Estrenos online: crítica de ‘Obsesión’ (‘Obsession’), de Curry Barker (Flow, Movistar TV)

Estrenos online: crítica de ‘Obsesión’ (‘Obsession’), de Curry Barker (Flow, Movistar TV)

Tras desear que la chica que le gusta lo ame, un joven tímido queda atrapado en una relación marcada por una obsesión sobrenatural. Para alquilar en diversas plataformas.

El fenómeno del éxito consecutivo de dos films de terror originales de directores veinteañeros que venían de YouTube comenzó con Obsesión, una película que costó apenas 750 mil dólares y ya lleva recaudados más de 500 millones en todo el mundo (el otro film es Backrooms). Con cifras que pueden ser históricas en la relación costo/beneficio, la película marcó la aparición ante los ojos de todos de Curry Barker, su director, quien con una premisa sencilla y mucho ingenio logró capturar la atención de millones de integrantes de la llamada Generación Z. Quizás, porque logró hablar de un tema que les es cercano y que, a la vez, se cruza con otras generaciones.

Es que las relaciones románticas imposibles no son un invento reciente ni mucho menos. Y ese es el disparador de este film que arranca como una comedia y se va volviendo un drama hasta recién convertirse en algo terrorífico sobre el final. El protagonista es un chico tímido que se hace llamar Bear (Michael Johnston), que está perdidamente enamorado de una chica que trabaja con él en un negocio de instrumentos musicales. Ella es Nikki (Inde Navarrette, lanzada a la fama tras este rol), una joven amable y simpática que parece quererlo más como amigo que como potencial pareja.

Demasiado tímido como para decirle sus sentimientos, Bear termina comprando una especie de amuleto llamado One Wish Willow que venden en una tienda de curiosidades y regalos raros, uno de esos objetos antiguos que hacen acordar al que hacía algo similar en el film Quisiera ser grande. Le explican que hay que pedir un deseo, partir la madera (una varita de sauce) en dos y se cumplirá. Y que después no se aceptan quejas ni nada parecido. Una noche en la que Bear deja a Nikki en su casa tras una salida con otros dos amigos del trabajo (Ian y Sarah), el chico hace lo previsible: pide que Nikki lo ame más que a nada en el mundo. E inmediatamente la chica saldrá de la casa y de manera muy franca y directa le pedirá que se quede a dormir con ella.

Ese sueño cumplido parecerá lo máximo para Bear por un buen tiempo, hasta que de a poco empiece a notar que Nikki se comporta de modo extraño —lo mira fijo por largo rato, tiene bruscos cambios de humor, puede ponerse agresiva— y que se vuelve muy dependiente de él al punto de no querer que se separe nunca de ella. Entre mentiras, situaciones incómodas, conversaciones con Ian y Sarah que dan su opinión (interesada, en ambos casos) al respecto, Obsession se va volviendo más densa, más oscura y violenta. Al punto que ya no habrá dudas que, más que en un sueño, Bear se ha metido en una pesadilla.

La película parece simple y en cierto modo lo es. Lo que la hace un tanto más intrigante es que no se trata de una simple trama centrada en una mujer que se vuelve loca y peligrosa al enamorarse —de un modo ficticio, en este caso— perdidamente de un hombre. Bear es el verdadero responsable de lo sucedido y se aprovecha de la situación, pero aún reconociendo eso no parece haber solución posible. Barker va creando situaciones incómodas y cada vez más violentas que se apoyan en la extraña manera de comportarse de Nikki, que pasa de la dulzura a la violencia, de la devoción a la agresión y del grito a la culpa en un instante.

Es un film perfecto para el lucimiento de Navarrette, una actriz casi desconocida que, tras este rol, es buscada por todos, desde Marvel a Michael Mann. La chica pasa de la dulzura a la agresión en una décima de segundo, de la devoción a la virulencia sin pausas y maneja a la perfección un tono que hace creíble que su personaje es inmanejable. Si bien de a poco la película adopta modos más propios del género puro y duro, durante su primera hora bien podríamos estar hablando de un drama romántico acerca de un hombre que tiene una perversa relación amorosa con una mujer a la que ha dejado trastornada.

Si uno deja en segundo plano los sustos y las escenas violentas —que están muy bien colocadas en la trama, creciendo de manera bastante orgánica— podría pensar en Obsesión como una densa historia de devoción y destrucción mutua. Si bien Nikki parece ser la inmanejable y dependiente, en realidad es Bear quien sostiene durante mucho tiempo una relación que en el fondo es abusiva, ya que él sabe que no se ha dado naturalmente sino que tiene mucho de aprovechamiento. De hecho, varios amigos al verla suponen que Nikki está bajo algún tipo de consumo de drogas porque les cuesta creer los modos en los que actúa. Bear sabe el origen de sus raros comportamientos, pero no hace nada hasta que ella lo incomoda.

Obsession pasará a la historia por ser una de esas películas —como The Blair Witch Project o Actividad paranormal, en sus momentos— que vinieron de la nada y se volvieron un éxito descomunal. O, como se diría ahora, viral. De hecho, Barker viene de hacer videos humorísticos en YouTube y al ver esta, su segunda película, se nota con claridad que tiene talento para hacer reír y generar momentos entre graciosos e incómodos. Lo que nadie imaginaba era que podía narrar con eficacia un largometraje, formato que no siempre le sienta del todo bien a quienes vienen de los videos cortos. Y acá lo hace muy bien. Quizás porque supo mirar alrededor suyo y darse cuenta de un problema que afecta a los de su generación: la imposibilidad de demostrar afecto, el miedo al rechazo y la complicada relación con esa cosa extraña a la que llamar amor.