Series: crítica de ‘Al Este del Edén’ (‘East of Eden’), de Zoe Kazan (Netflix)

Series: crítica de ‘Al Este del Edén’ (‘East of Eden’), de Zoe Kazan (Netflix)

por - Críticas, Estrenos, Online, Series, Streaming
02 Oct, 2026 04:39 | Sin comentarios

Florence Pugh, Christopher Abbott y Mike Faist protagonizan la miniserie de Zoe Kazan para Netflix centrada en una joven manipuladora que divide a dos hermanos y condena a su familia a una disputa generacional.

Los que recuerdan East of Eden por la película de Elia Kazan de 1955 seguramente conocen apenas una breve porción de la novela de John Steinbeck en la que se basó. El film —que en Argentina se conoció como Al Este del Paraíso y tuvo como uno de sus protagonistas a James Dean— tomaba solo la última parte de la épica historia multigeneracional de la novela original, una que se extendía durante medio siglo. En la serie que, a modo de herencia y homenaje, armó Zoe Kazan —la nieta del realizador de aquella—, lo que narra aquel film ocupa menos de dos de sus siete episodios. Entre las dos adaptaciones pasaron 70 años y ese cambio generacional y de formato le permitió a Zoe intentar algo diferente a lo que hizo su abuelo. Y quizás más ambicioso también.

Los temas, sin embargo, no cambian. Novela, película y serie siguen siendo actualizaciones de la historia bíblica de Cain y Abel —solo que ahora por partida doble— y todas se ocupan del miedo al rechazo y lo que eso genera en el corazón de los seres humanos. El repetido concepto de timshel, aquella discusión sobre si la Biblia dice «dominarás el Pecado» a modo de orden o «puedes dominar el Pecado» como posibilidad, regresan aquí y se convierten en la herencia que une varias generaciones de los Trask y, uno supone, también a los Kazan.

East of Eden se va organizando, inicialmente, a modo de flashbacks. En ellos vamos conociendo a los protagonistas principales de una generación (o dos) previa al Aron y al Caleb de la película. Así conoceremos al padre de ambos, Adam (Christopher Abbott) y a su tío Charles (Mike Faist), cuando eran muy jóvenes, ambos recibiendo una dura educación de su propio padre (Tracy Letts) y generando esa primera tensión entre hermanos que se iría a repetir: el amable, «bueno» y querido de la familia, Adam; y el rechazado y conflictivo, Charles. Esa tensión crecerá cuando Adam descubra tirada y muy lastimada a una chica llamada Cathy (Florence Pugh) y decida llevarla a su casa y ayudar a curarla, algo que a su hermano Charles no le gustará nada. Parece que el tipo se daba cuenta de algo que su hermano no veía.

Y esa sospecha quedará probada en el segundo episodio, dedicado a repasar la brutal educación de Cathy y los sufrimientos y revanchas que fue armando a lo largo de su juventud, una serie de situaciones complicadas y violentas que terminaron llevándola a aparecer lastimada a los pies de Adam. Es claro, tras ver sus actitudes juveniles, que Cathy es una chica tramposa, manipuladora y cruel, pero es la única forma que tiene, supone, para hacerse valer en un mundo dominado por los hombres. Que la versión de Zoe Kazan la haya vuelto más compleja que la cruel villana de las otras versiones no debería ser un problema. La miniserie no intenta convertirla en una santa ni en una heroína, solo intenta balancear un poco lo que en otras versiones fue algo así como la maldad personificada.

El núcleo de la serie pasará por la relación que se establece entre Cathy, Adam y Charles. La chica se casa con Adam, pero secretamente está más interesada en su hermano. Y cuando Adam decida que es hora de dejar todo e irse con ella a vivir a Salinas, California, las cosas empeorarán. La llegada al lugar, más que calmar las cosas, las complica, y el embarazo de Cathy —que dará a luz, ahora sí, a Aron y Caleb— no ayudará demasiado, como tampoco logrará hacerlo del todo el bueno de Lee (Hoon Lee), el asistente chino que contratarán para que los ayude con la casa y la educación de los hijos. Poco después del parto, la situación cambiará por completo. Y de allí en adelante la miniserie seguirá, en paralelo, la nueva vida de Cathy y la de su marido y sus dos hijos.

El interés de la serie de Zoe Kazan no pasa solamente por ver si en 2026 y en una plataforma como Netflix puede recuperar algo de la épica potencia de la película de su abuelo, sino también por ver la historia completa que contó Steinbeck, esa apuesta a la Gran Novela Americana en la que transforma la vida de varias generaciones de una familia (en realidad, de dos, ya que la novela desarrolla también a la familia Hamilton, que aquí tienen un rol secundario representado por Ciarán Hinds en el rol de Samuel, vecino de Adam) en una lucha entre el Bien y el Mal, la solidaridad y el individualismo, la ternura y la crueldad. Esa herencia se va repitiendo en cada generación y se mantiene como una constante, lo mismo que la tentación de «pasarse al lado oscuro» con la que lidia todo el tiempo la familia Trask.

Pugh es el centro de atención aquí en el rol de una mujer cuya vida va del empoderamiento a la crueldad, de la independencia a la maldad, una joven que muy pronto en su vida se dio cuenta que no quería ser «la mujer de…» ni depender de nadie y de ahí en adelante empezó a tomar una serie de decisiones alejadas de cualquier concepto clásico de ética y moral. Cathy/Kate es una construcción aterradora, propia del cine y la literatura clásicos, una mezcla de femme fatale con villana de melodrama y con algo de criatura de película de horror. Zoe Kazan encuentra un marco psicológico que explica, aunque no justifica, muchos de sus actos. Para ella, como para los otros «C» (Caínes) de la historia (Charles y Caleb), ceder ante la tentación de cometer actos «impropios» está a la orden del día.

Mientras va contando la historia de los Estados Unidos, la conquista del Oeste, el trato a las minorías (aquí sí está respetado y hasta expandido el personaje de Lee) y la familia entra en negocios «modernos» que no son del todo redituables, Al Este del Edén va dejando expuesto el paralelo lado oscuro a ese sueño americano: los negocios sucios del poder, la justicia y, especialmente, los burdeles en los que esas «respetables» figuras públicas sometían a las mujeres de maneras muchas veces cruel. A lo largo de sus siete horas, la miniserie tiene momentos especialmente reveladores, como la relación entre Cathy/Kate y su madama (Martha Plimpton), casi todo lo ligado al perverso pero a la vez sufrido Charles (Faist, de Desafiantes, es un gran actor) y la nobleza no exenta de severidad del personaje de Lee.

Curiosamente esta East of Eden pierde fuerza cuando se entronca con la trama ya vista en la película de 1955. Para ese entonces la miniserie obliga a otro reacomodamiento, a nuevos personajes y nuevos actores (Aaron y Caleb primero son niños y luego jóvenes encarnados por Joe Anders y Joseph Zada), y a un nuevo ciclo de desesperanza, dolor y sufrimiento que para ese entonces puede empezar a parecer repetitivo, especialmente para Adam, al que Abbott interpreta como el tipo más sufrido de la historia. Zada no es James Dean (por suerte ni intenta parecerse), pero más allá de eso la sensación que uno tiene es que la serie se debilita para cuando llega a su etapa final. No lo suficiente como para invalidar todo lo logrado hasta ese momento, pero impidiéndole un cierre que esté a la altura de lo previo. Ahí sí convendría cambiar de plataforma, buscar una que tenga la película de 1955 y terminar de ver la historia ahí. Es posible que Zoe, en honor a su abuelo, nos perdone la traición…