
San Sebastián 2026: crítica de ‘Esta soledad’, de Javier Giner (New Directors)
Leo y Lorea se han separado e intentan, cada uno a su manera, reconstruir sus vidas en este potente drama que transcurre en el País Vasco. Con Oriol Pla y Marina Salas.
Estrenada en la sección paralela New Directors, Esta soledad —la opera prima del realizador Javier Giner a quien ya conocimos como coautor de la autobiográfica serie Yo, adicto— tranquilamente podría haber estado en la competición oficial de San Sebastián, siendo muy superior a muchos de los films españoles que compiten allí. Pero quizás al tratarse de una primera película, y para no cargar tanto las tintas con las expectativas, se prefirió este lugar un tanto más apartado en el que puede funcionar como un descubrimiento. Es que eso, en buena medida, es lo que es este profundo y por momentos desgarrador drama.
De algún modo se podría decir que uno se topa con dos películas al precio de una, ya que Esta soledad cuenta dos historias que transcurren en paralelo en las afueras de la ciudad de Bilbao y que se cruzan mínimamente entre sí. Tienen en común algo central: los protagonistas de cada una de ellas fueron pareja durante cinco años y están entrando en la etapa de sus vidas en la que, ya separados, van reconfigurando su existencia, cada uno a su manera y, en ambos casos, con más problemas, conflictos y situaciones difíciles que de las otras.
Oriol Pla, el protagonista de Yo, adicto, vuelve a trabajar a las órdenes de Giner con un personaje que tiene, como punto de contacto con aquel, una similar intensidad. En lo específico, sin embargo, son muy distintos. Su personaje, Leo, es un actor del off, especializado en técnicas de clown, que trabaja en pequeños teatros —aquí lo vemos haciendo un crudo, físico y en apariencia autobiográfico monólogo— y dando clases, pero que tiene que sobrevivir como cajero de un supermercado, trabajo que odia. Pero lo más difícil pasa por lidiar con la severa enfermedad de su padre, que no puede valerse por sí mismo y al que debe ayudar en cada aspecto de su vida.

Ella es Lorea (Marina Salas), que comparte con Leo esa mezcla de fiereza e intensidad. Ella es escritora, con un libro autobiográfico publicado, y trabaja como camarera en un bar. Lorea comparte más peleas que otra cosa con su madre, que sigue viviendo con su padre pese a que en los hechos están separados. En una visita a una cárcel de mujeres a la que va a presentar su libro conoce a Irati (Gemma Martínez), una mujer que está presa allí. Y la relación que entabla con ella se volverá, en más de un sentido transformadora, ya que empieza a inspirarse en su experiencia para escribir su siguiente novela.
En medio del dolor por la ruptura que no parece irse nunca del todo, ambos van viviendo sus vidas paralelas y viendo cómo se les complican. La salud del papá de Leo se deteriora y, a partir de eso, algunas sorpresas familiares salen a la luz. Para Lorea, la salida de la cárcel de Irati implica también una modificación entre las expectativas y la realidad, la literatura y la vida. Lo que une a las experiencias de ambos, además del hecho de haber sido pareja, pasa por la incapacidad que parecen tener para expresar lo que les pasa en la vida real, dejándolo para sus expresiones artísticas.
Los cruces son más metafóricos que realistas, por lo que en resumen estamos ante dos cuentos paralelos en los que vemos sendos intentos de reconstrucción personal, emocional y sobre todo familiar para estos treintañeros a los que les cuesta volver a hacer pie en el mundo tras esa dolorosa ruptura. Apostando por un realismo urbano seco y directo, característico también de su serie y de buena parte del cine español y europeo joven, Giner va enhebrando dos historias de supervivencia en un mundo que les presenta a sus personajes más dificultades que otra cosa y en el que el futuro se presenta la mayoría de las veces bastante oscuro. Pese a la sequedad desgarradora que por momentos atraviesa a Esta soledad, Giner siempre deja abierta la posibilidad de que al final del camino haya algo más de luz.



