Series: reseña de ‘Toda la verdad – Temporada 2’ (‘The Lowdown’), de Sterling Harjo (Disney+)

Series: reseña de ‘Toda la verdad – Temporada 2’ (‘The Lowdown’), de Sterling Harjo (Disney+)

por - Críticas, Estrenos, Online, Series, Streaming
15 Oct, 2026 10:34 | Sin comentarios

En la segunda temporada de la serie de Sterling Harjo, el periodista de Tulsa de Ethan Hawke investiga un misterio carcelario para una seductora abogada (Betty Gilpin), mientras reaparece en su vida su padre estafador (Tommy Lee Jones). Sus dos primeros episodios ya están disponibles en Disney+

Así como hay cineastas de culto, da toda la impresión de que Sterling Harjo va en camino a convertirse en un creador de series de TV de culto. No porque lo busque. Sus series son divertidas, accesibles, humanas, ricas en color local y en tramas que, a su modo, son atrapantes. Pero hay algo en sus temas, sus escenarios, en su manera old school de narrar y en su dedicación a la observación y al detalle que parece alejarlo tanto del gran público como de las entidades que dan premios. Quizás esto sea lo más raro de todo. Muchas series son pasadas por alto por las grandes audiencias pero son reconocidas por los Emmy y los críticos. En el caso de las series de Harjo —Reservation Dogs y The Lowdown—, los críticos han respondido, pero las entidades que otorgan premios han pasado de largo. La primera tuvo una sola nominación como mejor comedia en tres temporadas y perdió. La primera temporada de Toda la verdad no tuvo ninguna.

Es raro, en un punto, el ninguneo a su obra porque el talento está en evidencia, no hace falta más que ver un rato de cualquiera de las series de Harjo para notar que hay un mundo en ellas que no se ve en ninguna otra parte. Al ver la segunda temporada —tan solo por los nombres que aparecen en pantalla—, uno tiene la impresión que alguien se dará cuenta de esta omisión, pero tampoco estoy muy seguro de que suceda. Harjo sigue siendo un creador muy idiosincrático y particular —de culto, digamos— para la media de las asociaciones que dan galardones. Pero si pudo ganar Widow’s Bay, quizás esta también logre asomar su cabeza.

La escena que abre la segunda temporada de Toda la verdad casi parece una respuesta a todo eso. Tras la investigación periodística que se narró en la temporada pasada, Lee Raybon Jr. (Ethan Hawke) ha ganado el premio al mejor periodista ciudadano de Tulsa, Oklahoma, la ciudad en la que vive y trabaja. El hombre llega, tarde y drogado, a la ceremonia y procede a subir al escenario a recibir el galardón. Su discurso es caótico y el tipo tambalea, pero allí dispara contra colegas «que se venden a los intereses comerciales», los empresarios y los políticos. Lo suyo es descubrir la verdadera cara de Tulsa, dice, cómo su historia oscura aparece en el presente. Pero son muy pocos los que aplauden. Hasta su hija Francis (Ryan Kiera Armstrong) sale de allí corriendo, espantada.

Esa entrega de premios, ironías al margen, es el disparador de una serie de hechos que llevarán adelante la nueva investigación en la que Lee se mete. Pero esta vez no es una nota periodística sino un intento mucho más personal de conquistar a una mujer. En la ceremonia en cuestión la única que parece apreciar su discurso es una tal Ginger (Betty Gilpin, quien ya tiene un Emmy), una abogada también un poco alcoholizada pero seductora, que le cuenta al acelerado Lee que la están persiguiendo unos hombres. El se las arregla —a su caótica manera— para sacarle a los supuestos perseguidores de encima y, en un encuentro posterior, se ofrece a colaborar con ella. Lo que la mujer querrá es que lo ayude a contactar a un cliente que está preso —un tal Mekko— al que no la dejan ver. Y él acepta con gusto.

Es claro que la mujer —que Gilpin interpreta como una mezcla de heroína de comedia screwball y femme fatale— esconde más de lo que dice. Y es a la vez evidente, en su primer encuentro en prisión, que a Lee también le mienten allí. Para el segundo episodio quedará más que claro —hamburguesas, cervezas y armas mediante—, que algo oscuro se teje en esa prisión. Y ese es el hilo que este poco convencional investigador, el hombre con más golpizas recibidas por episodio en la historia de las series de TV, perseguirá al meterse en esos submundos de presos, guardias de prisión e intereses diversos.

Pero la riqueza de The Lowdown suele estar en los márgenes de la trama, aparece en sus desvíos narrativos, sus tangentes y peculiaridades. No es una serie que se ve para resolver una intriga, sino que la intriga es el McGuffin que Harjo nos pone para invitarnos a meternos en este mundo colorido de Tulsa, en el que un librero/periodista como Lee convive con editores, con sus amigos indígenas, dueños de disquerías, políticos corruptos, empresarios locales, policías turbios y otros personajes por lo menos curiosos.

Allí, aparece el otro elemento destacado de la temporada. Y tiene la cara y el gesto de Tommy Lee Jones, que encarna a Lee Sr., su padre, un hombre al que no ve hace años y al que consideraba muerto. Pero el hombre, un pastor retirado de pasado bastante turbio también, regresa a buscarlo, quiere conocer a su nieta y aparenta tener algunas señales de demencia senil. Lee no le cree —sabe que es un viejo tramposo y ventajero—, pero por momentos da la impresión de que sus intenciones son buenas. Como su hijo, puede ser egoísta y embarullado la mayor parte del tiempo, pero parece que le llegó la hora de bajar la guardia y reconectar con su familia. ¿O será todo una trampa de este viejo zorro que no parece tener dinero para sobrevivir?

La segunda temporada se asienta cómoda en los logros de la primera y sigue en una similar tesitura, como un noir sureño que pinta una aldea a partir de ir conociendo a los personajes que rodean un caso criminal que esconde bolsones de corrupción. Con un inicio un tanto acelerado y caótico como su dupla de personajes principales (Gilpin suma tanto o más caos al que Hawke produce por sí solo), la temporada se acomoda a sus tiempos en los siguientes episodios, con escenas más largas, ricas, detalladas y curiosas, como la fascinante conversación entre Gilpin y un cliente (Christopher Mintz-Plasse) al que, foot fetish mediante, logra convencer de que espíe para ella desde adentro de la cárcel. O el encuentro entre Hawke y un ex guardia (Paul Schneider) que hace «las mejores hamburguesas de la ciudad».

¿En qué otra serie de plataforma pueden ver escenas con dos glorias del cine como Hawke y Jones cargándose largas escenas de diálogos como padre e hijo que no se soportan entre sí? Harjo las filma con humor, cierta picardía, pero sin dejar de lado la pesada historia que hay detrás de esta dupla, de esta relación. Y ese es el gran secreto de The Lowdown. Es amena, agradable, a veces hasta tonta, pero tiene clarísimo que lo que cuenta es la historia oscura de una ciudad y de un estado (Oklahoma) que tiene muchos trapos sucios escondidos bajo la alfombra. Quizás Lee Raybon Jr. no sea, en apariencia al menos, la persona ideal para sacarlos a la luz. Pero alguien tiene que ir al frente, soportar los golpes y hacerlo. Y Lee parece ser el único dispuesto a hacerlo.