Venecia 2026: crítica de ‘What Belongs to Others’ (»Cudze Rzeczy’), de Grzegorz Dębowski (Orizzonti)

Venecia 2026: crítica de ‘What Belongs to Others’ (»Cudze Rzeczy’), de Grzegorz Dębowski (Orizzonti)

por - cine, Críticas, Festivales
10 Sep, 2026 09:15 | Sin comentarios

Una ladrona desesperada aprovecha un trágico malentendido para ganar dinero, pero su falsa relación con un muerto termina transformándola para siempre. En Orizzonti.

A veces, de manera impensada, un encuentro casual te puede cambiar la vida. Esa es, más o menos, la idea que rige lo que se narra en What Belongs to Others, un drama urbano de origen polaco que se centra en una mujer dedicada a una vida de pequeños crímenes cuyo recorrido vital cambia —de manera primero imperceptible y luego ya más radical— cuando se topa con una sorpresa no necesariamente agradable pero sí shockeante. Y todo por estar en el lugar equivocado y en el momento incorrecto.

Para pagar sus crecientes deudas, Kasia (Maja Pawlikowska-Kobylińska) y su novio se dedican a robos pequeños, entrando en edificios, metiéndose en casas y quedándose con algunos objetos que luego empeñan por dinero. No le alcanza para pagar las cuentas pero su novio la presiona y a Kasia —que suele hacerse pasar por persona de limpieza en los edificios para hacer sus «trabajitos»— no le queda otra. Pero un día su novio es encarcelado tras robar algo en un supermercado, por lo que queda en ella la tarea de manejarse sola en ese mundo.

En uno de sus «recorridos laborales» se topa con que, en uno de los departamentos, hay un hombre colgado que se acaba de suicidar. Impactada por lo que ve, queda conectada con el caso. Y pronto los que llegan al lugar la toman por alguien cercana al difunto. Ahí es que Kasia se da cuenta de que puede aprovechar la casualidad para ganar dinero y le empieza a decir a todo el mundo que era la novia del fallecido, llamado Piotr, con quien, dice, tenían planes de irse a vivir juntos. Y así, forzando un poco la credibilidad del asunto y gracias a una serie de importantes casualidades, la chica empieza a conocer a la familia de Piotr —madre, hermana, ex pareja, con las que tenía poca comunicación— y va incorporándose en las vidas de todos.

Lo que arranca como una operación para quedarse con el dinero del difunto usando su seguro de vida y cobrando sus alquileres pasa de a poco a transformarse en otra cosa, ya que la curiosidad por saber quién fue, los peculiares familiares que empieza a conocer y las cosas que le cuentan la llevan a ir cambiando, al menos tentativamente, el eje de su búsqueda. Sin quererlo o saberlo, la «relación» que tiene con Piotr termina siendo importante en su vida y en las de todos sus familiares, aún cuando jamás haya existido en la realidad.

El director polaco de Next to Nothing logra dotar a su trama de realismo (un tanto forzado a la hora de estirar la plausibilidad de los hechos, pero realismo al fin) con un dejo, si se quiere, de humanista fantasía. Dentro de un cine usualmente pesimista como es el del Este de Europa, la película de Dębowski se destaca por su discreta cualidad esperanzadora, su aroma a cuento de hadas áspero, urbano y contemporáneo. Los actores no intentan ser ni amables ni encantadores, sino que son más bien secos, distantes y pueden volverse agresivos por nada. Pero de a poco empiezan a abrirse, a mostrar sus ocultas zonas sensibles.

What Belongs to Others se une a las muchas tramas que giran alrededor de suplantaciones de identidad, pero lo hace de una forma original. En realidad Kasia no deja de ser nunca quién es, pero al fingir haber sido la pareja de un hombre al que no conoció empieza a ser, de a poco, otra persona. Y no porque Piotr haya sido un hombre impecable ni porque su historia le vaya haciendo conocer gente maravillosa, sino más bien por la manera en la que se siente bienvenida a esa nueva familia a la que empieza a incorporarse, hasta útil en función de sus particulares características. El suyo es más un cambio de mentalidad que de vida, de empezar a pensarse distinto a sí misma más que a transformarse realmente en otra. Y al hacerlo, logra reconocer en la humanidad y la fragilidad de los demás, la de ella misma.