Estrenos online: crítica de ‘Mother Mary’, de David Lowery (HBO Max)

Estrenos online: crítica de ‘Mother Mary’, de David Lowery (HBO Max)

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19 Oct, 2026 08:30 | Sin comentarios

Viejas heridas resurgen cuando la icónica estrella del pop Mother Mary se reencuentra con su mejor amiga y antigua diseñadora de vestuario, en vísperas de su actuación de regreso a los escenarios. Con Anne Hathaway y Michaela Coel.

Llevo horas desde que terminé de ver Mother Mary y sigo sin entender muy bien qué quiso hacer aquí David Lowery. Es un director cuya obra siempre me interesó, alguien que ha hecho películas con estilos y en géneros muy diversos como el drama fantástico (A Ghost Story), el western (The Old Man & the Gun), el cine familiar (Mi amigo el dragón y Peter Pan & Wendy) y hasta la aventura medieval (La leyenda del Caballero Verde), y en todas ellas logró transmitir una mezcla de pulso narrativo clásico con algunos giros personales muy distintivos. Uno podría pensar que Mother Mary intenta recorrer un camino similar: ser una película de horror presentada como un psicodrama sobre la relación entre dos amigas que han dejado de verse. Pero no tiene mucho sentido como tal. Tampoco a la inversa. Es una propuesta conceptual en busca de algo, algún significado que la contenga.

Viéndola, más de una vez pensé que la única forma en la que una película así podía sostenerse era si se presentaba como acompañamiento a un álbum de alguna estrella pop, una serie de visuals (lo que antes llamaríamos videoclips, pero presentado de un modo más conceptual) que rodean a una artista, de esos que se proyectan sobre el escenario o aparecen en redes como parte de su campaña de promoción. Pero como una película sola, alejada de cualquier conexión con otro «producto», lo que uno siente es que hay algo que no está ahí, o que falta, o que no funciona. Un sentido, una coherencia, un tema. Son momentos en busca de un impacto, una atmósfera en busca de una trama y una larga serie de diálogos en busca de un tema.

Anne Hathaway interpreta a la Mother Mary del título, una diva pop a mitad de camino entre Lady Gaga y Charlie xcx (quien coescribió junto a Jack Antonoff algunas de las canciones que aquí se escuchan), una estrella pop masiva cuya presentación escénica tiene un dejo de misticismo y religiosidad, con halo incluido y todo. En crisis, Mary (o Mother, no sé cómo se identifica a sí misma) va a visitar a una diseñadora de modas llamada Sam Anselm (la creadora y estrella de I May Destroy You, Michaela Coel), para que le haga un vestido con el que interpretar su nueva canción, a la que considera no solo la mejor de su carrera sino «la mejor canción de la historia». Pero no será sencillo. Quedan solo cuatro días para el show y, lo que es peor, Sam no quiere saber nada con ayudarla.

De a poco, en una estructura que hasta la mitad de la película tiene mucho de teatral, iremos enterándonos que Sam, quien venía colaborando con la cantante desde el inicio de su carrera, hace 25 años, no quiere saber nada con Mary desde que la reemplazó con otros diseñadores, una década atrás. Ha dejado de escuchar su música, de ver sus shows y se la quitado, con esfuerzo, de su mente. Pero Mary llega toda llorosa, mojada y pidiendo perdón una y otra vez, por lo que Sam accede a crear algo que pueda ponerse. Y las charlas casi terapéuticas entre ambas tendrán como pretendido objetivo que la intensa Sam —con esa mirada y esos pómulos, es imposible que Coel no sea intensa— entienda qué tipo de vestido Anne quiere: que no tenga rojo, que represente «claridad», que resuma su carrera, etcétera, etcétera.

Hasta allí, todo más o menos en orden. Estamos ante una película presentada de un modo casi teatral como una conversación entre dos amigas distanciadas, mechada con algunas escenas —tanto en el escenario como en el propio galpón que Sam usa como atelier y en el que transcurre casi todo el film— en las que Hathaway demuestra sus condiciones y su esfuerzo para cantar y para bailar. Pero de a poco, y a partir de muy simbólicos flashbacks, Lowery irá integrando un elemento más fantástico a la trama, uno que pronto derivará en una cuestión espiritual, en séances para contactarse con el más allá, en telas rojas que parecen cobrar vida y en tijeras a las que, por algún motivo, pretenden hacer funcionar como llaves que no necesariamente sirven para abrir puertas.

Lowery salta algo bruscamente hacia un terreno más fantástico y la película se torna, de allí en adelante, poco menos que inexplicable. Da la impresión de que el realizador/guionista le ha adosado a esa conversación una película de horror a medias, no del todo convencido de que ese deba ser el recorrido para lidiar con la historia de estas dos ex-amigas que tratan de ver si pueden o no reconciliarse. Mary ha tenido una fuerte crisis en un show en Dublin a partir de un raro contacto con una fan (interpretada por FKA twigs, compositora de otras canciones de la cinta) y ha quedado mal tras la experiencia. A Sam le ha pasado algo parecido. Y las dos situaciones están conectadas entre sí de una manera que, según Lowery, tienen algo del entrelazamiento cuántico de Einstein. O algo por el estilo.

Hacia dónde va y qué quiere decir todo esto, difícil saberlo. En el medio, Lowery ofrece escenas potentes pero demasiado recargadas de Hathaway cantando y bailando sobre un escenario, y aportándole al todo un look cercano al de los videoclips de ciertos artistas pop que apuestan por una estética más bien densa, oscura. Las letras de FKA twigs, de hecho, tienen bastantes cosas en común con las de la protagonista, en especial en su conexión entre religiosidad, femineidad y misticismo. Quizás haya que investigar más por allí para descifrar el recorrido que Mother Mary pretende que haga el espectador. Por fuera de eso, lo que queda es una extraña reunión entre dos «enemigas íntimas» que se pone más rara de la cuenta cuando una de ella no tiene mejor idea que convocar a los espíritus —y a unas coloridas telas voladoras— para resolver sus problemas.