Berlinale 2016: «Alone in Berlin», «Crosscurrent», «Soy Nero»,

Berlinale 2016: «Alone in Berlin», «Crosscurrent», «Soy Nero»,

por - Críticas
25 Feb, 2016 06:14 | 1 comentario

Hubo coincidencia generalizada en la crítica internacional de que se trató de una competencia bastante floja la de 2016, al punto que debe ser una de las pocas veces desde que vengo a la Berlinale que evité directamente ver muchas de las películas de esa sección, prefiriendo ir a las secciones paralelas, especialmente Forum (Panorama […]

Soy-Nero_poster_goldposter_com_1Hubo coincidencia generalizada en la crítica internacional de que se trató de una competencia bastante floja la de 2016, al punto que debe ser una de las pocas veces desde que vengo a la Berlinale que evité directamente ver muchas de las películas de esa sección, prefiriendo ir a las secciones paralelas, especialmente Forum (Panorama es igualmente irregular). Como muestras/ejemplo de esa mediocridad competitiva,  aquí van breves críticas de tres películas que me decepcionaron en el festival. Una de ellas es directamente pésima, impresentable bajo todo concepto, y más en una competencia. La otra, bastante floja, fallida representante de una tradición de cine chino que supo tener mucho mejores ejemplares. Y la tercera, no pasa de lo tolerable, pero viniendo de un muy buen director se trató de una experiencia decepcionante.

Aquí van los ejemplares menos «rendidores» de la competencia de esta Berlinale.

 

ALONE IN BERLIN, de Vincent Perez.


Alone-in-BerlinUno pensaba que estas películas ya no se hacían más. O, si se hacían, jamás llegarían a una competencia de un festival importante como Berlín. Pero, ya se sabe: novela famosa que transcurre en la misma ciudad y grandes estrellas que pasan por la alfombra roja convencen a ciertos directores de festivales. La película podría haber estado fuera de competencia (y, en su lugar, poner la película de Terence Davies, por ejemplo), pero exponer su mediocridad en competición es casi una ofensa.

ALONE IN BERLIN se centra en una pareja que, tras la muerte de su hijo en la Segunda Guerra, se vuelve contra el Führer y comienza a hacer una suerte de campaña de resistencia poniendo postales críticas a Hitler a través de Berlin, siendo obviamente perseguidos por la policía. Lo temático es lo de menos, en este caso (el filme y la novela se basan en un caso real). Lo incomprensible es la forma. Es la clase de película en la que actores ingleses (Emma Thompson y Brendan Gleeson) hacen de alemanes que hablan en inglés con acento alemán, los actores alemanes (Daniel Brühl) también, los diálogos son de texto de escuela primaria, las caracterizaciones son caricaturescas por no decir absurdas (no tanto Emma y Brendan, pero sí casi todos los demás) y después de un rato uno siente que está viendo algo parecido a una parodia de película de la Segunda Guerra hecha por los comediantes de Saturday Night Live.

Es cierto que este tipo de formato se ha usado mucho en el cine clásico de Hollywood, pero la película tampoco es eso. No se trata de alguna trama de espionaje intensa en la que, como era usual en la época dorada de Hollywood, se usaban estos formatos en ese entonces aceptados. Esto es un drama supuestamente prestigioso hecho en forma de «europudding» (director francés, actores ingleses y alemanes, etc) en el que muchos países pusieron dinero para mostrar que el cine para muchos sigue siendo un negocio de calculados porcentajes de fondos y ganancias en el cual lo último que importa es la calidad y seriedad del producto.

 

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CROSSCURRENT, de Yang Chao.

crosscurrentEl lirismo de cierto cine chino de las últimas generaciones ha dado lugar a grandes películas gracias a directores que saben muy bien cómo enfrentar ese tipo de narrativa poética y poco argumental mediantes formas originales y otorgándoles a sus filmes apuntes sociales sobre el país. Yang Chao no hace más que repetir modos de los cineastas chinos de la Quinta Generación aquí, sin otorgarle a su película otra cosa que una pátina elegante para lo que no es más que una serie de frases de poster de autoayuda (muchos de ellos escritos, textualmente, en la pantalla) que se van exponiendo a lo largo de un interminable viaje a través del río Yangtzé.

Durante dos soporíferas horas, un hombre viaja en una barca llevando una carga «peligrosa» y cruzándose con una misma mujer en cada puerto, leyendo un diario que encuentra en el barco, y obsesionándose con la chica al punto de visitar un templo budista en la que cree escucharla en las paredes. El viaje sigue y sigue y sigue, lo mismo que las frases, sentencias y supuestamente profundas reflexiones de nuestro protagonista. Hay una trama ligada a la carga que llevan (contrabandeada) que no se explora demasiado y que seguramente sería mucho más interesante de desarrollar que este repetitivo poema visual al río que cruza buena parte de China.

Eso sí, la premiada fotografía de Mark Lee Ping-bin (CON ANIMO DE AMAR, casi toda la filmografía de Hou Hsiao-hsien, entre muchas otras) es exquisita. Pero con eso no alcanza para sostener estas interminables dos horas…

 

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SOY NERO, de Rafi Pitts.

soy neroEn lo personal, fue acaso la mayor decepción de la Berlinale. Rafi Pitts (IT’S WINTER, THE HUNTER) es uno de los cineastas iraníes más interesantes y originales en relación al cine que se hace en ese país, si bien es cierto que no vive ni filma allí. Pitts volvió a la competencia de Berlín con un filme acerca de un mexicano que intenta cruzar la frontera con los Estados Unidos, país en el que vivía desde niño pero fue deportado y le es imposible volver a entrar. Logra hacerlo con la intención de encontrar a su hermano y luego anotarse en el Ejército, que garantiza ciudadanía a quienes se unan y combatan en Medio Oriente. A lo largo de dos horas seguiremos las desventuras de Nero: para cruzar la frontera, para llegar a Los Angeles y luego, en el frente de batalla.

Más allá de la intención de hacer una seria denuncia acerca del maltrato a los inmigrantes aún dentro del ejército, lo que la película jamás consigue es tornarse creíble por motivos que para cualquier hispanoparlante resultan más que evidentes: los diálogos en castellano son pésimos, las actuaciones peores aún y los personajes son casi todos caricaturescos, llegando al límite de «castear» como hermanos a dos actores que, bueno, tendrán que verlo para creerlo. Casi como si un latino hiciera una película en China y pusiera un taiwanés y un vietnamita haciendo de hermanos.

Pitts logra de todos modos algunos inspirados momentos –muy pocos–, pero la película da todo el tiempo la impresión de ser falsa, impostada, casi amateur (tampoco los diálogos en inglés son creíbles), en especial en toda la sección que sucede en un caserón en Beverly Hills. Una pena ya que el tema de los inmigrantes que se unen al ejército no ha sido lo suficientemente explorado y merecía una película mejor.