Series: reseña de ‘La casa de la pradera’ (‘The Little House on the Prairie’), de Rebecca Sonnenshine (Netflix)

Series: reseña de ‘La casa de la pradera’ (‘The Little House on the Prairie’), de Rebecca Sonnenshine (Netflix)

por - Críticas, Estrenos, Online, Series, Streaming
09 Jul, 2026 09:47 | Sin comentarios

En la nueva adaptación de Netflix de los libros de Laura Ingalls Wilder, la familia Ingalls se instala en Kansas, enfrentando dificultades, tensiones con los osage y conflictos familiares.

Los que tenemos «cierta edad» —esto es, fuimos niños pequeños durante los años ’70— tenemos instalada en nuestra memoria, entre tanto material oscuro de la época, a La familia Ingalls (en otros países se llamó La casa de la pradera), una de esas series que estaban siempre en la televisión y que uno veía, más por inercia de estar sentado frente al aparato que otra cosa. Sin noción, entonces, de donde ubicarla en cuanto a género, a temas o a lo que sea, era simplemente la historia de las desventuras cotidianas de una familia en una casita en la citada pradera de algún lugar perdido en los Estados Unidos en el siglo XIX.

La serie quedaría en la memoria y en los archivos de la TV exitosa —funcionó en todo el mundo y se siguió repitiendo eternamente— y ahora retorna a Netflix con algunas contraindicaciones. O, digamos, un prospecto adjunto. Primero, no es una remake de la serie sino una nueva adaptación de los libros escritos por la verdadera Laura Ingalls Wilder —una de las hijas del matrimonio, interpretada en la serie clásica por Melissa Gilbert— contando las peripecias de su familia de «pioneros». Y, segundo, es una que trata de hacerse cargo de los conflictos y contradicciones que tanto en los libros como en la serie anterior quedaban en segundo plano, eran ignorados o se los mostraba de una manera que hoy sería vista como políticamente incorrecta.

La serie —que se apoya fundamentalmente en el tercer libro de Laura, Little House on the Prairie, que es el mismo nombre que se usa para llamar a toda la saga— comienza con la llegada de los Ingalls al sudeste de Kansas, donde se instalan en las afueras del pueblo de Independence tras un largo y peligroso recorrido que los trae desde Wisconsin, de donde —por asuntos que se irán revelando con el correr de los capítulos, además de problemas económicos— han tenido que partir. En base a promesas de territorios de parte del gobierno, la familia busca un lugar y trata de asentarse en la literal pradera, construyendo allí una casa de madera. Lo que no les han dicho del todo claramente es que ese territorio es de la tribu Osage y que está en disputa, por lo que la adaptación no será tan fácil.

Laura (Alice Halsey) es simpática, aventurera y audaz. Tiene aquí unos ocho años y es la que cuenta la historia de la familia. Junto a ella llegan sus padres, el optimista Charles (Luke Bracey) y la un tanto más desconfiada Caroline (Crosby Fitzgerald), que extraña su familia y sus comodidades anteriores, además de temerle a los pueblos originarios de la región, con los que inicialmente no quiere lidiar. Más parecida a ella es Mary (Skywalker Jones), la hija mayor y bastante temerosa. Pero es Laura la que cruza fronteras, conecta con las niñas indígenas de la zona (los personajes de la tribu están más desarrollados que en la serie original) y la que ayuda, en cierta medida, a aligerar las tensiones. Que se presentan de todos modos porque no todo es calma, tranquilidad y armonía en el Viejo Oeste.

La primera temporada se hará cargo, básicamente, de esa adaptación, de la presencia de algunos personajes complicados en el medio, de los manejos políticos, de la frágil salud y de las enfermedades, de un embarazo (no voy a decir de quién pero cualquiera que conozca algo de la serie lo sabrá) y, en buena medida, incorporará varios flashbacks, muchos en modo sueño/pesadilla, respecto a las vidas de ellos antes de llegar a Kansas. Cada episodio, como en la TV clásica, tendrá un eje central y un conflicto que resolver, a la vez que el arco narrativo de la temporada corre en paralelo y tiene que ver, como decíamos, con esa complicada adaptación territorial, potenciales situaciones conflictivas (con las autoridades, con otros pioneros y con la naturaleza) y la relación entre los miembros de la familia, en especial la pareja de Charles y Caroline (o Pa y Ma), y de las muy distintas hermanas Laura y Mary.

Un western para toda la familia, tal como el que los más grandes recordamos pero adaptado a una mirada más receptiva del punto de vista de los Osage y con una perspectiva un poco más adulta para tratar ciertos temas, La casa de la pradera —acá se la llamará así, como la original— mantiene igualmente cierto tono edulcorado de las series de antaño, incluyendo las reuniones familiares frente a la chimenea, el perro (Jack), las canciones y todos esos rituales descriptos en los libros (publicados en la década de 1930) y en las nueve temporadas de la serie, que se transmitió entre 1974 y 1983.

Actualizada pero retro a la vez, un tanto más áspera pero igualmente accesible para todas las edades, esta nueva versión de La familia Ingalls (perdón, pero no puedo llamarla de otra manera), quizás logre conectar a generaciones gracias a una historia que trasciende las épocas y que habla también de las relaciones entre padres e hijos. En tiempos de TikTok, de videos virales y de atención breve, parece difícil que este western calmo y apacible capture multitudes, pero Netflix habrá hecho sus cálculos y mediciones, y sabrá —uno supone— que hay público para la nostalgia. De hecho, la Temporada 2 ya está en marcha, por lo cual habrá aventuras de los Ingalls para rato.