
Estrenos online: crítica de ‘Colisión’, de Daniel Sánchez-Arévalo (Netflix)
España, 2013. Tras atracar un banco, un fatal accidente de auto saca a la luz la cara oculta de una banda de ladrones y se revela que las traiciones comenzaron mucho antes del robo. Con Laia Costa, Karra Elejalde y Luis Zehera. Disponible en Netflix.
Este thriller español enredado, creativo y algo indefinible puede pensarse, más que cualquier otra cosa, como un ejercicio narrativo. Lleno de giros, vueltas de tuerca y calculadas confusiones, parece montarse sobre varias ideas conectadas entre sí. Un poco Rashomon, otro tanto The Usual Suspects y algo de Sliding Doors conforman un combo que fascinará a los fanáticos de los policiales en los que uno nunca sabe a ciencia cierta donde está parado.
En principio, lo que se cuenta aquí es un robo a un banco en Madrid, en 2013, justo después de la debacle económica que acabó con los ahorros de buena parte de la población y del posterior salvataje a los bancos por parte del gobierno. Aquí vemos a Ernesto (Luis Zahera), el director de un banco, ser sometido en su sucursal por una banda de cuatro atracadores enmascarados que entran a las cajas de seguridad a robar una de ellas y la encuentran vacía. Se van allí con dinero de las otras cajas pero igualmente insatisfechos. En la huída, en medio de discusiones, su auto es chocado espectacularmente por otro y vuelca.

Contar aunque sea un mínimo de lo que sucede luego puede calificar para algunos hasta como spoiler, por lo que invito a los que no la vieron a pasarse de largo el párrafo que sigue.
Allí la película propondrá un juego al espectador qué consiste en imaginar distintas versiones de los hechos según diferentes resultados potenciales de ese accidente. Lo que se mantendrá en todos ellos es el grupo de ladrones. El detalle es que Carla (Laia Costa), Tomás (Tamar Novas), Raúl (Alvaro Cervantes) y Pedro (Karra Elejalde) son —o fueron, en el caso de este último— también policías, por lo que el crimen los encuentra a ambos lados del asunto: como investigadores e investigados, tratando de tapar u ocultar sus propias huellas. Pero cuando uno cree que tiene más o menos claro hacia dónde Colisión irá, el guión se vuelca sobre sí mismo para contar otra versión de la misma historia.
Ingeniosa y bien armada, Colisión puede resultar al principio un tanto confusa, más que nada por la manera en la que Sánchez-Arévalo juega con los tiempos narrativos y el montaje, yendo en paralelo entre los investigadores y los delincuentes. De a poco, sin embargo, el relato empieza a aclararse, los baches narrativos se van cubriendo y quedan claras las partes que conforman el todo y cómo se relacionan entre sí. O, al menos, son claras hasta que el guión decide pegar su volantazo del destino y reformular la historia desde otra perspectiva.
El de Colisión es un relato en tono potencial que pone al espectador casi en plan «elige tu propia aventura» aunque siempre digitado por el guión y el realizador. Más allá de las diferencias entre una y otra perspectiva, lo que en todas las versiones queda claro son las consecuencias de los desfalcos bancarios y lo que eso generó en la población; la corrupción de banqueros y empresarios; y las tensiones románticas y/o familiares que surgen entre los personajes a partir de las circunstancias del robo, tanto las previas como las posteriores.

El robo en sí no dura más de cinco minutos al inicio del film, por lo que este es más que nada un relato sobre los hilos que lo fueron armando —que siempre son más y más enredados de lo que parece en un principio— y los que, tras el hecho que frena la huida de los ladrones, lo irán desenredando, con sorpresas, traiciones y otros clásicos asuntos del género. Lo que diferencia a Colisión de otros thrillers sobre robos y sus consecuencias, tiene que ver —más que con cualquier otra cosa— con el carácter potencial de cada una de las versiones.
Es cierto que esa característica le puede dar a la película un tono menos definitivo, ya que cada cosa puede o no haber sucedido según los giros de cada una de las versiones. Pero si uno se entrega al sistema que propone Colisión, eso no molesta. En ese sentido, la película se presenta como un juego, una suerte de partida de ajedrez entre los creadores y los espectadores, en la que según uno mueva las piezas deberá moverlas el otro. En el cine, claro, los movimientos los manejan solo ellos, por lo que nunca hay igualdad de condiciones entre unos y otros. El que se deje llevar por la invitación, disfrutará de este juego de engaños sobre engaños.



