
Estrenos online: crítica de ’72 horas’ (’72 Hours’), de Tim Story (Netflix)
Un ejecutivo publicitario de cuarenta se suma a una despedida de soltero de un grupo de jóvenes en Miami para investigar sus costumbres, pero su crisis deriva en caos y crimen. Con Kevin Hart.
Una comedia generacional, una más grosera y zarpada y una amenaza de un policial se mezclan en 72 horas, película cuya premisa es mucho más rica que su desarrollo posterior. A partir de la «crisis de mediana edad» de un ejecutivo de marketing de 40 años que quiere conectar con una generación más joven, el realizador Tim Story y el comediante Kevin Hart proponen un choque entre dos formas de ver la vida que va cediendo de a poco ante una comedia mucho más banal con mafiosos y persecuciones de por medio en Miami.
El que tiene el problema generacional es Joe (Hart), un cuarentón que vive con su pareja en Nueva York, posterga todo el tiempo la decisión de proponerle matrimonio y se ilusiona con ascender un puesto en su trabajo en una agencia publicitaria. Pero cuando propone en su empresa un aviso de un vodka para un público más joven —el podría catalogarse como millennial, su público como Gen Z—, a nadie le gusta. «Me da cringe», dirá uno de los ejecutivos más jóvenes de la compañía. Y se da cuenta que tiene algo que hacer al respecto si no quiere perderse esa promoción laboral.

Aprovechando que por error lo metieron en una cadena de mensajes en la que un grupo de jóvenes está armando una despedida de soltero en Miami de uno de sus amigos, Joe toma la decisión de poner algo de dinero para esa fiesta y viaja a festejarla con ellos. Es, para él, una estrategia comercial impecable —conocer a los jóvenes, captar sus gustos, formas de ser y necesidades, y poder luego venderles sus productos— y a la vez una manera de seguir postergando tomar decisiones en su vida personal. ¿Qué mal le puede hacer a un cuarentón una despedida de soltero con un grupo de veinteañeros?
Y allí irá Joe para encontrarse con cuatro jóvenes que están planeando la despedida en cuestión. Para los chicos (interpretados por Marcello Hernández, Mason Gooding, Kam Patterson y Ben Marshall, varios de ellos de la última camada de comediantes de Saturday Night Live), la presencia del «tío Joe» es una rareza en su fiesta, ya que poco tiene que ver con ellos. Pero su entusiasmo y sus ganas de compartir ese momento lo empuja a llevarlos a atravesar una serie de bizarras aventuras que los terminan mezclando con un grupo de narcos (comandados por Andy García y Michael Mando) y enredándolos en todo tipo de problemas, como si fuera una versión de The Hangover pero en Miami.
El eje de 72 horas tiene su interés. ¿Puede un tipo de cuarenta y tantos conectarse y divertirse con un grupo de veinteañeros como si fuera uno más? ¿Entiende su mundo, sus códigos y sus referencias? Tom Story no explora en detalle esos choques más para mostrar que, quizás, los jóvenes de ahora son más tranquilos y hasta emocionalmente maduros que los de la generación anterior. De hecho, la mayoría de las propuestas zarpadas son instigadas por Joe ante un grupito que no parece compartir tanto entusiasmo por el descontrol. A la vez, es claro, el protagonista está lidiando con su crisis de pareja con su novia (Teyana Taylor, de Una batalla tras otra), que al enterarse de su viaje a Miami empieza a pensar en abandonarlo.

De a poco ese ejercicio de choque generacional se olvida para que la película se convierta en una simplista comedia de supervivencia, con algunas bromas más o menos divertidas (cuando consume mucha cocaína Joe empieza a imitar a Tony Montana en Scarface, generando ciertas «confusiones») y otras que son bastante básicas, como si el humor del propio Kevin Hart cayera en saco roto ante comediantes, como Hernández, con otros códigos humorísticos. Risas ocasionales y alguna mínima reflexión sobre el paso del tiempo y el compromiso emocional (o la falta de) le dan apenas algún toque de personalidad a lo que, en definitiva, es una comedia bastante menor sobre pasar un fin de semana salvaje en Miami.
Lo más gracioso, como suele ser costumbre en estos casos, son los out-takes que acompañan los créditos y en la que se ve a los actores tener que parar ciertas tomas al no poder contener ataques de risa. Ahí se nota claramente que debe haber sido más divertido hacerla que verla…



