Estrenos online: crítica de ‘Sorda’, de Eva Libertad (MUBI)

Estrenos online: crítica de ‘Sorda’, de Eva Libertad (MUBI)

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07 Jul, 2026 08:47 | Sin comentarios

Una mujer sorda y su pareja oyente enfrentan tensiones tras el nacimiento de su hija, cuestionando identidad, pertenencia y el puente entre mundos. Desde el 10 de julio en MUBI.

Que la realidad es una construcción subjetiva, armada en base a nuestras posibilidades de conectarnos o adaptarnos a ella, es a esta altura algo sabido, casi un lugar común. El mundo tal como lo conocemos es solo una manifestación de nuestras particulares perspectivas. En Sorda, ese elemento distintivo se pone al frente con una claridad meridiana. Entre la manera de conectar con el mundo de la protagonista y la del resto de su familia hay una distancia, una diferencia. Unos y otros hacen lo posible por salvarla, por cruzar ese charco enigmático que separa las respectivas experiencias. Pero no siempre es posible.

Sorda es una película sobre esa distancia, centrada en la relación entre Angela (Miriam Garlo, hermana de la directora en la vida real), una mujer con una pérdida auditiva profunda y Héctor, un hombre oyente, relación cálida y de mutua comprensión que parece correr con una extraordinaria fluidez pero que se trastoca cuando quedan embarazados y tendrán un bebé. Los padres de Angela, oyentes ambos, no están del todo felices con la idea de que la chica tenga un bebe. Se nota qué es lo que temen, aunque intenten disimularlo. Mientras tanto ella y su marido Héctor (Alvaro Cervantes) se plantean una pregunta lógica, hasta previsible: ¿nacerá el bebé con esa pérdida auditiva o no?

Los resultados no son contundentes: hay un «50/50» y solo se sabrá después del nacimiento. Y ese es el punto de partida de un film que luego lidiará con el parto —una escena de inusitada intensidad— y, esencialmente, con lo que pasa luego: el nacimiento de la niña y las diferencias que surgen en la pareja a la hora de lidiar con ella, como si secretamente se disputarán a qué «universo» pertenece el bebé: a la de la gente con discapacidad auditiva (la tenga o no, eso es secundario) o al de los oyentes. Incomodidades mutuas, tensiones secretas, distancias que empiezan a aparecer entre ambos —tienen grupos de amigos no oyentes, y grupos que lo son— y con los otros que, quizás sin quererlo, incomodan a Angela con sus preguntas y su manera de ver las cosas.

Eva Libertad trabaja el tema con una enorme sutileza, tratando de encontrar razones en todos y cada uno de los personajes y evitando transformar a su historia en un cuento de héroes y villanos. Uno entiende los miedos y deseos de Angela que piensa que «perderá» a su hija si no la acerca a su manera de ver/escuchar el mundo y a sus sensaciones, y también la manera en la que Héctor puede ser amable y cuidadoso, pero a la vez, y sin darse cuenta, un poco cruel. La realizadora se maneja muy bien con las miradas, los silencios y, en un segmento de la película clave, utilizando el sonido desde la perspectiva y el punto de vista de Angela, lo que trastoca también la manera en la que el espectador se conecta con la historia y con las sensaciones de la protagonista.

Hay algunas escenas inolvidables, más clásicamente dramáticas, que ponen en escena lo que sucede en la pareja de un modo directo. Hay otras en los que la separación está expresada a través de la puesta en escena. Angela lee labios pero necesita ver a las personas y que le hablen de a uno por vez, pero ese andamiaje se rompe cuando la niña —o varios niños— aparecen en escena. En cambio, cuando está con sus amigos sordos —muchos de los cuales tienen hijos que también lo son— hay una comodidad que la arropa. Pero la mujer se maneja entre ambos mundos y la cámara lo hace también, capturando la dualidad con la que la protagonista vive su maternidad. En los momentos de soledad con su pequeña niña, los ojos de la protagonista lo expresan todo.

Premiada en varios festivales, Sorda es una película fundamentalmente lúcida, inteligente y generosa, que observa en detalle momentos y situaciones de la vida cotidiana que para una persona como Angela son complicadas: las reuniones con las maestras, con los padres del jardín, las visitas al médico y hasta el propio parto, en el que necesita a su marido para que le transmita los pedidos del equipo médico. A la vez, Angela vive en ese mundo y, especialmente con Horacio, ha logrado romper esa barrera y unir lazos. La llegada de la niña produce un inesperado tironeo, casi de celos. ¿A qué mundo la niña pertenece? ¿Estar en uno significa necesariamente dejar de lado el otro? Con emoción pero sin subrayados ni recarga dramática, Libertad resuelve —o empieza a resolver— esa tensión de la mejor manera. Es un gesto pequeño, quizás mínimo, pero que lo cambia todo.