
Estrenos online: crítica de ‘23.000 vidas’ (’23 000 Leben’), de Markus Goller (Netflix)
Un grupo de jóvenes alemanes idealistas lanza un barco de rescate para salvar migrantes africanos en el Mediterráneo, enfrentando luego tensiones políticas y dilemas morales. Disponible en Netflix.
Es una época compleja para el progresismo europeo y su relación con el Tercer Mundo. Hay algo, representado en 23.000 vidas, que tiene más que ver con la autosatisfacción que otra cosa, con la necesidad de ponerse una capa de héroes sin ocuparse en concreto de las personas que supuestamente «salvan». Entre la inocencia y el ombliguismo, la bienintencionada 23.000 vidas cuenta una historia real, la de un grupo de jóvenes alemanes que literalmente se embarcaron en la tarea de salvar las vidas de refugiados africanos que trataban de llegar hasta Europa en rudimentarias balsas. Pero lo cuenta como a la pasada, más a modo de resumen periodístico que otra cosa. Y si bien la película transmite una mirada bienpensante, no termina de ser del todo convincente.
A mediados de la década pasada, Lukas (Louis Hofmann) es un veinteañero de Berlin que trabaja en un supermercado y que, en sus ratos libres, se ocupa de llevar comida a personas recién llegadas de Africa que están en refugios en la ciudad. Al ver su situación y, especialmente, al darse cuenta que Europa está empezando a soltarles la mano y a negarse a cualquier tipo de ayuda humanitaria, decide actuar por su cuenta y buscar una solución que parece imposible. Al menos en principio.
La película se centrará en cómo él y un grupo de jóvenes universitarios alemanes —Nina, Maura, Kitty y otros que llegarán luego— se suman a la idea de conseguir un barco y ser ellos mismos los rescatistas de estos botes de refugiados que corren riesgo mortal intentando cruzar a Europa. Obvio que no les será fácil: no obtendrán préstamos, serán mirados con desconfianza, no tendrán experiencia y se arriesgarán a problemas políticos de todo tipo. Pero insistirán y, de a poco, conseguirán gente especializada, dinero, un barco (al que llamarán Iuventa) y comenzarán a operar en el Mediterráneo y a rescatar gente. Pero, previsiblemente, se toparán que también allí las cosas son muy complicadas.

La película de Markus Goller sigue las desventuras de este grupo a lo largo de una década, poniendo el eje en sus años operativos (2015 a 2017) y siguiendo con los distintos problemas que surgieron a partir de sus rescates. El problema del film es que está contado a modo de rápido resumen, con muchas secuencias de montaje, mucha edición rápida, pasando de situación a situación y de año a año muy velozmente y casi sin profundizar en nada. Es como un informe ficcionalizado de una etapa en las vidas de un grupo de jóvenes idealistas y bienpensantes que quisieron ayudar y se metieron en más problemas de los que esperaban.
Para narrar estos problemas específicos lo que se ve es una narrativa típica de white savior, con los inmigrantes africanos muy en segundo o tercer plano, y con una mirada sobre este tipo de situaciones esencialmente eurocentrista. Hay, sí, algunas escenas entre Lukas y su gente en la que al menos esos temas se discuten —la utilidad o no de lo que hacen, la mirada que tienen sobre lo que pasa—, pero raramente se escapan de los lugares comunes. Cualquier duda que uno tenga sobre ellos se aplaca cuando se los compara con los políticos o los neonazis que los meten en aún más problemas.
La película juega con ser, tal como se pinta a los protagonistas, entre inocente y naive, y ese tono amable y fresco la mantiene entretenida durante su primer tercio, cuando las cosas se van armando de manera un tanto extravagante para ellos. Para cuando la trama se pone más densa y seria ese tono se pierde y a la película se la siente más calculada y me temo que hasta banal, sin demasiado rigor ni profundidad. Como queda claro en muchos otros asuntos, a la burguesía bienpensante europea le gusta admirarse más su propio ombligo que entender bien y saber contar las historias de los otros.



