Estrenos online: crítica de ‘El discípulo: una fábula de Wu-Tang’ (‘The Disciple: A Wu-Tang Fable’), de Joanna Natasegara (Netflix)

Estrenos online: crítica de ‘El discípulo: una fábula de Wu-Tang’ (‘The Disciple: A Wu-Tang Fable’), de Joanna Natasegara (Netflix)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
17 Oct, 2026 08:42 | Sin comentarios

El documental de Joanna Natasegara sigue al fanático holandés Tarik “Cilvaringz” Azzougarh, que se abre camino hasta el Wu-Tang Clan y produce ‘Once Upon a Time in Shaolin’, un álbum subastado con una copia única. Disponible en Netflix.

Wu-Tang Clan, el influyente grupo de hip hop de Staten Island, tiene varios films que recorren su carrera, tanto documentales (la serie Wu-Tang Clan: Of Mics and Men, de 2019, y la película Wu-Tang Saga, de 2010) como una serie biográfica de ficción que se extendió por tres temporadas (Wu-Tang: An American Saga, de 2019 también), por lo que este nuevo film se suma, más que nada, para amplificar un evento muy particular y llamativo de la historia de la banda: el lanzamiento de un álbum en 2015 titulado Once Upon a Time in Shaolin, que tiene características muy particulares, únicas quizás en la historia de la música.

Pero para llegar a eso, falta. Lo que la película hace es centrar su historia en un personaje que, inicialmente al menos, nada tiene que ver con Wu-Tang. Se trata de Tarik Azzougarh, un hombre holandés que contará cómo terminó involucrándose con el grupo y cómo fue parte fundamental en la creación de ese controvertido álbum. Tarik era un chico de origen marroquí que de adolescente se volvió fanático del rap, primero, y de Wu-Tang Clan después, al punto de armar un grupo de similares características. Esto es: un combo con muchos solistas. Su nombre artístico de ahí en adelante será Cilvaringz.

Su obsesión era que los Wu-Tang —en especial su productor, RZA— escuchen el álbum y lo editen en su sello, como uno de los «Killa Bees», nombre colectivo con el que se conoce a la extensa red de afiliados, grupos secundarios y productores asociados al Clan. La película contará sus viajes a Nueva York y los muchos e inicialmente infructuosos intentos de contactarlos, hasta finalmente dar con ellos. De a poco, Tarik pasará a estar en el radar del grupo, les organizará giras y conciertos, será grupo soporte con su banda en ellas y se convertirá en una parte colateral de su historia.

Alrededor de 2007 —y promediando una película que hasta allí no es mucho más que la historia de un fan obsesivo por acercarse y trabajar con sus ídolos— llegará el momento que terminará siendo clave. Cilvaringz, que para esa altura ya había dejado de rapear y producía, empezó a trabajar en un álbum por su cuenta, con colaboraciones de muchos de los miembros de Wu-Tang, de otros raperos cercanos, y con varias apariciones especiales que se fueron sumando a lo largo de los años en los que el hombre, con ayuda de RZA, fue haciendo crecer un disco que no era, inicialmente al menos, un álbum oficial del Clan.

Para 2015, Cilvaringz tuvo una curiosa idea para lanzar el álbum, llamado Once Upon a Time in Shaolin. En plena época de la descarga gratuita de mp3, le pareció que para revalorizar la música, habría que transformarla y venderla como arte. Es decir: que haya una única copia y que la gente la pueda «visitarla» como visita un museo para ver un cuadro. El álbum había costado su buen dinero y había que recuperarlo, por lo que decidieron lanzar una edición lujosa —pero lujosa en serio— y ponerla a la venta tipo remate. El comprador tenía además la obligación de no difundir de modo comercial la música por 88 años, por lo que al día de hoy son muy pocas las personas que lo han escuchado. Y la controvertida y muy peculiar saga de lo que pasó allí ocupará casi toda la segunda mitad de este film, el que realmente vale la pena ver ya que es una historia rarísima por donde se la mire.

Por fuera de eso, el documental de Joanna Natasegara tiene poco material de Wu-Tang en sí —de hecho, varios de ellos no quedaron en buena relación con Tarik— más allá de algunas entrevistas a RZA y a Capadonna, que la da mientras recorre el barrio donde crecieron. Algunos apuntes históricos de la banda, de su relación con el mundo de las artes marciales y de su influencia local e internacional se sumarán a lo que es, más que nada, la historia de un entusiasta y emprendedor fan que logró involucrarse con su banda favorita, los convenció de lanzar un muy particular disco que él mismo produjo, y los convirtió, por unos años, en el grupo de hip-hop más controvertido del planeta.