Estrenos online: crítica de «Munich en vísperas de una guerra», de Christian Schwochow (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Munich en vísperas de una guerra», de Christian Schwochow (Netflix)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
21 Ene, 2022 02:53 | comentarios

Esta ficción histórica basada en una novela de Robert Harris («Enigma») toma como eje la firma de los Acuerdos de Munich de 1938 y los intentos de dos viejos amigos de impedirla. Con George MacKay, Jannis Niewöhner y Jeremy Irons. Estreno de Netflix del 21 de enero.


Buena parte de la obra literaria del escritor Robert Harris (ENIGMA, PATRIA) se apoya en lo que se conoce como «ficción histórica», fundamentalmente la que funciona a partir de crear personajes ficticios interactuando con otros reales en circunstancias y momentos claves de la historia. MUNICH EN VISPERAS DE UNA GUERRA se basa en su libro llamado originalmente solo MUNICH (título inutilizable en cine ya que existe una conocida película de Steven Spielberg que se llama así) y sigue al pie de la letra ese formato. Es una historia que transcurre antes, durante y después de los llamados Acuerdos de Munich que se hicieron en septiembre de 1938 entre las potencias europeas para resolver la crisis territorial entre Alemania y Checoslovaquia, además de intentar evitar un entonces potencial escalamiento bélico en el continente. Y los dos protagonistas principales son personajes inventados para la ocasión.

El formato narrativo de la historia original y la puesta en escena de la película están armados a partir de una similar idea que algunos llamarán clásica y otros convencional o académica ya que, salvo por algunos apuntes específicos, bien podría parecer un film rodado en los años ’60 o ’70, un ejemplar más de esa especie de cine best-seller de intriga política que tendía a hacerse muy seguido en esos años. Más allá de un actor en común (Alfred Diehl haciendo de otro personaje temible), nada tiene la película de propuestas más radicales como BASTARDOS SIN GLORIA. Aquí lo que se propone es crear un núcleo de personajes ficticios que sirvan para dramatizar el conflicto político que se vivió en ese lugar y momento. Y funcionar como una indirecta lección de historia.

El protagonista es Hugh Legat (George MacKay, de 1917), un ficticio personaje británico que trabaja a las órdenes del verdadero primer ministro inglés Neville Chamberlain (Jeremy Irons, notable en un papel complicado). Es un joven diplomático y también traductor que, a último momento, es invitado a ser parte de la comitiva oficial de su país a la cumbre de Munich, armada para evitar una posible escalada bélica entre Alemania y el resto de las naciones de Europa a partir de una invasión nazi a Checoslovaquia que, temen algunos, podría seguir hacia otros países de la región. En Gran Bretaña son pocos los que quieren ir a una guerra y Chamberlain viaja allí convencido que lo mejor para todos es una tregua.


En paralelo, en Alemania, Paul von Hartman (Jannis Niewöhner, de BERLIN STATION) trabaja para el gobierno de su país pero está preocupado por el avance belicista y el antisemitismo de Hitler. Legat y Von Hartman se conocen de la época en la que ambos estudiaban en Oxford –en 1932, como se ve en una escena que abre la película– pero se distanciaron entonces porque Paul apoyaba al führer, que recién aparecía en escena, para el desconcierto de Hugh. A lo largo de esos años, por motivos que la película contará luego, Von Hartman se distanció del controversial líder y ahora trata de complotar desde adentro para frenar sus ambiciones de conquista, de la manera que sea. Y sabe, por información fidedigna sobre sus planes militares a futuro, que Hitler no tiene intenciones reales de cumplir ningún tratado ni respetar treguas.

El film narrará los preparativos para ese encuentro, centrándose en la relación entre Legat y Chamberlain por un lado y en cómo Von Hartmann empieza a tener acceso al mismísimo führer (Ulrich Matthes), por otro. Promediando el relato, la acción se concentrará en Munich y en el reencuentro de los dos viejos amigos que hoy están en lados opuestos aunque tienen muchas cosas en común. De allí en adelante, MUNICH se centrará en los eventos oficiales y formales entre los mandatarios, pero más que nada en los movimientos de piezas, los intercambios de información y en las reuniones secretas que ambos organizan para intentar frenar ese acuerdo que, como todos saben, no evitaría ninguna guerra.

Dirigida por el germano Christian Schwochow (LA LECCION DE ALEMAN, PAULA, JE SUIS KARL), la película funciona bastante bien a la hora de tratar de entender el contexto que rodeaba a los líderes de Gran Bretaña y Alemania a la hora de firmar ese controvertido acuerdo, poniendo al espectador como testigo privilegiado de un momento histórico previo a la guerra, en el que pocos podían imaginar qué es lo que iba a suceder después. Si bien Hitler ya había dado muchas pruebas de algunos de sus planes y de su ambiciosa e inestable personalidad, los negociadores en 1938 no contaban con la información que tienen los espectadores. Chamberlain, fundamentalmente, creía que con ciertas concesiones se podría contener al irrefrenable führer.

El drama personal entre Hugh y Paul –sus historias de Oxford, así como las vidas personales y familiares de cada uno–no aportan demasiado. Están claramente estructuradas para marcar las distintas posiciones políticas en ambos frentes, ya que tanto uno como el otro se oponen a la firma del acuerdo. Su diferencia principal está en que el más intenso y apasionado alemán parece dispuesto a arriesgar su vida para detener lo que ve como un inminente conflicto bélico mientras que su amigo inglés prefiere cuidar las formas y, a la manera británica que tanto le molesta a Paul, mirar para otro lado con cara de que «yo no tengo nada que ver».

Con sus extensos 135 minutos de duración, MUNICH AL BORDE DE UNA GUERRA (difícil entender el uso de «una guerra» y no «la guerra») raramente se escapa del formato clásico elegido, maneja ese tipo de diálogos expositivos/explicativos que bordean lo tedioso y siempre se mantiene dentro de una corrección, sí, un tanto británica que fastidia a los alemanes, aún cuando la tensión supuestamente debería ir creciendo. Si no crece es porque sabemos el resultado final de esas reuniones, es cierto, pero también porque a la película parece faltarle un poco de sangre en las venas como para impactar de manera más intensa en el espectador. Más allá de eso –y de actores como el citado Diehl o Sandra Hüller, que tienen papeles demasiado pequeños–, se trata de uno de esos relatos históricos tradicionales que tienen su valor como repaso de un momento importante a la hora de entender el desarrollo trágico de la Historia del Siglo XX.