Estrenos: crítica de ‘Godzilla Minus Zero’, de Takashi Yamazaki

Estrenos: crítica de ‘Godzilla Minus Zero’, de Takashi Yamazaki

por - cine, Críticas, Estrenos
28 Oct, 2026 09:43 | Sin comentarios

En 1949, el kaiju volador Ghidorah arrasa Matsumoto y el piloto Kōichi (Ryunosuke Kamiki) y Noriko (Minami Hamabe) se ven arrastrados a una nueva lucha que pone a prueba a su familia, en la secuela de Takashi Yamazaki filmada en IMAX. Estreno en Argentina: 5 de noviembre.

Más allá de la dificultad en comprender el orden numérico que utiliza la saga, Godzilla Minus Zero funciona como secuela directa de Godzilla Minus One (¿cómo será la tercera? ¿Solo Godzilla? ¿Godzilla Plus One?), la exitosa película japonesa de 2024 que relanzó para una nueva generación a la mítica criatura de los estudios Toho, que ya lleva con esta 34 apariciones cinematográficas solo en ese país. Esta continuación mantiene a los principales personajes, suma a otros, le agrega alguna otra criatura para ir completando el álbum y, esencialmente, mantiene el tono neoclásico del film anterior. Esto es: más allá de las impactantes secuencias de acción de pura cepa kaiju filmadas en IMAX, la película es un sólido y hasta tradicional drama japonés de posguerra, con todas sus convenciones respetadas al máximo.

Seguramente no es lo que a la gente más le interesará ver —asumo que buena parte del público va a ver solo las escenas de acción—, pero acaso lo más interesante que tiene esta Godzilla Minus Zero pasa por la manera en la que el enfrentamiento entre las criaturas o entre las criaturas y los humanos se inserta claramente en la posguerra japonesa, con una población todavía dañada por las secuelas de ese conflicto armado y, especialmente, los efectos de las bombas atómicas lanzadas por los estadounidenses. Es que, por más que muchos de los desastres urbanos que se ven a lo largo de la película sean causados por gigantes y extrañas criaturas, es imposible no pensar en similares escenas de destrucción que se vieron tras los ataques y bombardeos a ese país.

Estamos en 1949 y todo empieza, sin presentación alguna, con la aparición de una nueva criatura gigantesca que azota la ciudad de Matsumoto. Más parecida a un dragón que a Godzilla —vuela como uno y lanza unos rayos destructores—, a este nuevo kaiju pronto lo denominan Ghidorah y tratan de organizarse para detenerlo. El grupo de ataque lo integran viejos conocidos como Kenji Noda (Hidetaka Yoshioka), director de la oficina encargada de hallar una solución al asunto; Seiji Akitsu (Kuranosuke Sasaki) y Tatsuo Hotta (Miou Tanaka), además de nuevos integrantes como la meteoróloga Makoto Aoyama (Masami Nagasawa) y el biólogo Kanji Murakami (Min Tanaka), entre otros.

Pero la historia volverá a centrarse en la pareja que integran el piloto Kōichi Shikishima (Ryunosuke Kamiki) y Kenji Noda (Hidetaka Yoshioka), que todavía no han logrado dejar de lado el trauma de los hechos de la película anterior y ya se ven envueltos, inicialmente contra su voluntad, en la nueva lucha contra esta nueva criatura. Primero será él, quien es convocado por su experiencia como piloto; pero luego también ella se verá involucrada en la batalla, cuando la situación amerite su especial participación. La pareja tiene una hija pequeña llamada Akiko (Sae Nagatani) a la que, por la dedicación de ambos a la lucha contra las criaturas, dejan sola en una suerte de orfanato. Y el conflicto familiar que se genera allí será central a la parte más dramática de la trama.

En lo que respecta a la acción en sí, tras la escena inicial la película se dividirá en cuatro claros bloques: dos dedicados a la preparación de la caza y al drama personal de algunos de los participantes en la batalla, que se intercalarán con dos más concretamente centrados en las peleas en sí. Para no spoilear nada respecto a lo que irá sucediendo lo único que diremos es que Godzilla no desapareció del todo —supongo que lo sabían— y que en cierto momento reaparecerá para generar uno de esos enfrentamientos entre criaturas que son caras a la tradición del género conocido kaiju-eiga (películas de monstruos) precisamente por eso.

Quizás lo que más sorprenda es que, pese al mayor presupuesto y a la utilización del IMAX, Yamazaki no ha abandonado la construcción tradicional del relato, estableciendo a los personajes centrales, sus conflictos, las idas y venidas de las preparaciones previas a los enfrentamientos y los problemas con los que se enfrentan en las batallas. Gracias a eso, lo que Godzilla Minus Zero logra es que las escenas de acción no sean gratuitos choques de muñequitos CGI ni solamente un festín de efectos especiales. Eso está, sin dudas, y por momentos la película se excede en la duración de esas secuencias, pero siempre vuelve al lado humano de la historia, a lo que esos choques representan para los protagonistas.

Algunas escenas oníricas potentes, unos flashbacks muy dramáticos y las citadas escenas de acción que tienen lugar tanto en el aire como en Tokio y otras ciudades japonesas se destacan dentro de un todo igualmente parejo y sólido. Pero la potencia del film de Yamazaki —por más que su utilización extienda a la película por más de dos horas— está en el contexto. No solo en el drama humano de los personajes, sino en lo que eso trae a colación respecto a la historia de Japón de esa época: el sacrificio, la humillación, la tragedia de ver morir a seres queridos o de perderlo todo en un instante y muchos otros traumas atravesados durante la Segunda Guerra. El film le adjudica buena parte de esos sufrimientos a las monstruosas criaturas, pero todos sabemos en el fondo de qué está hablando.