
Series: reseña de ‘El experimento estadounidense’ (‘The American Experiment’), de Brian Knappenberger (Netflix)
Esta serie de cinco episodios producida por Tom Hanks cuenta y explica el proceso de la independencia de los Estados Unidos al cumplirse 250 años de su declaración.
Hay algo eminentemente escolar en la manera en la que está presentada The American Experiment, la serie documental de cinco episodios producida por Tom Hanks que llega a Netflix como parte de la inminente celebración de los 250 años de la Independencia de los Estados Unidos. Desde el formato, la constante y elegante recreación de escenas combinada con «cabezas parlantes» y desde el tono sobrio, cuidado y complementario entre los exponentes, la serie intenta ser lo más parecido a una versión ideológicamente amplia de ese momento clave de la historia de ese país y —aseguran aquí— de todo el planeta.
A través de sus largos episodios se contará una versión entre canónica y ligeramente crítica de los logros y de algunos de los errores de los próceres de ese país y del proceso que iniciaron y que generó eso que hoy llamados los Estados Unidos de América, por más que ellos insistan —en este caso no hay revisionismo alguno— en llamarlo «America». Se trata, como dicen todos, de un «experimento», la idea de cómo armar un país que sigue funcionando aunque siempre con muchos problemas y dificultades.

La serie utilizará a George Washington (con la voz de Martin Sheen leyendo algunos de sus textos) como eje narrativo de todos los procesos que se iniciaron unos pocos años antes de 1776 y que fueron generando que las 13 colonias inglesas que ocupaban lo que hoy conocemos como el Este de los Estados Unidos terminaran por independizarse de los británicos, hecho político que derivó en muchos años de guerra (en la que participaron también franceses, indígenas y esclavos africanos) y, luego sí, en una difícil separación y complicados procesos internos.
Además de eso, quizás lo más relevante es cómo los Estados Unidos lograron instalar ese «experimento» que es lo que hoy conocemos como sistema democrático representativo, uno que pese a todas sus dificultades, sigue funcionando hasta hoy. Y no solo eso, sino que se exportó por (casi) todo el mundo, de maneras no siempre demasiado… democráticas. Para llegar a eso la serie detalla las vidas y desventuras de sus protagonistas principales (Benjamin Franklin, Thomas Jefferson, Alexander Hamilton, John Adams, etcétera) y los distintos eventos, declaraciones, proclamas y batallas que atravesaron, incluyendo textos famosos y los momentos canónicos de esa época.
Los ejes más interesantes pasan por lo que se deja en segundo plano. En primera medida que el deseo de la independencia creció, más que por cualquier otra cosa, por un tema impositivo, ya que los colonos se rebelaban a los impuestos que los británicos querían cobrarles. Y, por otro, por cómo todo este discurso loable y democrático acerca de un país que declaraba que “sostenemos como evidentes que todos los hombres son creados iguales…» en realidad no incluía ni a los esclavos traídos de Africa (que el propio Washington menospreciaba) y a los pueblos originarios, que hacía siglos vivían en esa zona y que terminaron siendo prácticamente aniquilados.

La serie, es cierto, se hace cargo de esa «contradicción», pero en general la relativiza o la pone en segundo plano en relación a los logros y la hazaña de aquella revolución. No viene al caso tampoco acá discutir como los estadounidenses se miran a sí mismos, pero lo cierto es que esa debilidad será siempre difícil de dejar de lado. Lo mismo sucede con la idea de haberse rebelado contra un imperio colonialista que se imponía por la fuerza —y mediante la aplicación de impuestos y aranceles— y hoy ser un país que hace también eso con los demás.
Más allá de esas diferentes versiones, la serie trata de ser amplia incluyendo políticos del partido demócrata como Hillary Clinton, Kamala Harris y Al Gore junto a republicanos como Mike Pence y Ted Cruz —además de un montón de historiadores y especialistas—, lo cual chirría un poco en función de los hechos que están teniendo lugar en los últimos años en ese país. Pero Netflix no quiere meterse en líos y elige presentar una versión más o menos consensuada, más celebratoria que crítica, de la historia de su país. Los que más lo aprovecharán —y no solo en los Estados Unidos— serán los docentes de ese tipo de materias, que tienen cinco clases aseguradas sin tener que trabajar demasiado para explicar la historia. Se ve que Netflix, Tom Hanks y compañía lo hicieron pensando en ellos también.



