Venecia 2026: crítica de ‘Hombre al agua’, de Gael García Bernal (Spotlight)

Venecia 2026: crítica de ‘Hombre al agua’, de Gael García Bernal (Spotlight)

por - cine, Críticas, Festivales
07 Sep, 2026 08:58 | Sin comentarios

Tras salvar a un empresario mexicano, un guardavidas cubano ingresa a una poderosa familia donde riqueza, manipulación y ficción transforman su vida. Con Gael García Bernal, Esmeralda Pimentel, Natalia Oreiro and Ricky Martin.

Un proyecto armado por Gael García Bernal con la colaboración del dramaturgo argentino Mariano Pensotti, Hombre al agua es un curioso y ambicioso relato centrado en los extraños cambios que se producen en la vida de un guardavidas cubano a partir de que salva a un empresario mexicano de morir en el océano. En función de este incidente, que funciona como disparador de la trama, la película se ocupará de la vida del tal Camilo (interpretado por el propio Gael), quien es contratado por ese mismo y agradecido empresario llamado Abel (Jorge Salinas) para trabajar con él en México. No solo eso: el hombre termina casándose con su hija, Juana (Esmeralda Pimentel), y siendo una persona influyente en las empresas de la familia.

Ahí empieza realmente la historia. Camilo y Juana viven en una lujosa casa alejada de todo, pero no se llevan precisamente bien. O, mejor dicho, la chica —una atleta bastante arrogante y un tanto creída— lo maltrata, lo humilla, lo trata casi como un empleado más de la casa. Y Camilo, por la delicada posición que tiene, acepta y tolera los maltratos de la mujer. A tal punto es así que Juana empezará a escribir el guión de una película sobre su vida, invitará a una actriz llamada Fabiana a la casa para que la interprete (Débora Nascimento) y la relación entre los tres incluirá elementos donde la realidad, la ficción y los roles que cada uno de ellos juega en la vida cobrarán un peso importante.

Pero a la vez, Hombre al agua —narrada en un tono satírico, lo que explica en parte los curiosos desplazamientos y hasta excesos de su trama— se ocupará de la relación de Camilo con su suegro y en la empresa familiar. Es que así como es manipulado por su esposa en la casa, en la empresa el hombre asciende, supuestamente gracias a su carisma, hasta transformarse en la mano derecha del empresario. Y será allí que conocerá, de una forma que se podría definir como accidentada, a Silvina (Natalia Oreiro, con quien Gael acaba de actuar en Nada entre los dos), la amante de Abel, que está embarazada. Y la llevará por pedido de su suegro a vivir a la casa familiar, creando allí aún más conflictos. A la vez, su suegro empieza a participar en la vida política del país, como candidato a gobernador, lo que le da a Camilo un rol más importante en las empresas de la familia. Empresas que, dicho sea de paso, tiene que vaciar para vender a compradores europeos.

Hombre al agua es digresiva, ambiciosa y muy pero muy curiosa, agregando a la par de la trama «real» no una sino tres ficciones corriendo en paralelo. Es una comedia absurda con toques de sátira sobre las manipulaciones de los ricos y millonarios. Es también un drama familiar y un thriller político. Y en medio de todo eso un relato en capas sobre los distintos niveles entre realidad y ficción. Solo decir que, promediando el relato, aparece en la historia (y en la casa) nada menos que Ricky Martin como un actor que se prepara para interpretar un rol en la película que dirigirá Juana —seguramente podrán imaginarse cuál es—, servirá para entender la serie de raras jugadas creativas en las que se mete el film.

Si bien es mucho más conocido como actor, García Bernal ya tiene experiencia como realizador tras dirigir Déficit y Chicuarotes, dos películas muy distintas entre sí y no del todo logradas. Si bien Hombre al agua es más ambiciosa, formalmente más arriesgada y aún menos convencional que aquellas, el actor/director no logra cerrar del todo una propuesta que parece en todo momento escapársele de entre las manos, como si el material fuera demasiado difícil de moldear. Quizás la apática resignación de su personaje impacte en el resultado, o la constante variación entre tonos y temas, pero lo cierto es que la película va generando intriga, curiosidad, fastidio e incomprensión con asombrosa regularidad, como si no pudiera encontrar nunca un eje, un centro.

En el fondo, es claro, Hombre al agua es una sátira social acerca de las manipulaciones y los maltratos de los ricachones en América Latina, un tema caro a la carrera de García Bernal. A la vez, su enrevesada estructura en varios niveles de espacios físicos y de lecturas superpuestas conecta con la obra del argentino Pensotti (El pasado es un animal grotesco, Cineastas, la reciente La obra). Pero la fascinación y la curiosidad que genera inicialmente la propuesta termina por aquietarse a partir de su enredado y un tanto indeciso desarrollo narrativo. Da la sensación de que hay un montón de muy buenas ideas dando vueltas dentro de una película que no logra presentarlas de un modo demasiado efectivo.