Estrenos online: crítica de ‘Nada entre los dos’, de Juan Taratuto (HBO Max)

Estrenos online: crítica de ‘Nada entre los dos’, de Juan Taratuto (HBO Max)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
18 Jul, 2026 12:42 | Sin comentarios

En un resort de lujo, dos ejecutivos conectan durante un escándalo corporativo y comienzan una relación que los obliga a replantear sus decisiones vitales. Con Gael García Bernal y Natalia Oreiro. En HBO Max.

Uno de los pocos directores de la generación de cineastas argentinos surgida a principios de los 2000 que supo armar una carrera haciendo películas de espíritu más comercial que el resto de sus coetáneos —otro es Ariel Winograd—, Juan Taratuto logró éxito tras éxito gracias a películas como No sos vos, soy yo; ¿Quién dice que es fácil?, Un novio para mi mujer y Me casé con un boludo, estas últimas dos pertenecientes al ASCU (Adrian Suar Cinematic Universe) y, por lo tanto, especialmente taquilleras. En paralelo hizo algunas películas más íntimas y pequeñas, como La reconstrucción, rodada en la Patagonia, la fallida Papeles en el viento y, luego de una larga ausencia, terminó filmando en México un competente thriller llamado No negociable.

Su nuevo film, Nada entre los dos, parece combinar las distintas líneas por las que se fue manejando su carrera. Tiene algo de las comedias de divorcio (o rematrimonio) iniciales, otro tanto de la melancolía y tristeza de su drama patagónico y el mismo aprovechamiento del tema de las fricciones de pareja que tan bien logró plasmar en las películas con Suar. A la vez, al sumar elencos mexicanos, uruguayos y argentinos, cubre también los distintos escenarios en los que manejó su carrera, aunque en este caso probablemente instigado por una coproducción que no contó con el apoyo del desaparecido INCAA argentina (sí, del uruguayo).

La película es una comedia romántica adulta, más virada a la melancolía y a la reflexión que al humor puro y duro, con momentos cercanos al drama y sin intención alguna de dejarse llevar por las bromas o confusiones más típicas de este género. Gael García Bernal y Natalia Oreiro encarnan, respectivamente, a Guillermo y Mechi, dos ejecutivos de una multinacional alimenticia que se conocen en una reunión de urgencia que la compañía tiene en un resort mexicano para lidiar con un problema de intoxicación que causó uno de sus productos. Así, mientras la empresa trata de encontrar el modo de que sus acciones no caigan por el escándalo —buscando soluciones manipuladas o bastante perversas—, Guillermo y Mechi terminan conociéndose cuando ambos bajan a la piscina tras un mínimo temblor que dejó a ella asustada (que es, en la ficción, argentina y no está acostumbrada) y a él, entre tranquilo y risueño.

Son dos personas muy distintas y hasta ese momento ni se conocían. El es un alto ejecutivo de la compañía y parece venir de una familia rica y poderosa. Tiene una esposa con la que mantiene una relación fría y un hijo adolescente con el que tampoco parece conectar del todo. Mechi, en tanto, está allí como reemplazo de otro ejecutivo de la filial argentina que no pudo concurrir. Vive en un barrio de clase media con su caótico marido (Peto Menahem) y su hija, y está pensando seriamente en separarse de este buen hombre que se la pasa inventando apps inútiles o con impresentables proyectos de minar criptomonedas (Nota: convengamos que es raro que el personaje de Oreiro, que la va de ambientalista y ve videos de Flavia Broffoni, acepte minar criptos en su casa y trabaje para una multinacional alimenticia).

En medio de esa reunión de urgencia de la compañía, los dos empiezan a hablar, a beber, a compartir algunas intimidades y pronto nace un affaire hotelero, que parece fugaz pero que va tomando cuerpo y seriedad en tanto ambos empiezan a compartir cosas más y más íntimas. Es allí donde Taratuto abandona casi por completo cualquier intento de meterse en la comedia romántica prefiriendo hurgar más en profundidad en las respectivas vidas de estas dos personas que ya promedian los cuarentaylargos y que no están felices ni con sus trabajos, ni con sus parejas, ni con sus vidas personales.

Es un encuentro que tiene un poco de romántico y algo de sexual, pero en lo esencial se parece más a un cruce y una conexión emocional que les permite repensarse a sí mismos y a lo que están haciendo con sus vidas. García Bernal y Oreiro logran naturalizar la curiosa situación con diálogos frescos y graciosos, además de algunos momentos emotivos que ambos manejan muy bien, en especial la actriz uruguaya, cuyo personaje siempre parece estar lidiando con cinco urgencias a la vez. Nada entre nosotros —título con un interesante doble sentido— funciona bien como una película acerca de «la crisis de los ¿40? ¿50?» centrada en dos personajes que se encuentran ante una encrucijada personal-profesional de la que no saben bien cómo salir.

En segundo plano queda la trama de la intoxicación causada por la empresa, los intentos de Mechi de hacer que la compañía tenga una actividad más sustentable para con el medio ambiente y todo lo que eso despierta. O el hecho que de que él tenga problemas en los oídos (acúfenos), usados más como reflejo de su incomodidad existencial. Ambos elementos funcionan como disparadores para la conexión entre ambos, que pertenecen y a la vez no a ese mundillo de arribistas y de gerentes de segunda línea metidos en las mentiras y disfraces publicitarios con los que la compañía intenta tapar sus desprolijas acciones.

Juan Taratuto pone el centro más que nada en los protagonistas, tanto juntos como por separado. En ese sentido, el film tiene algo de Los puentes de Madison o películas similares acerca de relaciones breves que alteran las vidas de los protagonistas pero no necesariamente de la manera en la que lo haría una comedia romántica clásica y más juvenil. La adultez y sobriedad de la historia nos hacen recordar que el amor se mueve de formas más misteriosas de las que imaginamos.