Estrenos: crítica de ‘Sacrificio: Los elegidos’ (‘Sacrifice’), de Romain Gavras

Estrenos: crítica de ‘Sacrificio: Los elegidos’ (‘Sacrifice’), de Romain Gavras

por - cine, Críticas, Estrenos
24 Oct, 2026 01:18 | Sin comentarios

Chris Evans, Anya Taylor-Joy y Vincent Cassel protagonizan la sátira de Romain Gavras sobre una celebridad que es secuestrada en una gala ecologista por un grupo de activistas radicales. En cines: 5 de noviembre.

Junto a Digger, Sacrifice bien podría conformar una curiosa y específica dupla de películas satíricas sobre el cambio climático y el colapso planetario. Si bien este film de Romain Gavras antecede al de Alejandro González Iñárritu en casi un año —su estreno mundial tuvo lugar en el Festival de Toronto 2025–, a las dos películas las une el tema, el formato elegido y hasta ciertas características, como su lento giro de la comedia al drama, de la sátira a algo parecido a la tragedia. Ambas películas, además, tienen toques muy personales y reconocibles. Y ambas, a la vez, tienen una cantidad de problemas que impiden que salga algo más o menos valioso de todo eso.

La urgencia de ambas es la misma: reportar una tragedia que se acerca a pasos agigantados y por la cual los poderosos y millonarios del mundo no solo no hacen nada sino que la exacerban. La diferencia de Sacrifice tiene que ver con que aquí todos, supuestamente, se están ocupando de «salvar el planeta». El problema es que lo hacen más para limpiar su imagen que por preocupación o interés real. Chris Evans encarna a Mike Tyler, una estrella de cine que está pasando por un mal momento profesional y que, tratando de lavar su imagen, atiende un evento con famosos, millonarios y celebridades en una isla griega con el objetivo de recaudar dinero para el cuidado del medio ambiente.

Apenas lo vemos allí queda claro que todo es un greenwashing organizado por un millonario llamado Ben Bracken (Vincent Cassel), quien preside los acontecimientos con su esposa Gloria (Salma Hayek Pinault, desperdiciada). En un tono que hace recordar a las películas de Ruben Ostlund —especialmente The Square pero luego también Triángulo de la tristeza—, Gavras presenta una serie de bizarras actividades, números musicales (uno involucra a la omnipresente Charlie xcx) y patéticos personajes. Esto incluye al propio Tyler, que está pendiente todo el tiempo de su imagen —quiere ser visto como un actor políticamente correcto, de esos que defienden alguna causa con la que en realidad mucho no se comprometen— y que tiene una personalidad entre intensa, inocente y muy pero muy crédula.

Pero todo explota cuando un grupo, que parece llevar a cabo una performance en el evento, revela ser en realidad una banda «eco-terrorista» con unos planes muy peculiares. Conducidos por Joan (Anya Taylor-Joy), este pequeño ejército de jóvenes ha decidido secuestrar a tres personas de esa reunión con un objetivo curioso que se irá revelando de a poco y que tiene que ver con la extravagante filosofía tipo secta que los organiza. Y para eso —y por decisión de la mayoría— se llevan a Mike, a Ben y a una de las artistas del show musical (Ambika Mod) en un bote, rumbo a un volcán a punto de entrar en erupción.

La película del realizador de Athena (sí, es el hijo de Costa Gavras), coescrita con el dramaturgo Will Arbery, irá pasando de la más prototípica parodia del inicio —una burla simplista sobre el universo de los millonarios y sus falsos compromisos—, a algo más oscuro y enrarecido, en tanto Joan (el nombre no es una elección muy sutil que digamos), su extravagante y un tanto confundido grupo de seguidores y los inquietos secuestrados van atravesando situaciones cada vez más curiosas. Solo basta decir que en un momento aparece John Malkovich haciendo un raro personaje para que se den una idea del tono. De ahí en más, el film irá de lo onírico a lo político y de ahí a lo trágico, incorporando escenas de acción, persecuciones y algunas espectaculares vistas de la región y del volcán en acción.

No es muy claro adónde quiere llegar Gavras con Sacrificio: Los elegidos y tampoco se entiendo del todo bien el formato ni el recorrido narrativo elegido. Es la historia de un actor que pasa a tomarse en serio la causa en la que se mete y la de una activista honesta pero con unos planes bastante delirantes que tratan, a su manera, de enfrentarse a los poderosos cuyo único objetivo es cuidar sus negocios. Pero también una acerca de cómo todos los que rondan este asunto actúan de maneras entre insólitas e incomprensibles.

Un poco también como Digger, la película puede tener algo noble que decir sobre el mundo que vivimos, pero sus formas son confusas, poco efectivas, con más errores que aciertos. Da la impresión que el cine no sabe muy bien cómo lidiar con este tipo de temáticas sin crear algún tipo de exagerada parodia de todo lo que involucra. Y no es necesario. El asunto está ahí a la vista de todos. Y las formas clásicas siguen siendo las mejores —y las más efectivas— para hablar del destino del planeta.