
San Sebastián 2026: crítica de ‘Pedro en el país’, de Benjamín Naishtat y María Alche (Zabaltegi)
Cartas y recuerdos de un hijo reviven a Alicia Eguren y John William Cooke, pareja de la resistencia, tras el golpe de 1955. Apertura de la sección Zabaltegi-Tabakalera.
El realizador argentino Benjamín Naishtat no tiene una sino dos películas en distintas secciones del Festival de San Sebastián. Una es Glaxo, que ya fue reseñada aquí y que se presentará en la competición oficial. La otra es Pedro en el país, documental que codirigió con María Alché —su pareja en la vida real— y que cuenta la vida de otra pareja, una clave en la historia de la resistencia política en la Argentina: la que integraron Alicia Eguren y John William Cooke.
Este breve film se apoya en dos elementos básicos. El inicial son unas cartas que ambos se enviaban cuando empezaron a conocerse, en los años ’50, en plena resistencia peronista tras el golpe de 1955. Y el segundo y central es el testimonio de Pedro Catella, hijo de Eguren e hijastro de «Bebe» Cooke, quien desgrana distintas anécdotas y recuerdos de las vidas de ellos a lo largo de una entrevista que los realizadores le hacen en la actualidad, con él radicado en México.
Las cartas son incluidas en el film leídas con las voces de Lucia Arduriz y Mariano Llinás e ilustradas con materiales de archivo —más que nada fotográficos de la época, tanto de Argentina como de México— mientras que el testimonio de Pedro se ve, salvo por ciertos momentos, como una entrevista pura y dura, con Catella sentado en su piso mexicano de la Villa Olímpica contando la historia de sus padres en el contexto de la historia política de América Latina de fines de los ’50 a mediados de los ’70.

La conversación con Catella sirve para ir trazando un derrotero que empieza tras el derrocamiento de Perón —que sucedió cuando él era muy pequeño— y se extiende hasta el final del Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), incluyendo la muerte de Eguren a manos de los militares y antes la de Cooke, por enfermedad. En ese sentido, lo que cuenta Pedro en el país tiene más de un contacto con la historia política que se vislumbra por detrás de Glaxo, que tiene a la Masacre de José León Suárez entre sus elementos temáticos más fuertes.
El anecdotario de Catella incluye desde contrabando de información siendo niño de un país a otro a paseos con Cooke al cine a ver películas de cowboys, de historias ligadas al Che Guevara —de quien se cuenta que tuvo algún romance con su madre— y los distintos movimientos revolucionarios de América Latina a recuerdos de cuando Cooke lo hacía cómplice de sus «engaños» (alimenticios o con dinero) a su madre, entre otras historias que van mostrando la vida muy adulta de un pequeño que se transformó, casi desde la cuna, en un militante político al punto que sabía disparar armas siendo preadolescente.
Esta es tan solo una parte de una historia que abarca casi 30 años de historia argentina —los mismos que abarca Glaxo— hasta llegar al regreso de la democracia y que, de una manera directa, sin vueltas y sin ningún tipo de «adorno» visual han hecho Naishtat y Alché. Es cierto que el carácter estrictamente periodístico de la conversación puede darle al film un carácter un tanto más «televisivo», pero también es verdad que ese minimalismo de la puesta en escena ofrece una mayor concentración temático-política que se agradece. Sin demasiadas vueltas, lo que hacen los directores es tratar de mantener viva la historia de Cooke, Eguren y de los movimientos de resistencia política que, más allá de sus discutibles modos y con sus conflictos, internas y diferencias, intentaron transformar el país y América Latina.



