta entonces. Lo cierto es que el Mundial de 1986 no lo iba a organizar México sino Colombia, pero por los problemas de violencia política y narcotráfico en ese país, decidieron trasladar la sede. Y se abrió una suerte de contienda entre varios para tomar ese lugar. Entre esos países, estaba México, aunque nadie había organizado dos veces el evento y ellos ya lo habían hecho en 1970.

Es allí donde entra Martín de la Torre (Luna), personaje ficticio que representa a varios burócratas de la federación de fútbol mexicano. Obsesionado por que México organice el torneo en 1986 y por crecer en la FIFA, el hombre se pone al frente de un operativo que implicará convencer a varias autoridades primero locales y luego, bueno, negociar con los votantes de otros países. Como sea. Y allí es donde la «picardía» aparece para competir, principalmente, con los estadounidenses: bolsos con dinero, algunos trucos sucios, discursos apasionados y todo lo que legal o ilegalmente se pueda hacer para conseguir el objetivo. Incluyendo, luego, lidiar con el técnico de la selección (Bora Milutinovic) y, especialmente, con la estrella del equipo, Hugo Sánchez, a quien la película más de una vez pinta como un divo (Nota: el ex futbolista se quejó públicamente por eso).

México 86 dejará el Mundial en sí y los partidos en segundo plano, poniendo otro eje —quizás uno innecesario— en los problemas sentimentales de Martín, su romance con una vecina (Karla Souza) y los problemas en los que se mete con ella. Más efectiva resulta la manera en la que Ripstein presenta a su protagonista, a la vez, como un corrupto y como un tipo con suficiente valor como para enfrentarse a los poderosos del país (empresarios poderosísimos como Emilio Azcárraga, encarnado por Daniel Giménez Cacho) y forzarlos a torcer sus decisiones. De hecho, la película no acabará con el Mundial sino que seguirá mostrando otros actos un tanto turbios de la Federación de Fútbol Mexicana con De la Torre —o aquellos a los que ese nombre representa— a la cabeza.

Sin ser una gran película, México 86 tiene la gracia de proponerse como una historia que mira de manera un tanto desconfiada la organización de los mundiales sin por eso desentenderse de la pasión que eso genera en los hinchas en todo el mundo. Es un borde raro y difícil en el que manejarse pero Luna y Ripstein salen bien parados del desafío de combinar crítica con celebración, ironía con pasión popular. Y aportan una broma que no voy a revelar acerca de las chances de México de ganar un Mundial que me hizo —sepan perdonarme, amigos mexicanos— reír mucho.