
Series: reseña de ‘Gutiérrez is mai neim’, de Jesús Braceras (Disney+)
Cuando asesinan al embajador ruso, dos policías corruptos intentan resolver el caso desafiando autoridades, lógica y su propia incompetencia cotidiana. Con Darío Barassi, Yayo Guridi y Juli Savioli. Desde el 26 de agosto en Disney+
El accionar de la Policía Bonaerense argentina no es, necesariamente, un tema gracioso. Pero, a la vez, buena parte de su mitología da para el humor: brusco, áspero, quizás incómodo pero potencialmente muy gracioso. Los protagonistas de Gutiérrez is mai neim son, en ese sentido, prototípicos: policías chantas, corruptos, casi impresentables, pero a la vez simpáticos y (relativamente) queribles. Mezclar a un par de policías de «la Bonaerense» en un caso de implicancias internacionales como el asesinato del embajador ruso en la Argentina da, obviamente, para crear algunas situaciones graciosas. Y de esas vive esta ocasionalmente simpática serie protagonizada por Darío Barassi y Yayo Guridi.
Los dos son una dupla típica del imaginario policial del Conurbano: viven de pequeños actos de corrupción, se aburren en el trabajo, no se toman nada en serio y están más preocupados por encontrar un lugar donde comer (gratis, obviamente) que en resolver casos. «¿Sanguche de bondiola o persecución?», le pregunta Rubén Torcoletti (Yayo) a Roberto Gutiérrez (Barassi) mientras circulan en su patrullero. «Bondiola», dirá, previsiblemente, su colega. Esa es la ética general de la dupla. Y tampoco es mucho más «sano» el departamento, en el que se descubre un cargamento de 17 kilos de cocaína que, cuando se anuncia poco después en televisión, se redujo súbitamente a once.
La dupla se topa con un caso demasiado espeso para sus truquitos y manejos barriales. Aparece un hombre muerto en su jurisdicción que, se descubre rápidamente, es el embajador ruso en la Argentina. Gutiérrez quiere ocuparse del asunto —no tanto por querer trabajar sino por la fama que eso le puede dar—, pero las autoridades se dan cuenta que no está capacitado —ni él ni nadie en el departamento, en el que ninguno habla inglés—, por lo cual termina metiéndose la CIA, las embajadas de otros países y especialistas internacionales.

Obviamente, Gutiérrez y su colega Torcoletti no aceptan ser marginados del caso. Y, con la ayuda de la sargento Ventura (la popular influencer Juli Savioli), harán su tarea por separado para resolver el asunto. Los que no quieren saber nada con ellos metiendo sus narices allí son, por un lado, las autoridades internacionales y, por otro, su propio jefe, el igualmente impresentable Comisario Capote (un muy gracioso Abián Vainstein), a quien cuesta convencer de que esta dupla de dudosa ética y cuestionables métodos está capacitada para resolver el caso. Pero conocen «el territorio» y tienen amigos y clientes en todos lados. Y eso, especialmente en algunas zonas densas del Conurbano, les da una importante ventaja.
La dupla Barassi-Yayo funciona por lo general de una manera muy aceitada y si bien el humor raramente se aleja de lo previsible a partir de la premisa y la presentación de los personajes, por momentos resulta muy gracioso. El episodio en el que tienen que convencer a un suicida que no salte desde una terraza funciona muy bien y el momento en el que Torcoletti tiene que llevar a su hija adolescente a que lo acompañe a lo largo de una jornada, observando los hábitos no muy edificantes del lugar, también. La trama, como en la mayoría de estas series, es lo de menos. Apenas la excusa para generar algunas situaciones graciosas. Que aparecen. Quizás no todo el tiempo ni en la medida de lo esperable, pero están. Y hacen reír.
Gutiérrez is mai neim es una serie liviana, simpática, de esas que se ven rápido (sus ocho episodios duran menos de media hora) y se consumen con facilidad. Con algunos recursos visuales humorísticos que son efectivos —las instituciones policiales y judiciales son mostradas con mucho y muy áspero cinismo— y un guión que incluye la colaboración autoral de escritores con experiencia en la materia como Leonardo Oyola (Gólgota, Kryptonita), entre otros, la serie del creador de Barrabrava no es más, ni menos, que lo que promete su premisa: una comedia absurda y bastante negra sobre las andanzas de un grupo de impresentables pero a su modo queribles agentes de la Policía Bonaerense.



