Berlinale 2021: crítica de «Introduction», de Hong Sangsoo (Competencia)

Berlinale 2021: crítica de «Introduction», de Hong Sangsoo (Competencia)

En este breve película en blanco y negro el realizador coreano narra la relación entre dos jóvenes a partir de tres episodios de sus vidas separados en el tiempo.


No puedo abrazar a alguien si no lo siento», dice Youngho, el protagonista de INTRODUCTION. El joven le habla a un famoso actor para explicarle los motivos por los que decidió dejar esa profesión, una que había empezado tiempo atrás por consejo de él mismo, que es amigo de sus padres. Para Youngho actuar es un problema en las situaciones íntimas como esa o besar a alguien. «Me incomodaba a mí y sentía que incomodaba a mi novia», explica. El actor le contestará y su explicación/enojo quizás sea el punto clave de esta breve, simple y cálida nueva película de Hong Sangsoo cuyas tres largas secuencias terminan, no casualmente, con largos y sentidos abrazos.

Como muchos otros films del coreano, INTRODUCTION se divide en partes y en cada una de ellas hay algún tipo de situación en la cual padres les presentan a sus hijos a personas que conocen y que pueden servirles en sus vidas. En la primera de las tres, vemos que Youngho es hijo de un doctor al que descubrimos, apenas empieza la película, bastante torturado emocionalmente. En su estudio de acupuntura recibe y trata al actor en cuestión mientras Youngho –con el que claramente no tiene mucha relación– lo espera afuera conversando con su asistente.

En la segunda conocemos a Juwon, la novia de Youngho, que se ha mudado a Berlín a estudiar moda y está allí con su madre, quien la ha puesto en contacto con un artista coreana que vive allí y con la que podrá convivir, usando un cuarto de su bella casa. Inesperadamente, Youngho se aparece por allí, se encuentran en Postdamer Platz –justo al lado de donde debería estar viéndose esta película de haberse hecho la Berlinale en condiciones normales– y conversan sobre la posibilidad de que él se mude también a esa ciudad.


La tercera parte será la más larga (más de la mitad de la breve película de 66 minutos) y, ya de regreso en Corea algún tiempo después, Youngho irá a almorzar con su madre, un amigo suyo y el actor famoso al que conocimos en el primer episodio. En una de esas conversaciones regadas de alcohol tan caras al cine de Hong, la película irá delineando algunos de sus elusivos temas: las relaciones entre padres e hijos (y, más en general, las intergeneracionales), el debate personal que existe entre cumplir el deseo de los padres y armarse cada uno su propio camino, y el azar que muchas veces rige las decisiones que tomamos en momentos clave de nuestras vidas.

Youngho y Juwon, tanto juntos como por separado, tratan de encontrar conexiones emocionales entre ellos y con el mundo que los rodea. Y sufren cuando notan que eso no sucede o que ellos mismos no logran entrar en ese circuito. La playa y el mar en invierno, desolados, figuras reiteradas en el cine de Hong funcionan aquí también como ese lugar en el que la realidad y el deseo se mezclan, y donde acaso la necesidad de sentir algo verdadero –y no «actuado»– lleve a los protagonistas a tomar algunas decisiones arriesgadas.

Esta es una de las más elusivas películas de las 25 que ha hecho el realizador de EL DIA DESPUES. No hay en ella temas claros ni evidentes y todo parece avanzar regido en cierto modo por la casualidad, la improvisación, la imaginación o el sueño. Quizás la propia película fue hecha de esa manera y en algún sentido esa combinación refleje algún tipo de filosofía cercana a una idea de dejar que las cosas fluyan y que avancen hacia donde tengan que avanzar. Lo único importante, acaso, sea hacerlo con la gente que uno quiere y, al final de todo, poder abrazarlos de verdad.