Berlinale 2021: crítica de «Qué será del verano», de Ignacio Ceroi (Forum)

Berlinale 2021: crítica de «Qué será del verano», de Ignacio Ceroi (Forum)

En esta película argentina, supuestamente armada en base a grabaciones encontradas en una cámara, se cuenta la curiosa y particular historia de un tal Charles, que vive en Montpellier, su mujer, sus perros y su paso por la militancia revolucionaria en Camerún.


Las películas basadas en el «found footage» conforman un género con un amplio abanico de posibilidades, desde las más clásicas a las más raras y originales. ¿Qué es en definitiva ese «material encontrado», esas filmaciones de otro que uno recupera, manipula y hasta utiliza como propias? ¿Qué historias se pueden contar con ellas? Y, yendo aún más lejos, ¿qué pasaría si aquello de «encontrado» acaso no sea tan así? Todo eso puede ser parte del análisis de QUE SERA DEL VERANO, un lúdico juego, experimental y narrativo a la vez, del realizador argentino Ignacio Ceroi (UNA AVENTURA SIMPLE) que debutó en la sección Forum de la Berlinale.

No se trata, de todos modos, de intentar dilucidar qué es cierto, qué es falso, qué es inventado y qué no es. Eso es algo que no se recomienda ni en esta ni en ninguna otra película que no sea un estricto documental de investigación. Ceroi juega a partir de ese registro y lo admite, abiertamente, en la voz en off que recorre su film. QUE SERA DEL VERANO arranca desde la autobiografía… o eso es lo que parece. Es el propio Ceroi el que habla, cuenta y muestra imágenes de su viaje a Europa a fines de 2019 a pasar unos meses junto a su novia, Mariana, que se había ido a estudiar a Francia. Estando ahí, el director compra una cámara y lo que descubre allí adentro será el disparador de la película.

Al parecer, el anterior dueño dejó en la memoria de la cámara material grabado por él que el director encuentra fascinante. Interesado en hacer algo con eso trata de ponerse en contacto con ese dueño y termina dando con un tal Charles Louvet, de Montpellier, a quien además vemos en algunos de los videos que la película muestra mientras cuenta la historia. Ceroi le cuenta de sus intenciones de hacer «algo para cine» con ese material, le pide permiso y algunos datos, y ahí se inicia una correspondencia entre ambos que da pie al resto de la historia. Más allá de la innegable realidad empírica de lo que las imágenes muestran (no parecen haber trucos en ese aspecto), cuánto es cierto de lo que se cuenta es algo que jamás sabremos.


Y es a partir de ahí que la película avanza, contando la supuesta vida cotidiana de Charles, su mujer y, especialmente, de sus tres perros. De a poco las actividades ordinarias del hombre, su familia, sus amigos y sus animales se van enrareciendo, incluyendo un viaje suyo, solo, a Camerún adonde va tras conseguir un trabajo en la Embajada. A la vez, Ceroi vuelve varias veces a su propia situación en Francia, con su novia y narra algunas de sus supuestas experiencias allí.

Hay algo bastante cercano al cine de Mariano Llinás en la combinación de relato en off e imágenes –por un lado– y también en la manera en la que la historia va tomando lúdicos caminos aventureros incorporando historias de amor y situaciones vividas en la selva africana junto a militantes revolucionarios, curanderos y hasta con gorilas. Ceroi lee las historias que Charles le cuenta por escrito y muestra las imágenes que él se olvidó en la cámara aunque a esta altura cualquiera se da cuenta que nada de eso es estrictamente cierto.

De todos modos, las imágenes sí lo son y QUE SERA DEL VERANO va metiendo al espectador en una «ficción encontrada» que va de lo cotidiano de sus inicios a una suerte de noticiero sobre la violencia política en Camerún casi sin pausa. Es cierto que la propia estructura en capas de significados de la película impide a veces adentrarse del todo en lo que sucede, ya que es imposible no pensar en el propio status de lo que se muestra y, a la vez, se cuenta. En ese sentido, siempre está el riesgo que el dispositivo se coma a la trama. Y si bien eso sucede en ciertos momentos, el propio peso de la realista fantasía que se crea aquí logra atravesar el guiño y llevarse por delante la natural incredulidad del espectador. Las imágenes, después de todo, son las que cuentan.