
Series: reseña de ‘Nocturno’ (‘Nocturne’), de Rowan Joffé (Apple TV)
Un perturbado policía busca a una adolescente desaparecida y trata de conseguir información de su paradero a través de un encarcelado asesino serial. Con Liev Schreiber, Zazie Beetz y Stephen Graham. Se estrenan dos episodios el viernes 30 de octubre, seguidos de nuevos episodios cada viernes hasta el 25 de diciembre. En Apple TV.
Casi todas las figuras narrativas recurrentes de la ficción criminal aparecen englobadas en Nocturne, nueva serie de Apple TV que intenta ocupar un territorio en ese popular mercado del streaming. Se trata de la adaptación de dos novelas, The Sandman y Lazarus, escritas por Lars Kepler, seudónimo que utiliza la pareja de escritores suecos Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho Ahndoril. Cuarta y séptima novela de la saga dedicada al detective Joona Linna (han escrito once hasta el momento), la combinación de esas historias abre un abanico de posibilidades y recursos del género, desde el perturbado detective —todo un clásico del nordic noir— hasta la búsqueda frenética de una niña pasando por un asesino serial y un personaje con muchos puntos de contacto con Hannibal Lecter.
Que Nocturno sea una serie aceptable habla muy bien de su creador Rowan Joffé y su showrunner John Hlavin, quienes han sabido reunirse de un excelente elenco y sostener bastante bien la tensión para lo que en definitiva en un remedo de muchos recursos clásicos del género. Lo que han hecho fue mover la serie de Suecia a Pennsylvania —modificando ligeramente algunos nombres de personajes y cuestiones operativas pero no mucho más— y llamar a un grupo de actores que es capaz de levantar casi cualquier cosa. Liderados por Liev Schreiber, el elenco incluye a Zazie Beetz, Bill Camp, Rory Culkin y, sobre todo, al premiado Stephen Graham.

Schreiber encarna al acá llamado Jonah Lynn, un policía retirado y con un pasado complicado que iremos conociendo de a poco. Cuando aparece un niño casi desahuciado junto a un puente, Jonah es convocado por el actual jefe de policía (Camp), ya que fue él quien se ocupó del caso de los dos hermanitos desaparecidos, que quedó sin resolver tres años atrás. Y es así que todos se ponen a la búsqueda de la hermana, que nadie sabe dónde está. Jonah está convencido de que el caso está conectado con Jurek Walter (Graham), un criminal que está en una prisión de máxima seguridad para personas mentalmente inestables. Y entre ellos tomarán la decisión de enviar a Saga Bauer (Beetz), otra oficial de la fuerza, a meterse tipo infiltrada en esa prisión para conseguir información de su parte.
Es cierto que Jurek —tal como se nos muestra de entrada, cuando lo vemos manipular a guardias y enfermeros— es un tipo peligroso y con un enorme prontuario, pero ya estaba tras las rejas cuando fue aquel crimen. ¿Cómo y por qué sería responsable o sabría algo acerca del paralelo de la chica? Jonah está convencido de que el tipo utiliza su talento casi hipnótico con las palabras, a la Hannibal Lecter, para manipular a los guardias y convertirlos en mensajeros entre él y su cómplice, quien sería el que comete de hecho los crímenes. Y la serie deja en claro que algo así sucede, ya que uno de ellos (Culkin), parece haber caído en sus garras psicológicas.
A lo largo de diez demasiado extensos episodios, Nocturne logra inicialmente plantear muy claramente su universo. Estamos ante una trama criminal tradicional con todos los elementos posibles en juego ya que, además de los recursos citados —el asesino en serie con «poderes», la niña desaparecida, el policía perturbado y la infiltrada en riesgo—, los guionistas le suman la aparición de pistas enigmáticas en un bosque que parecen sacadas de algún episodio extra de la primera temporada de True Detective o las revelaciones ocultas de la vida de Jonah. Nada sorprende mucho en realidad, pero hay algo más o menos placentero en ver cómo una serie logra mantener la tensión más allá de utilizar tramas del manual de la crónica negra.

Y eso se debe más que nada al elenco y a la creación de un ambiente entre lúgubre y de pueblo chico característico de muchas series del streaming. El actor de Ray Donovan transmite muy bien —un tupido bigote ayuda mucho— el agobio, la preocupación y a la vez la obsesión de su Jonah (sí, tiene en su casa un corcho lleno de recortes de prensa del caso pinchados allí), mientras que Beetz encuentra la manera de brindarle fuerza a la inteligente agente a la que su paso como infiltrada en la cárcel se le vuelve un asunto de vida o muerte.
Pero el gran arma de la serie es el actor de Adolescencia, quien toma la posta de lo que hizo el maestro Anthony Hopkins con Hannibal y convierte a su lento, cadencioso y susurrante Jurek en un monstruo temible para todo el que tiene la desdicha de cruzárselo. No le falta hacer mucho. Con algunos palabras dichas al oído y su cara de sufrimiento los convence de ponerse de su lado. Tanto adentro como afuera de la prisión.



