Venecia 2026: crítica de ‘A Common Story’ (‘Una storia’), de Anna Foglietta (Orizzonti)

Venecia 2026: crítica de ‘A Common Story’ (‘Una storia’), de Anna Foglietta (Orizzonti)

por - cine, Críticas, Festivales
08 Sep, 2026 11:01 | Sin comentarios

Tras la partida de su hija a la universidad, un matrimonio italiano enfrenta el vacío, la distancia emocional y deseos largamente postergados. Con Alba Rohrwacher y Guido Caprino. En Orizzonti.

El efecto «nido vacío» es, o parece ser, central a los acontecimientos que se narran en Una storia, la opera prima de la también actriz Anna Foglietta que se centra en un matrimonio italiano que, tras la partida de su hija a estudiar a la Universidad, tienen que reaprender a convivir, a enfrentarse con una realidad que pasa a ser muy distinta de la que había sido hasta ese momento. Ni más ni menos que eso. Un drama clásico sobre un tema del que no se habla lo suficiente.

Foglietta se acerca a su historia con una perspectiva relativamente inusual desde lo formal, al menos en relación a lo clásica que parece ser la propuesta. Planos largos, algunos riesgos formales llamativos, muchos silencios, rostros, cuerpos, espacios que parecen hablar solos. No es solamente un drama tradicional acerca de una pareja que enfrenta, al acercarse a los 50 años, la posibilidad de separarse. Es un film acerca del mundo que habitan y cómo esas distancias están inscriptas en esa relación.

La gran Alba Rohrwacher encarna a Erika, una mujer que claramente se ha estado ocupando de su hija por mucho tiempo y, de golpe, se enfrenta a la idea de tener algo de tiempo libre. Y no sabe cómo manejarlo. Erika trabaja, part-time, como cajera de un supermercado, pero gran parte del día lo dedicaba a su familia y a visitar y colaborar con su madre, viuda. Y se da cuenta que Mauro (Guido Caprino) no logra ni cubrir ese bache ni genera con él la conexión que, es de suponer, alguna vez tuvo. Y se frustra. Cada vez más.

Mauro no se da cuenta de mucho. Quizás de nada. Su vida se complica, en principio, por otro lado. Su terco y bastante agresivo padre ha decidido cerrar la empresa en la que trabajan y, de golpe, tiene que ganarse la vida haciendo trabajos en casas, «changas» ocasionales. Aparte de eso, se dedica a entrenar a chicos que empiezan en el calcio. Quizás sienta también un vacío, pero no logra expresarlo. De hecho, cuando Erika por primera vez le plantea su crisis personal, su reacción es enojarse y agredirla verbalmente.

Una storia ofrece curiosos apuntes visuales pero en lo que respecta a la historia que cuenta no se sale de lo clásico: ama de casa abrumada y angustiada frente hombre que trabaja y no se entera de nada. Ella limpia y cocina en la casa, él llega esperando la comida hecha en la mesa. Ella goza al usar ciertas cremas para la cara y al masturbarse, algo que parece haber descubierto después de los 40. El deja las cosas tiradas por toda la casa, no se ocupa de nada y coquetea con las madres de los niños futbolistas que entrena. En ciertos momentos uno tiene la sensación de estar viendo una película que transcurre unas décadas atrás pero no, es algo que sucede ahora.

En ese sentido, A Common Story es un tanto retro, como si litigara una forma algo antigua de entender los roles masculinos y femeninos. No tanto por lo que sucede —uno imagina que debe haber millones de hogares que siguen funcionando así— sino por la manera novedosa en la que los personajes toman esos cambios y descubrimientos. Mauro no logra entender muy bien las quejas de Erika y sigue actuando como si nada pasara. Y ella, en la que quizás sea la mejor escena del film, se angustia, se pregunta y le pregunta: «¿Esto es todo lo que hay?».

Lo mejor que tiene la película pasa por las actuaciones —Rohrwacher tiene una enorme capacidad para conmover con lo mínimo— y por ciertos desafíos formales que la realizadora se propuso incluir en su film y que le dan una cualidad un tanto particular. El uso de la profundidad de campo, los juegos con el foco, ciertos planos a lo Ozu que se detienen por más tiempo de lo habitual en objetos de la casa y así. Si la película se vuelve por momentos demasiado convencional en lo que plantea, Foglietta parece tener los recursos para sacar al espectador de la rutina de la crisis matrimonial más prototípica mediante decisiones de puesta en escena. Quizás no sea suficiente para crear una gran película, pero alcanzan para distorsionar un poco lo que de otro modo sería algo demasiado previsible.