Cannes 2021: crítica de «A Chiara», de Jonas Carpignano (Quincena de Realizadores)

Cannes 2021: crítica de «A Chiara», de Jonas Carpignano (Quincena de Realizadores)

por - cine, Críticas, Festivales
12 Jul, 2021 01:17 | Sin comentarios

Tercera parte de una trilogía que transcurre mayormente en Calabria, la nueva película del realizador italo-norteamericano se centra en las experiencias de una adolescente que descubre que su padre puede ser miembro de la mafia local, la ‘Ndrangheta.


Cierre probable de una trilogía que se comunica entre sí más por cruces específicos (de personajes) y por mostrar distintas facetas de un mundo (la provincia de Reggio Calabria, más específicamente Gioia-Tauro) y su relación con los distintos tipos de actividades delictivas de la zona que por contar una historia unificada, A CHIARA va más directamente al grano del mundo criminal a una escala más grande –la llamada ‘Ndrangheta, la mafia calabresa– pero desde una perspectiva lateral: contando las vivencias y las experiencias de la tal Chiara Guerassio, hija adolescente de un hombre que, aparentemente, está ligado a esa organización.

Durante su primera parte –que, a su manera, recuerda el inicio de EL PADRINO–, lo que vemos es una extendida y bien italiana ceremonia familiar: el cumpleaños de 18 de Giulia, la hermana mayor de Chiara (son tres, hay también una muy simpática e intensa niña pequeña; toda la familia está interpretada por una familia real, los Rotolo), en la que se reúnen tíos, primos, parientes y amigos en un clima festivo y cordial. Ya de entrada podemos ver que Claudio, su padre, tiene algunos encuentros con gente en sectores alejados de la casa o el salón de fiestas. Pero Chiara está demasiado metida en su mundo –básicamente, mirar instagram y fumar con amigas– como para prestarle demasiada atención a lo que él hace.

Tras un evento musicalizado con pop y reggaeton al uso y en el que suceden distintas cosas que cobrarán cierto peso más adelante –la imposibilidad del padre de dar un discurso en la fiesta, la idea que Chiara tiene de que él prefiere a Giulia, algunos encontronazos en la calle con parientes que la ven con drogas– sucederá un hecho inesperado: el coche familiar explota frente a su casa y su padre desaparece del mapa, se convierte en un fugitivo. Para la chica es todo miedo y sorpresa, pero luego mira las noticias y se desayuna con lo que allí se informa: que Claudio es un capo de la ‘Ndrangheta en cuestión y que se ha escapado de las autoridades.


Para la chica no solo es un descubrimiento brutal –no es lo único que descubre además–, sino que lo más curioso del asunto es que nadie en la ciudad parece querer mencionar el tema y se hacen los distraídos. Chiara encuentra que ni sus amigas la sostienen en esta crisis en la que entra. Y no tiene a quien recurrir más que a su propia y caótica voluntad de saber más sobre su padre. La verdad, de ser posible. Y, claro, ¿dónde está? Pero algo interrumpe su búsqueda –ya verán qué es– y la obliga a replantearse cosas aún más severas. No solo saber si su padre es o no un «mafioso» sino tomar la decisión de hacer algo al respecto, si seguir viviendo en esa situación o tomar alguna decisión sobre su vida.

Con quizás un grado mayor de «ficción» que sus anteriores films –que también optaban por esa mezcla híbrida que incluía personas reales interpretándose a sí mismas– y con algunos momentos que podrían entrar en la categoría de lo «fantástico», A CHIARA continúa la evolución cinematográfica de Carpignano dentro de un esquema de realismo urbano, callejero, que lo conecta tanto con el cine italiano que habla de las mafias y corrupción como con las versiones norteamericanas de esas historias. Es sabido que Carpignano fue apadrinado por Scorsese –el realizador, de hecho, nació en Nueva York y la mayoría de sus biografías lo describen como ítalo-americano– y algunas cosas de esta película me hacían pensar en que podría ser similar a LOS SOPRANOS contada desde la perspectiva de Meadow, la hija adolescente de Tony. La madre, además, se llama Carmela…

Carpignano pone –especialmente en la segunda hora de un film que podría haber sido un tanto más breve– todo el peso de la historia en Chiara y en su manera de lidiar con la aparente mentira que fue su vida hasta el momento. Aparecen problemas con la sigilosa madre, con las amigas, con el estricto colegio, con los romaníes que viven en Ciambra (ahí aparecen personajes de A CIAMBRA, —ver crítica acá— película anterior del director e inclusive algunos de MEDITERRANEA, la primera) y con las autoridades sociales que tratan de romper el control de la ‘Ndrangheta en la zona.

Como en sus anteriores film, el realizador no crea héroes ni villanos, no distribuye culpas ni elige bandos. Presenta un mundo complejo y un personaje, de apenas quince años, que tiene que entender cómo vivir en él. En la aparente coda del filme –unos diez minutos finales excepcionales–, la trama deposita a Chiara y al espectador ante una situación rara, inesperada, claramente scorseseana. Y la película, quizás con ironía, quizás no, da otra vuelta de tuerca sobre los temas que trata. Que son las relaciones familiares, los afectos, la experiencia cotidiana pero, fundamentalmente, el poder y el dinero. Y la tentación de estar siempre cerca de ellos.