
San Sebastián 2026: crítica de ‘The Debut’, de Jesse Eisenberg (Competición)
Una ama de casa ignorada consigue una inesperada oportunidad sobre el escenario y descubre que actuar puede liberar años de frustración, enojo y deseos reprimidos. Con Julianne Moore y Paul Giamatti.
Tras la muy distinta A Real Pain (Un dolor real), el nuevo film dirigido por Jesse Eisenberg, The Debut, funciona como una comedia que homenajea y a la vez satiriza el universo de los musicales a partir de contar la peculiar historia de una frustrada ama de casa cuya vida cambia por completo al actuar, más por casualidad que otra cosa, en uno de ellos. No se trata de una consagración en Broadway, sino de una pequeña obra comunitaria que se hace en un pequeño teatro de New Jersey. Pero lo importante no es la pieza en sí sino lo que subir al escenario significa para una mujer a la que nunca nadie prestó atención en su vida.
Julianne Moore encarna a Mona, una mujer muy tímida a la que ni su marido (Patrick Fabian) ni sus hijos universitarios toman en cuenta. La señora decide presentarse en el casting de Nosy Neighbors, un musical bastante old-fashioned que se presentará en el Brooks Theater de la localidad en la que viven. Paul Giamatti encarna a Jerry, el exigente director a cargo de la puesta en escena y del coaching actoral. Y es obvio, ya desde su pésima audición, que Mona no tiene condiciones o bien le falta mucho para subir a un escenario, aún a uno no tan exigente como puede ser este. Y es por eso que queda afuera del elenco inicial, volviendo a su casa para seguir siendo ignorada no solo por los suyos sino hasta por los amigos de la pareja.

Pero el milagro sucede cuando Serena Cherry (encarnada por la mítica estrella de musicales Bernadette Peters), la actriz que iba a hacer el papel para el que ella se presentó, se baja de la obra y el rol queda desierto. Como Mona es la única otra que hizo la audición para ese rol —que es secundario en el musical y lo debe interpretar una actriz mayor, y son menos las que se presentan—, Jerry termina a regañadientes dándoselo. Y muy pronto se dará cuenta que Mona no está capacitada, o bien le falta mucho entrenamiento para poder hacer de esta dura encargada de un edificio, una mujer a la que se describe como seca, agresiva y malhumorada, una personalidad opuesta a la de Mona.
El gran debut —así se titulará en Argentina— se ocupará más que nada del entrenamiento de Mona para poder salir de su «agujero interior» e interpretar el papel con la intensidad necesaria. Pero para poder hacerlo debe poder empezar a sacar afuera toda esa frustración y hasta enojos guardados a lo largo de los años. Así, Eisenberg —que se reserva aquí un rol menor— va profundizando en la transformación de la protagonista siempre en relación a la «mano dura» que Jerry le impone para sacar de ella a la mejor intérprete posible. Lo que el hombre no imagina es que la intensidad y verdad que busca sacar de ella pueden llegar a ser más que las necesarias.
Eisenberg satiriza usos y costumbres del musical siempre desde el afecto y la comprensión por un género que claramente ama, permitiéndose hacer humor con los actores, los directores y todo el mundillo que rodea este tipo de producciones. Pero, en lo esencial, ese universo es la excusa que nos permite ver cómo Mona —en una época indefinida pero que parecen ser fines de los años ’80— se rebela contra el lugar que siempre ha ocupado en la vida de su familia y en casi todos los otros aspectos también. Más allá del caos que su cambio de vida provoca —tanto en ella como en muchos de los que la rodean—, la posibilidad de expresarse desde el escenario y fuera también marcan un antes y un después en su existencia.

Moore se luce, como siempre, pasando de la tímida y vergonzosa versión inicial de Mona a la suelta e intensa en la que se transforma a partir de los consejos de Jerry y de su propia manera de entenderlos e interpretarlos. Eisenberg lleva a la actriz a atravesar un enorme rango emocional mientras que su personaje vivencia, a su modo, lo mismo. Y el director aprovecha esos giros para hacer simpáticos comentarios sobre el ego de los actores, sobre los conceptos de verdad y realismo en la actuación (no importa acá que esto sea un musical) y sobre la pasión y devoción actoral que permiten que sigan existiendo estos teatros locales, que pueden (o no) ser semillero de los más grandes.
Sin cargar las tintas sobre el costado feminista de la propuesta —la familia termina teniendo menos peso en la trama de lo que inicialmente parece y ese lado queda un tanto desdibujado—, lo que El debut propone es una mezcla de comedia woodyallenesca y musical retro de ritmo acelerado en el que el amor por el teatro y por la actuación, aún con sus excesos y exageraciones, prevalece. En la mirada de Eisenberg, actuar es una forma de terapia. Una que puede dejar muchos daños colaterales alrededor, pero que para el que la atraviesa es una experiencia transformadora. Un film sobre el arte como medicación natural.



