
Locarno 2026: crítica de ‘Down the Arm of God’, de Peter Brunner (Piazza Grande)
Un joven pastor texano refugia a personas sin hogar en su iglesia, obligando a una comunidad dividida a enfrentar prejuicios, miedos y valores cristianos. Con Caleb Landry Jones, Mena Suvari y Nick Stahl.
Conocido por sus personajes intensos, casi border, Caleb Landry Jones no es la primera persona que uno primero imagina para encarnar a un pastor religioso humanista que intenta ayudar a los más necesitados en un pequeño pueblo de Texas. Pero este proyecto es más que un trabajo actoral para él. Es uno en el que está involucrado como productor —junto, entre otros y un tanto inesperadamente, a Luc Besson— y parte entusiasta del equipo creativo desde hace varios años. Es un film que habla de la problemática de las personas en situación de calle y se filmó en pleno invierno texano con hombres y mujeres que son o han sido homeless junto a actores profesionales. La película, además, se inspira en hechos reales.
El actor de Nitram encarna a Nick, un joven pastor solitario que es llamado para hacerse cargo de una iglesia de un pequeño pueblo de Texas. No sabemos nada de su historia previa pero lo vemos cortarse el cabello largo y desprolijo hasta dejarlo «presentable». O, al menos, de la manera en la que debe lucir el líder de una congregación religiosa, por pequeña que sea. Bien recibido por los locales con su típica hospitalidad sureña, pronto se topa con algunos problemas. Al enterarse de la existencia de un grupo de gente sin hogar que vive en medio del bosque, intenta acercarse a ellos y es inicialmente rechazado de manera agresiva. Es claro de entrada que la relación entre esas personas y los otros habitantes del pueblo no es buena. Y desconfían de la iglesia y de las autoridades también.

Pero de a poco y gracias a su empatía y comprensión, Nick se va acercando a ellos y entablando conexiones. Todo se complica cuando, tras una tormenta de nieve y lluvia, el campamento improvisado en el que viven se destruye y las personas quedan a la intemperie, sin resguardo contra el frío, las adversidades y potenciales enfermedades. Nick vuelve al pueblo y reúne a la comunidad en el gimnasio del colegio para pedirles de usar esas instalaciones para alojar a las personas sin hogar al menos hasta que mejore el tiempo. Para su sorpresa, salvo algunas pocas excepciones, la mayoría se opone. Y algunos lo hacen de manera bastante virulenta. Como solución, Nick termina llevándolos a la iglesia, a dormir en los bancos y a pasar el invierno ahí.
Down the Arm of God se va a centrar en la conflictiva relación entre estas dos partes o caras de ese mismo pueblo. Las personas sin hogar son un grupo variopinto de veteranos de guerra, mujeres embarazadas, personas con problemas de salud, psicológicos y alcohólicos, pero salvo alguna excepción se abocan a hacer de la iglesia un lugar más o menos habitable, aún con sus problemas. Y la congregación, que inicialmente tolera con cierta condescendencia esta situación, pronto empieza a mostrar su cara más amarga e intolerante: que son sucios, que hay olor, que se busquen trabajo o que se vayan a otra parte. Nick, entre incrédulo y fastidiado por la crueldad de esta gente supuestamente cristiana, va entrando en crisis y de ahí en adelante las cosas no harán más que seguir complicándose.
La actuación de intérpretes naturales que viven en esa situación le dan al film de Peter Brunner una honestidad brutal que de otra manera no tendría. En su primera hora, la mejor, el realizador de To the Night (2018), también protagonizada por Landry Jones, se ocupa de ir dando a conocer las historias personales y se mete en las vidas de estos personajes a través de sus conversaciones y vivencias compartidas. Casi como una docuficción, esa hora sirve para establecer las relaciones entre Nick y ellos —India Marie Cross encarna a Raven, algo así como la líder de ese grupo, la que trata de coordinarlos— mientras van perdiendo el miedo y aceptando la singular y humanitaria oferta del pastor.

Brunner —director que estudió con Michael Haneke según reza su biografía— no tiene tanta suerte con su pintura algo más rudimentaria de la gente del pueblo, que pasa rápidamente de plantear sus dudas a ponerse agresiva y violenta con los «recién llegados» y con Nick por aceptarlos y tratar de incorporarlos a la sociedad. Mena Suvari y Nick Stahl encarnan a una pareja especialmente cruel con los homeless mientras que otros, como el alcalde del pueblo y un veterano de Afganistán, se la agarran con él. Nick, a su vez, tiene su pasado un tanto problemático que va saliendo de a poco a la luz y que se revela de un modo más claro cuando la situación se vuelve más dramática.
Si bien el tercer acto del film no está a la altura de la hora y algo previa —el guión se vuelve más obvio, los enfrentamientos más previsibles y la confrontación propia de un western—, Down the Arm of God logra no solo hacer una pintura honesta del mundo de los homeless y de las crueldades que tienen que enfrentar sino de la manera en la que son mirados y (mal)tratados por los habitantes de ese y muchos otros pueblos. Es cierto que las oposiciones se vuelven un tanto trilladas (en un momento hay una demostración en contra de los homeless y uno lleva un cartel que reza White Lives Matters) y los conflictos se tornan violentos de una manera propia de un thriller más convencional, pero aún así hay una verdad en esos cuerpos y esos rostros que trascienden las debilidades del guión.
Tomando en cuenta que la problemática de las personas sin hogar crece en todo el mundo y que se hace peor en los crudos inviernos, el film de Brunner conmueve con su llamado a la empatía, a la comprensión y a la solidaridad en un mundo que no hace otra cosa que dejar de lado y hasta maltratar a aquellos que no han podido —o circunstancialmente no pueden— tener un hogar en el que depositar sus huesos. Y no hay que perderse en el corazón de Texas para encontrar situaciones así. Hasta el propio y cruel gobierno de la ciudad en la que vivo pide que denuncies si ves personas durmiendo en tu calle y se enorgullece de «erradicarlos». Vivimos una época complicada…



