Venecia 2026: crítica de ‘The Girl with the Leica’ (‘La ragazza con la Leica’), de Alina Marazzi (Orizzonti)

Venecia 2026: crítica de ‘The Girl with the Leica’ (‘La ragazza con la Leica’), de Alina Marazzi (Orizzonti)

por - cine, Críticas, Estrenos, Festivales
02 Sep, 2026 02:58 | Sin comentarios

Un retrato fragmentado reconstruye la vida de Gerda Taro, pionera del fotoperiodismo y pieza esencial detrás del nombre Robert Capa. Apertura de la sección Orizzonti.

Esta relectura o deconstrucción de la obra del fotógrafo Robert Capa en clave feminista combina material documental y de ficción para narrar, de un modo cronológicamente caprichoso, la historia (no tan) secreta que hay por detrás de ese nombre. Es que, lo que se hizo conocido con el correr de los años, fue que el tal Capa no existía realmente como una sola persona. Era, al menos durante un tiempo, el trabajo en tándem de dos: el fotógrafo húngaro André Friedmann (al que todo el mundo conoció por el apodo de «Robert Capa») y su pareja Gerda Taro, que trabajaba junto a él. Lo que propone la película es que Capa en realidad eran los dos juntos y que su figura quedó opacada por la del carismático Friedmann, ya que él siguió usando el alias tras la temprana muerte de la chica.

Pero Taro (Emilia Schüle) era igual o más carismática que él, igual o más intensa. Y The Girl with the Leica se ocupará de contar, de a jirones, su biografía. El formato elegido por la realizadora italiana Alina Marazzi es curioso. Por un lado trabaja con materiales documentales de la época y de ellos dos. Y, por otro, con las fotos que sacaron, como tándem o individualmente. Y a todo eso le impone un marco narrativo de ficción que se va entrecruzando todo el tiempo con esas imágenes. Pero la historia que cuenta es la de Taro. De hecho, Friedmann aparece bastante más adelante en la historia. Y «Capa», más aún.

El intenso ritmo narrativo lo impone la propia Taro, una mujer con mucha frescura y libertad que no se contentaba con quedarse en segundo plano en ningún aspecto de su vida. La película arranca en plena Guerra Civil española en la que ambos trabajaron y a la que Taro dedicó buena parte de su tarea como fotógrafa y militante. Pero de allí volverá al pasado. Una chica alemana de familia judía, Taro escapó a Francia tras la llegada del nazismo y fue allí que desarrolló su carrera profesional y su vida personal.

Durante su primera parte, la película se ocupará más que nada de su relación con su amiga Ruth Cerf (Luna Wedler), con la que compartía departamento. Y de a poco irá integrando a otras figuras, muchos de ellos refugiados del Este de Europa, como David “Chim” Seymour (Idan Weiss) y otros. Entre trabajos y eventos sociales conocerá al húngaro Friedmann (Aaron Altaras), vivirán un apasionado romance y pronto empezarán a trabajar juntos, en tándem. Para «vender» sus fotografías crearán el seudónimo de Robert Capa, como una suerte de dandy trotamundos norteamericano que saca fotos en lugares de alto riesgo.

La película se centrará en su historia de amor, sus affaires con otros (ella no creía en la monogamia), sus trabajos en conjuntos y por separado, y las situaciones que fueron atravesando, mezcladas todo el tiempo con imágenes de archivo de ellos mismos y de los hechos que cubrían, tanto en películas como en fotografías. Este acercamiento es interesante y por lo general funciona mucho mejor que la decisión un tanto irritante que la película tiene de saltar constantemente en el tiempo, especialmente en su primera parte.

De origen italiano, aunque por los personajes y sus universos no haya mucha conexión con ese país, La ragazza con la Leica presenta a un personaje riquísimo y fascinante conectado con los grandes hechos políticos de la primera parte del siglo XX. Y si bien sus caprichos formales no logran poner en su justa dimensión las acciones de su protagonista —la película se excede también en su intención de presentarla, a ella y a su grupo, como gente cool y moderna, como si fuera el CM de su cuenta de Instagram—, recordar su figura y su trabajo artístico y social es un ejercicio más que valioso.