Ciclos: críticas de Han Cine – Festival de Cine Coreano (Cine.ar)

Ciclos: críticas de Han Cine – Festival de Cine Coreano (Cine.ar)

Comienza la octava edición del ciclo de cine coreano que permitirá ver largometrajes de distintos géneros y estilos, desde comedias románticas y dramas, hasta films de acción, animación y cine independiente. Aquí, algunas críticas y recomendaciones.


Del 6 al 26 de septiembre de 2021 se realizará en la Argentina la octava edición del HAN CINE – Festival de Cine Coreano, organizado por el Centro Cultural Coreano (CCC) en Argentina, que nuevamente se hará en forma online en conjunto con el INCAA a través de su plataforma CINE.AR PLAY y como parte de sus actividades en camino hacia la 36° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata que tendrá lugar en el mes de noviembre.

La programación esta compuesta por 13 películas exclusivas que muestran el panorama de una de las industrias de cine más potentes del planeta, de forma gratuita y sin restricciones para todo el territorio argentino. Acá van críticas de cuatro títulos que me parecen entre los más interesantes de la programación entre los que vi y recomendaciones de otros films que no he visto pero que tuvieron buenas críticas y premios en Corea y en festivales. La programación completa la pueden chequear por acá.



EL HOMBRE DEL PRESIDENTE, de Woo Min-hoo. Quizás el caso no sea lo suficientemente conocido en la Argentina entonces no revelaremos su final, si bien es algo que se anticipa en la primera escena del film. Digamos, entonces, que este exitoso thriller político que Corea envió como representante al Oscar por su país en 2020 –un año después que PARASITE se ganara todo– transcurre entre septiembre y octubre de 1979, durante los 40 días previos al intento de asesinato del presidente de facto Park (el hecho es real, pero muchos de los nombres han sido cambiados) que gobernaba el país desde 1961. El protagonista es el que da título al film, el director de la KCIA (la poderosa central de inteligencia coreana), Kim Gyu-pyeong, compañero de Park desde la «revolución» que los llevó al poder pero que hoy tiene muchas diferencias con el primer mandatario.


El film estructura dos tensiones paralelas. Por un lado, los manejos de espionaje e investigaciones de la CIA norteamericana que presiona a Park a partir de poseer supuestas informaciones de secretas cuentas bancarias del gobierno en el exterior. El denunciante es Park Yong-gak, un ex director de la KCIA, hoy enemigo del gobierno. Kim se ve acorralado entre la fidelidad profesional al presidente y su relación con el «soplón» del régimen. Y lo mismo pasa en su relación con los Estados Unidos: no quiere ser un títere de la CIA pero escucha las presiones de ese gobierno que se opone a Park.

El otro asunto es aún más pesado y se conforma como una suerte de triángulo de poder (y hasta de celos, podría decirse), entre el presidente Park, el tal Kim y Kwak Sang-cheon, el Jefe de Seguridad presidencial. Los dos compiten por la atención del presidente desde distintas perspectivas: Kwak es algo así como el halcón que quiere acabar con cualquier amenaza como sea (cuando hay marchas contra el gobierno propone salir a matar a los manifestantes aunque sean 2 millones) mientras que Kim parece más cauto y preocupado por una digna salida a la democracia. Si el atentado estuvo ligado a temas políticos o a asuntos personales eso se debate hasta el día de hoy. La película da a entender que las dos cosas son concurrentes.

EL HOMBRE DEL PRESIDENTE se divide bastante claramente en dos partes. La primera trata de pintar un panorama que incluye a decenas de personas con asuntos políticos/económicos por resolver mezclado con una trama de espionaje internacional oficinesco en un estilo más cercano, si se quiere, al de una novela de John Le Carré. Es un comienzo un tanto confuso pero que se va ajustando cuando se aclaran los ejes principales del relato. La segunda hora está más centrada en la acción: una tensa secuencia de acción en París seguida del atentado en sí, igualmente intenso y violento.

Con mucho presupuesto, escenarios internacionales, un enorme elenco y una prolija aunque un tanto académica construcción, la comercialmente exitosa película de Woo es un efectivo entretenimiento que seguramente será más y mejor apreciado por los que tienen un mínimo conocimiento de los hechos relevantes de la política de ese país durante el último medio siglo. Para los demás, el film sirve, además de como sólido thriller, para conocer secretos oscuros de la política coreana antes de su boom económico y su paso a la democracia en la década siguiente. Un país que parece muy distinto al que conocemos hoy.



LA MUJER QUE ESCAPO, de Hong Sangsoo. Con el correr de los años, tengo la sensación que el cine de Hong Sangsoo se está volviendo, de ser eso posible, cada vez más simple, más básico, más esencial. En la extraordinaria THE WOMAN WHO RAN ya no le hace falta ningún juego temporal, ningún recurso de guion simpático y ninguna solución aparentemente fantástica para lidiar con los asuntos centrales a cualquier ser humano. Alcanza, solamente, con armar una serie de conversaciones entre personajes teniendo un sutil eje en común y ya. No me extrañaría que la próxima película de Hong sea solo un largo y único plano. O, quién sabe, acaso hasta una obra de teatro.

Estarán quienes piensen que su nueva película podría ser tranquilamente puesta sobre un escenario. Y tendrían acaso razón, pero eso no le quita absolutamente nada a su gracia, a su verdad, a su conexión con lo que tiene que contar. La película consiste en tres encuentros –y sus breves e inesperadas derivaciones– que tiene Gamhee (Kim Minhee) a lo largo de lo que parecen ser unos pocos días en los que su marido se fue de viaje de negocios y ella fue a visitar a amigas. (Crítica completa, aquí)



EL GANGSTER, EL POLICIA Y EL DIABLO, de Lee Won-tae. Parece difícil creerlo viendo la película, pero si uno se guía por lo que dice un cartel al comenzar la película, esta historia se basa en un hecho real. Vamos a suponer que es una adaptación bastante libre de un hecho específico que tal vez haya ocurrido en Corea. Pero más allá de esas casualidades imposibles (de esas que permiten usar la frase «la realidad supera a la ficción»), el punto de partida es intrigante y se sostiene a lo largo de este muy efectivo thriller que se estrenó en la sección medianoche del Festival de Cannes 2019.

¿Cuál es la casualidad? Resumiendo: hay un asesino en serie suelto en Seúl, buscado por la policía. Es uno que mata a gente en apariencia al azar, a muchos de ellos a la noche y en la ruta, chocándolos primero de atrás con el auto. El tipo no tiene mejor idea que intentar hacerle eso mismo a Jang Dong-soo, un poderoso capo de la mafia local, sin saber con quién se mete. El violento gangster se resiste, ambos terminan malheridos y el asesino se escapa. Y el gangster terminará viéndose forzado a trabajar en conjunto con la policía para atraparlo.

Es, claro, una convivencia forzosa ya que Jung Tae-suk, el policía que investiga el caso, tiene al mafioso en cuestión entre ceja y ceja, pero por otros asuntos. La colaboración entre las fuerzas es complicada –digamos que la mafia tiene más chances de encontrar al criminal que la policía, más informantes y gente en la calle– y tiene sus bemoles, además, porque también hay una banda mafiosa rival que enreda y enturbia más aún las cosas. Y a falta de problemas, no todos los policías parecen estar alineados entre sí, por diversas razones.

Este triángulo raro de investigación sirve como punto de partida para lo que más y mejor se hace en estas películas coreanas: intensas escenas de acción, peleas, persecuciones y traiciones inesperadas. La trama es lo suficientemente compleja como para ir generando intriga pero no sé vuelve demasiado retorcida ni impenetrable, como a veces pasa en ciertos thrillers de ese país. De hecho, tras su paso por Cannes, se compraron los derechos para hacer una remake hollywoodense, con Sylvester Stallone a la cabeza. Quizás sea innecesaria. La versión original tiene los condimentos que hacen falta para ser un gran entretenimiento popular. Y con eso debería ser suficiente.



HERMANOS DE UNA NOCHE DE VERANO (MOVING ON), de Yoon Dan-bi. Los dramas familiares son, por decirlo de algún modo, la dieta diaria más consistente del cine asiático. Seguramente han tenido más éxito y difusión las películas de acción, suspenso o de artes marciales, pero sin este «alimento» el cine de países como China, Japón, Taiwán y Corea no sería lo que hoy es. El film coreano MOVING ON es un agregado más que digno a esa gran tradición que tiene cultores célebres que van desde Yasujiro Ozu a Hirokazu Kore-eda. El cine coreano, por lo general, tiende a incorporar los dramas familiares dentro de estructuras narrativas un poco más complejas y ambiciosas (se podría decir que PARASITOS es un drama familiar, sin ir más lejos, o ESTACION ZOMBIE), pero el tema sigue estando ahí y es claramente central a esa cultura.

Digo esto porque uno, al empezar a ver MOVING ON, podría tener la sensación de estar ante una película japonesa. De no ser por ciertos datos (el idioma, para empezar, si es que uno lo sabe o al menos reconoce sus diferencias; o las casas) todo se siente como un relato a lo Kore-eda. El film premiado en el Festival de Busan 2019 –pasó luego por Rotterdam y San Sebastián, entre otros– cuenta la historia de la adolescente Ok-joo y su familia. La historia comienza cuando ella y su pequeño hermano Dong-joo deben mudarse de su casa con su padre e irse a vivir a lo de su abuelo. Es que su papá se ha quedado sin dinero y su esposa los ha abandonado, por lo que no les queda otra opción que recalar en el hogar del anciano, que es mucho más grande que el que tenían. (Crítica completa, aquí)


Además de estos cuatro films, otros títulos premiados y recomendados son LA CASA DEL COLIBRI, de Bora Kim; KIM JI YOUNG: NACIDA EN 1982, de Kim Do-Young; SUEÑO PROHIBIDO, de Hur Jin-ho y, para los que quieren ver películas de acción, LLUVIA DE ACERO: LA CUMBRE, de Yang Woosuk.


Del 6 al 26 de septiembre, gratis por la plataforma Cine.ar Play.