San Sebastián 2018: crítica de “Nuestro tiempo”, de Carlos Reygadas (Horizontes)

San Sebastián 2018: crítica de “Nuestro tiempo”, de Carlos Reygadas (Horizontes)

por - cine, Críticas, Festivales
30 Sep, 2018 12:31 | Sin comentarios

Lo nuevo del director mexicano de “Japón” y “Batalla en el cielo” es el drama de una “pareja abierta” cuya relación se complica cuando él empieza a tener celos de una persona con la que está su mujer. El propio director y su esposa, Natalia López, protagonizan este drama psicológico, casi terapéutico, sobre las contradicciones de ciertos conceptos de masculinidad en América Latina.

Es un línea muy fina, muy delgada, la que maneja Carlos Reygadas, que en esta película –aún más que en la anterior– está varias veces al borde de caer en una suerte de narcisista ego-trip mezclado con terapia de pareja. Es muy probable, como él dice, que los personajes que en este drama matrimonial que protagoniza el propio director junto a su esposa, Natalia López, con la participación de sus hijos, y filmado en gran parte en su casa, no tenga demasiado que ver con su vida real, pero es muy difícil pensar que si no la tiene, se le parece. Y si esa relación no es fáctica ni se basa en concretos hechos reales, es claro esas emociones y sensaciones propias están en juego ahí.

Eso no es necesariamente un problema: muchos cineastas han actuado en sus propias películas poniendo en juego, si no hechos concretos de sus vidas, a menos sus vivencias, sueños, miedos y experiencias. Uno puede pensar que NUESTRO TIEMPO es un gran what if?, una película en la que Reygadas y López se plantean qué podría pasar si encararan su relación como la que tiene la pareja de la ficción. Y usan el cine como testeo emocional, como prueba de distintos caminos posibles y como cuestionamiento a su propia confusión.

Pese a lo que muchos critican en algunos medios, la película del director de POST TENEBRAS LUX no es una “celebración machista” ni mucho menos. Creería yo que es más bien todo lo contrario, un crudo análisis de las limitaciones de un hombre que piensa que es capaz de vivir una relación de “amor libre” con su pareja y que luego se transforma en un denso y pesado stalker que no la deja respirar un minuto, espiando sus teléfonos, enojándose, disculpándose y volviendo a empezar. Encarnado como dije por el propio Reygadas, el Juan del título parece un buen hombre cuyas limitaciones a la hora de ser parte de esta “relación abierta” lo va volviendo un tanto patético.

Esther (López) es la que se encuentra atrapada en la confusión de su marido, que va y vuelve sobre sus pasos, analizándola hasta el hartazgo y, con recursos discursivos muy convincentes pero finalmente de pura cepa pasivo-agresiva, agotándola. Es que Juan y Esther llevan una relación abierta en lo sexual, pero Juan siente que entre ella y Phil (un hombre norteamericano que se ocupa de los caballos del rancho) hay más que sexo. Que Esther piensa en él y su mirada “amorosa” hoy solo la guarda para este hombre.

Así, entre reproches, cartas, viajes, los acostumbrados líricos planos propios del cineasta (uno, en un avión que baja sobre el CDMX mientras Esther lee una carta, es sublime) e imágenes de sus hijos, amigos, familiares, animales y su propio hogar, NUESTRO TIEMPO se construye como una dura mirada a esa tóxica masculinidad. Pero no a la hoy tan clásica y criticada del abusador, sino a aquella que se esconde y escuda bajo la comprensión y un feminismo, digamos, que solo existe de la boca para afuera.

La película tiene una extensión de casi tres horas que es excesiva, pero salvo por algunas escenas un tanto auto-indulgentes, la película convoca nuestro interés, nos mete en esa pelea de pareja que parece circular, una y otra vez, sobre lo mismo. ¿Es repetitiva? Probablemente lo sea en algunos momentos. Pero ese tipo de situaciones son así: uno las puede discutir, llegar a cierta conclusión en apariencia superadora, para volver a tener la misma batalla emocional una y otra vez. En ese sentido es la más accesible y casi diría convencional de sus películas: sin mucho esfuerzo de alterar su dramaturgia hasta se podría convertir en una obra de teatro similar a ESCENAS DE LA VIDA CONYUGAL

Hasta cierto punto, eso intenta ser la nueva película de Reygadas: actualizar y reformular situaciones como las de la película de Ingmar Bergman. Es obvio que por lo intimista que la película se vuelve, al no parecer existir el pudor público –más que nada por el hecho de ser el propio director y su mujer los personajes– el espectador que lo sabe se incomoda y piensa que se trata de otra pareja burguesa lidiando en público con sus problemas personales. Acaso lo sea, acaso no. Pero eso es lo de menos. Lo cierto es que durante la mayor parte de NUESTRO TIEMPO hay arte y drama suficiente como para convencernos de que la experiencia vale la pena. Al menos, para el espectador…