Venecia 2026: crítica de ‘The House of the Wind’ (‘La maison du vent’), de Auguste Bernard Kouemo Yanghu

Venecia 2026: crítica de ‘The House of the Wind’ (‘La maison du vent’), de Auguste Bernard Kouemo Yanghu

por - cine, Críticas, Festivales
04 Sep, 2026 09:15 | Sin comentarios

Una anciana camerunesa, cuyos hijos emigraron todos a Europa, entabla un vínculo inesperado con una joven que le pide que se haga pasar por su madre. En Orizzonti.

Josette, la protagonista de La maison du vent, es la madre del realizador. Y si bien la historia que cuenta en el film no es del todo autobiográfica, el director se ha inspirado en sus experiencias para escribirla. Es que, de alguna manera, la situación de Josette (el personaje se llama como ella) es idéntica a la de muchas otras mujeres allí. Tiene 80 años y vive en Yaundé, Camerún. Todos sus hijos —son seis— se han ido a vivir a Europa, la mayoría de ellos a Francia, y la mujer se ha quedado viviendo sola en una casa enorme. Tienen videollamadas cada tanto y la promesa —que ninguno realmente cumple— de volver allí a visitarla o, mejor, a vivir. Pero pasa el tiempo y nadie lo hace.

Quizás como un modo de forzarlos a venir, Josette —que siempre parece tener cara de molesta o directamente enojada— está construyendo una casa, que le cuesta dinero que no tiene y lidia con una serie de trámites complicados, especialmente tras perder su documento. En uno de esos giros burocráticos conoce a Sarah (Moudjeu Pouadeu), una mujer joven que bien podría ser su hija. Se cruzan un par de veces y traban una cierta amistad, al punto de que Josette nota la muy mala relación que Sarah tiene con sus propios padres.

Pero aún así se sorprende con un pedido que Sarah le hace. Su novio francés está por venir a Camerún y quiere que ella se haga pasar por su madre. Josette duda con la propuesta, pero ese pedido termina convirtiéndose en la excusa para juntar a estos personajes muy distintos que tienen necesidades complementarias: una hija con problemas con sus padres y una madre a la que sus hijos no parecen prestarle la atención que ella quiere. Y a partir de ese cruce se genera una cálida y amable relación que no estará exenta de contratiempos.

Lo que Kouemo Yanghu hace es una suerte de homenaje a su madre, pero uno que no es ni muy romántico, ni excesivamente tierno ni condescendiente. Josette es una mujer dura, seca, malhumorada, por momentos hasta cruel y anda por la vida con gesto adusto. Sarah es más cálida y amable, y es muy de a poco que se va generando algo entre ellas, una especie de familia sustituta a la suya. De un modo observacional y calmo, con los ritmos pueblerinos de una mujer de cierta edad de hábitos y costumbres firmes, el realizador aprovecha la excusa de la película para estar allí y filmar a su madre en la que muy probablemente sea su propia casa.

A su modo, uno puede pensar que el mismo rodaje de la película fue un recurso que su hijo, que vive en Francia hace 20 años, se inventó para volver a Camerún a estar un tiempo más con ella. Si bien los personajes de la ficción no son del todo reales —no hay un cineasta entre los hijos que aparecen vía zoom, digamos—, la realidad se mezcla todo el tiempo en la película. Y así La casa del viento se convierte en una excusa para pasar más tiempo junto a ella. Y si el deseo no se le termina de cumplir a Josette en la ficción, por lo menos se le cumplió en la realidad. A juzgar por la frase que cierra el film, fue lo más importante.