
Estrenos online: crítica de ‘Una tóxica historia de amor’ (‘A Toxic Love Story’), de Alexandra Lacey (Netflix)
Lo que empieza como un caso de acoso se convierte en una red enredada de mentiras, simulaciones y manipulaciones en este inquietante e impredecible true crime.
Usualmente no escribo aquí sobre documentales del subgénero true crime porque son demasiados, no tengo tiempo y suelen ser todos iguales a sí mismos: un formato rendidor para Netflix y otras plataformas que cada vez genera menor interés, tanto temático como formal. Las buenas críticas que recibió A Toxic Love Story me hizo «romper» esa autoimpuesta limitación. Y lo cierto es que, si bien la película no se aleja demasiado en sus formas a lo que es hoy un standard del true crime, la historia es tan peculiar que se vuelve, de a ratos, fascinante. Por suerte, además, es tan solo una película de 90 minutos y no una estirada serie de varios episodios.
El caso en el que se basa fue relativamente famoso en los Estados Unidos hace una década. Conocido como el «Caso Craigslist de Anaheim» cuenta una historia de amor, desamor, engaños y trampas que tiene una inesperada cantidad de giros dramáticos. El origen es una agresión y amenaza criminal que tuvo lugar en 2016. Una pareja, compuesta por el policía Ian Diaz y su nueva pareja, Angela Connell, empieza a recibir amenazas por email de un usuario desconocido. Son amenazas turbias, violentas, que prometen vengarse de ella, violarla, perseguirlos, arruinarles las vidas. Ambos llaman constantemente a la policía diciendo que la responsable es Michelle Hadley, ex pareja de Diaz, de la que se separó hace poco tiempo. Y la policía no puede, inicialmente, hacer demasiado.
Todo explota cuando la persona que los amenaza, haciéndose pasar por Angela, contrata (a través de Craigslist, que es una página web de avisos clasificados) a una persona para que la viole, diciéndole que es una fantasía sexual suya ser sometida de esa manera. Y no será el único «servicio» contratado de esa modo por el/la responsable de los emails. Todo concluye con Michelle siendo detenida y en prisión. Pero, claro, la historia no termina allí, ya que pronto iremos conociendo más del pasado de todos ellos —de Michelle cuando estaba con Ian, de la vida previa de Angela con otra pareja, de Ian por su cuenta— y enterándonos de ciertas cosas que ponen en duda lo que vimos hasta el momento. Y aún dentro de ese pasado, que el film muestra mediante una mezcla de entrevistas, reconstrucciones y algunos videos o audios de los propios protagonistas, las cosas también serán enredadas, ya que todos tienen secretos que ocultar y personalidades por lo menos complicadas.

Lo fascinante del caso que cuenta Una tóxica historia de amor —uno de esos que bien podrían subtitularse «solo en los Estados Unidos»— es la sumatoria de perversiones, comportamientos extraños, mentiras, tramas complejas y pactos siniestros de un grupo de gente que se relaciona entre sí a lo largo de los años. Lacey no logra, ni intenta siquiera, encontrar los motivos psicológicos de los comportamientos problemáticos de varios de ellos, solo los presenta como si fuera algo plausible, cuando no es otra cosa que un delirio atrás de otro. La cantidad de mentiras y simulaciones que hay detrás de esta historia sirven para el uso de la típica frase acerca de que la realidad muchas veces supera a la ficción.
Es cierto: si ponen los diversos plot twists que tiene esta historia en una película de ficción, uno diría que son exagerados. Aquí lo son más desde un lado narrativo que otra cosa. Lacey arma la cronología de la historia como para que primero creamos una cosa, luego otra, más tarde otra y luego quizás otra más cuando en realidad, por los tiempos, las acusaciones y los juicios, seguramente todas las opciones fueron analizadas al mismo tiempo. Esa pequeña trampa del género documental sirve, de todos modos, para crear un relato que dispara una sorpresa atrás de la otra.
No es un true crime en el sentido violento, por suerte, sino uno que se acerca más a tratar de mostrar —y en lo posible entender— cómo las relaciones humanas pueden volverse tóxicas a un nivel incomprensible. Un tema que el film no analiza en profundidad es el rol de la policía en este caso, que actúa con premura pero que, al estar implicado uno de los suyos, tiene un sesgo muy claro a la hora de proceder y determinar culpables. Y, por último, está el tema de los engaños virtuales: gente que se hace pasar por otra, que miente, amenaza o engaña desde el anonimato de internet y los peligros que existen en ese mundo. A Toxic Love Story no cambia mucho el tono ni el modo de los documentales true crime, pero al menos cuenta una historia un tanto alejada del común del subgénero.



