Festival de Biarritz 2026: crítica de ‘Morro’, de Rodrigo García Saiz

Festival de Biarritz 2026: crítica de ‘Morro’, de Rodrigo García Saiz

por - cine, Críticas, Festivales
28 Sep, 2026 01:24 | Sin comentarios

En un pueblo mexicano dominado por el narco, Gustavo Sánchez Parra interpreta a un veterinario en duelo que accede a curar al perro herido de un capo hasta que la guerra entre bandas llega a su puerta. En los Festivales de San Sebastián y Biarritz.

Dramas de pequeños pueblos controlados por el narco en el interior mexicano hay decenas. La mayoría se destaca por su violencia y por personajes llevados hacia un destino inevitable, por una u otra vía. Sin escapar del todo a ese universo pero prefiriendo poner el ojo en los márgenes de la acción —dejando fuera de campo, de hecho, las situaciones violentas que existen—, Morro trata de encontrar algo así como una cierta luz de esperanza en medio de un panorama desolador. Acaso no sea suficiente como para despegarse por completo de ese clima de crudeza y desazón que rondan por esos escenarios, pero al menos funciona como un pequeño bálsamo afectivo.

El protagonista es Mateo (Gustavo Sánchez Parra), veterinario de una zona cuyo poder se disputan dos bandas de narcotraficantes. El hombre tiene una pequeña casa, muchos animales y lleva una vida alejada y bastante silenciosa desde la muerte su hijo, en circunstancias ligadas al ambiente violento que los rodea. Una noche el hombre recibe la sorpresiva visita de un grupo de narcos que le traen a un perro malherido, el Morro que da título al film. Le dicen que es el perro de un capo de esa banda, le piden que lo cure y Mateo lo hace, quitándole una bala de su cuerpo. Los hombres quieren llevárselo pero como Morro está muy frágil para viajar le dejan a Mateo un celular para comunicarse y avisar cuando mejore.

A partir de ese tiempo y de esa convivencia, Morro irá contando, con poquísimas palabras y lujo de detalles, el proceso curativo del animal, quien bajo los cuidados y curaciones de Mateo va de a poco mejorando y volviendo a moverse con normalidad por el rancho, alrededor de los conejos y las gallinas que el hombre tiene ahí. Para Mateo, la compañía de Morro representa una forma de escaparle, al menos un poco, a la sensación de soledad y de depresión que parece rodearlo.

A la par de las mejoras del perro y la relación que entre ellos se va armando, el film nos muestra a otro joven, Poncho, y a su novia Isabel (Ernesto Meléndez y Anna Diaz, ella recién vista en Ceniza en la boca), cuya conexión con la historia central se irá develando con el correr de los minutos. En algún momento, el conflicto entre los narcos volverá a tocar literalmente la puerta de Mateo y el hombre deberá ver cómo hace para salir indemne —él y el perro— de la situación.

Morro es un film sencillo, humanista, cuyo elemento más notable es su ausencia de diálogos en buena parte de su metraje. En su segunda película, García Saiz se muestra como un realizador que confía en el poder de las imágenes y de narrar solo con ellas, y lo hace con llamativa destreza. El resto lo genera Sánchez Parra, actor de Amores perros, con una envidiable economía de recursos para dejar ver el sufrimiento de su personaje y su lento cambio hacia una mirada un poco más esperanzadora respecto a su vida.

Claro que su potencial salvación a partir de la relación con el perro no evita que el pueblo siga atravesado por la violencia y la muerte. En ese sentido, Morro no se sale de lo habitual en este tipo de relatos sobre el narco. La diferencia pasa, más que nada, por la decisión de qué elige filmar, qué deja fuera de campo y en dónde pone el foco. La relación entre Mateo y Morro no alterará la tragedia que rodea al lugar en el que viven, pero al menos le servirá a Mateo para reencontrar, en medio de la oscuridad, una excusa para seguir viviendo.