Venecia 2026: crítica de ‘A veces me entra tristeza, otras veces rebelión’, de María Aparicio (Giornate degli Autori)

Venecia 2026: crítica de ‘A veces me entra tristeza, otras veces rebelión’, de María Aparicio (Giornate degli Autori)

por - cine, Críticas, Festivales
07 Sep, 2026 06:01 | Sin comentarios

Eva está de paso por Madrid y allí conoce a Dante, un historiador argentino que investiga las luchas obreras y el trabajo del escritor Juan Bialet Massé. Con Eva Bianco y Roger Koza. El film se presenta en Giornate degli Autori y se verá luego en el Festival de San Sebastián.

Para muchos, Bialet Massé es una ciudad turística ubicada en el corazón del Valle de Punilla, en la provincia argentina de Córdoba. Otros, en cambio, sabrán que por detrás de ese nombre existió una persona: Juan Bialet Masse, un docente, investigador, constructor y empresario catalán que se radicó en la Argentina a fines del siglo XIX y pasó gran parte de su tiempo en esa provincia mediterránea. Dentro de una vida llena de giros memorables, muchos de ellos hasta curiosos, dejó un importante legado al escribir, en 1904, un informe, bajo encargo del presidente Julio Argentino Roca, sobre la situación laboral de las clases obreras en el país. Y ese texto —titulado «El Estado de las Clases Obreras en el Interior de la República«— será el eje del que parte esta exploración sensible y humanista de la realizadora de Sobre las nubes respecto al mundo del trabajo, antes y ahora.

A veces me entra tristeza, otras veces rebelión —el bello título hace referencia a una frase de una canción de Atahualpa Yupanqui titulada «Milonga del peón de campo«— construye su historia a través de un encuentro y de una serie de conversaciones. Los protagonistas son Dante (interpretado por el crítico de cine, programador y también actor Roger Koza) y Eva (Eva Bianco, ícono del cine cordobés). El es un historiador argentino que está en Madrid —más precisamente en la hermosa biblioteca del Museo Reina Sofía— trabajando en su tesis doctoral centrada en la figura de Bialet Massé y, más específicamente, en ese exhaustivo análisis de las condiciones de trabajo de los obreros en la Argentina de principios del siglo XX. Ella es una cineasta que está de paseo, visitando la ciudad tras haber participado en un festival de cine en Francia con una película que dirigió.

Dante —que también vive en Córdoba— la reconoce en la biblioteca, se acerca a ella de una manera entre torpe e incómoda, y pronto estarán conversando sobre sus vidas y experiencias. La película preferirá no profundizar demasiado en su relación personal —se adivina un cierto coqueteo pero queda en segundo plano— y pronto se ocupará de hablar de Bialet Massé, de su vida personal, de su particular investigación recorriendo la Argentina y estudiando las condiciones de trabajo de los obreros. Así, entre cafés, paseos por parques y calles madrileñas, alguna fallida salida al cine, un viaje en auto al pueblo donde Bialet nació, algún desencuentro y una curiosa situación onírica, Dante y Eva irán conociéndose y tratando de entender no sólo la vida y obra del escritor catalán sino la manera en la que ellos trabajan, o no, sobre esos mismos temas.

La discusión que plantea el film es la que da paso, si se quiere, a un quiebre radical en su relato. A su modo, lo que Aparicio pregunta y se pregunta es de qué manera los cineastas y acaso también los historiadores se encargan (o no) de hablar de los problemas reales de la gente en el mundo de hoy. Eva cuestiona que Dante se fije más en el pasado que en el presente pero también se pregunta si recorrer festivales con películas no es parte de un circuito problemático, uno más centrado en el ego personal que en algún tipo de función política o social. Y ese debate dará paso a que la película en sí mismo gire y se convierta en un emotivo documental sobre las experiencias de trabajadores migrantes en España.

La realizadora de Las cosas indefinidas —de la que esta película podría considerarse una suerte de continuación y así se la pensó en un principio— va aquí de un modo directo a cuestionar las condiciones de vida de las clases trabajadoras tanto en Argentina como en España, poniendo especial atención en los migrantes. Es un film que no evita hablar de modo directo sobre hechos de la actualidad política —las elecciones de medio término que ganó Javier Milei con una «ayudita» de Donald Trump, la reforma laboral en la Argentina que extiende la jornada a doce horas, la creciente desaparición del llamado «trabajo en blanco» o formal—, aún cuando el modo en el que las conversaciones se presentan apunten por momentos a un registro más poético.

Rigurosa y clara en su puesta en escena, con elegantes sonatas de piano como banda sonora, Aparicio va armando una suerte de politizada Antes del amanecer en la que los encuentros y desencuentros de un hombre y una mujer están pensados más en función de sus conversaciones sobre el mundo del trabajo que en sus vidas privadas, que quedan muy en segundo plano. En la fluida calma de sus diálogos, en sus dolorosas reflexiones acerca del estado de las cosas, Dante y Eva van hilando pasado y presente, recorriendo una bella Madrid pero poniendo a la vez en primer plano las contradicciones de esa ciudad y de sus respectivas estadías en lo que se da por llamar «Primer Mundo».

Al acercarse luego, a través de cándidas entrevistas, a las experiencias de otros migrantes que están allí en diferentes condiciones a las suyas, A veces me entra tristeza… cerrará de manera conmovedora su gambito formal y temático. A 120 años de la investigación de Bialet Massé, la realidad laboral actual prueba no haber evolucionado mucho de la que existía en el interior argentino a principios de siglo XX: explotación patronal, horarios abusivos, salarios ínfimos, inestabilidad laboral y así, en algo que afecta especialmente a los trabajadores migrantes. Y es así que de un modo poético, melancólico pero también propositivo, la película parece retomar el verso que cierra aquella clásica milonga de Yupanqui. «En más de alguna ocasión/quisiera hacerme perdiz/Para ver de ser feliz/en algún pago lejano/Pero a la verdad, paisano/me gusta el aire de aquí».