Series: reseña de ‘Materia oscura – Temporada 2’ (‘Dark Matter’), de Blake Crouch (Apple TV)

Series: reseña de ‘Materia oscura – Temporada 2’ (‘Dark Matter’), de Blake Crouch (Apple TV)

por - Críticas, Estrenos, Online, Series, Streaming
28 Ago, 2026 04:00 | Sin comentarios

Un físico y su familia atraviesan realidades paralelas mientras su viaje por el multiverso se convierte en una exploración íntima del amor, identidad y decisiones. Con Joel Edgerton y Jennifer Connelly. Desde el 28 de agosto.

El planteo de ciencia ficción existencial que habilitaba la primera temporada de Materia oscura se desarrolla aún más en la segunda, que toma su enrevesada lógica de física cuántica e infinitos universos paralelos y la lleva, la mayor parte del tiempo, hacia un lugar más emocional y psicológico que a uno puramente de misterio, acción y/o suspenso. Esa suspensión —no permanente, pero bastante notoria— de acumulación de enredos, de explicaciones sobre funcionamientos y de perennes confusiones sobre quién es quién y en qué universo está permite que la serie continúe y se profundice de una manera inesperada: sobria, elegante, hasta emotiva.

Un breve repaso (con SPOILERS) de la primera temporada debería incluir lo básico de la historia: Jason Dessen (Joel Edgerton) es un físico que es secuestrado por una versión alternativa de sí mismo y arrojado a un universo paralelo, donde descubre la existencia de un dispositivo que permite viajar entre realidades y que puede multiplicar infinitamente las posibilidades de una misma vida. Tras atravesar mundos cada vez más extraños y enfrentarse a otros Jasons alternativos que quieren quedarse con su familia, el tipo finalmente logra reencontrarse con su esposa Daniela (Jennifer Connelly) y Charlie (Oakes Fegley), y los tres abandonaban su realidad para buscar un nuevo mundo en el que empezar de cero.

Pero ese paraíso idílico —un bosque natural, en el que pasan varios meses— se termina abruptamente cuando allí aparece uno de los Jasons alternativos. A Daniela no le queda otra opción que matarlo y como Jason (el principal) es descubierto por las autoridades al tratar de esconder el cadáver, a la familia no le queda otra que volver a huir, algo que especialmente fastidia al adolescente Charlie. Tras husmear, dentro de «la caja», en otros universos (y Chicagos) paralelos que permiten al creador jugar con distintas posibilidades de la actualidad —algunas más futuristas, otras menos, unas más represivas, otras más progresistas—, la familia Dessen se decide por un mundo que parece un tanto tecnológicamente atrasado respecto al nuestro. Algo así como una Chicago de los años ’80 o ’90: sin internet, ni redes sociales, amable y con gente mucho más cálida.

Es allí que se establecen, al menos durante un tiempo, con cierta tranquilidad. Averiguan qué es de la vida de los Dessen de ese mundo, constatan que viven lejos y, sin tanta tecnología disponible, creen que pueden manejarse bien. Pero no será fácil. No tanto por los posibles choques, descubrimientos o zonas de conflicto con sus «otros yo», sino por sus problemas internos, personales y, en especial, algunas cuestiones inesperadas que surgen en la relación de pareja. Curiosamente, al menos durante un buen trecho de la temporada, los problemas de la familia no están ligados a asuntos tecnológicos, de misterio ni persecuciones. Y eso transforma de a ratos a Dark Matter en algo más parecido a un drama adulto que a una serie de ciencia ficción de suspenso y acción.

Pero eso continúa, circulando, por debajo de la trama matrimonial y, a veces, recupera el primer plano. Allí seguirán los otros personajes clave. Amanda (la actriz brasileña Alice Braga) decide quedarse en una versión aparentemente utópica de Chicago donde finalmente se reencuentra con Ryan (Jimmi Simpson). Blair (Amanda Brugel), en cambio, sigue buscando una realidad en la que pueda empezar de nuevo después de atravesar mundos cada vez más hostiles. Y el más tenebroso Leighton (Dayo Okeniyi), en tanto, queda fascinado con las posibilidades de la caja en cuestión y del multiverso en general. El control y manipulación de ese «Box» se volverá otra vez uno de los ejes de la trama, un asunto mucho menos interesante y más rutinario que el drama personal de los protagonistas.

Materia oscura crece en tanto entiende que el dispositivo narrativo inventado para esta trama funciona muy bien de un modo metafórico para poner en juego cuestiones ligadas a las relaciones entre las personas. ¿Puede la gente cambiar realmente si las circunstancias que los rodean se modifican? ¿Cuán distintos seríamos si tomáramos opciones diferentes en nuestras vidas? Las nuevas experiencias de Jason y Daniela están ligadas a sus problemas «multiversales», pero más allá de esas situaciones lo que les pasa tiene que ver con quiénes son y cómo se relacionan, de qué manera se conectan entre sí y con los demás. Y es gracias a esa decisión narrativa que la serie crece y mejora, se vuelve más inteligente que ingeniosa, más honesta que perspicaz.

No siempre sucede eso, claro, porque el hilo narrativo de mundos cruzados, intercalados, de infinitas versiones de los mismos personajes (de Jason, especialmente) siguen siendo centrales a la historia, generando algunos momentos tensos y de suspenso pero, por lo general, interrumpiendo lo que bien podría ser la historia de una pareja, de una familia, de sus situaciones y circunstancias. Son las reglas del juego, claro está, y es admirable igualmente que Crouch —quien escribió esta temporada de cero ya que no hay una secuela literaria de su novela original— haya logrado torcer aún más el sesgo de su historia hacia el drama doméstico. Es en el hogar, a fin de cuentas, que al menos para los tres protagonistas, se pone en juego el destino de toda la humanidad en todos los universos posibles. Y en los imposibles también.