Festival de Rotterdam 2022: crítica de «Corsini interpreta a Blomberg y Maciel», de Mariano Llinás

Festival de Rotterdam 2022: crítica de «Corsini interpreta a Blomberg y Maciel», de Mariano Llinás

En este documental, el realizador de «La flor» convoca a Pablo Dacal y a tres guitarristas para grabar clásicas canciones interpretadas por Ignacio Corsini que hacen referencia a los enfrentamientos políticos entre unitarios y federales en la Argentina del siglo XIX. En la sección Harbour del Festival de Rotterdam.


Tras el estreno, el año pasado, de CONCIERTO PARA LA BATALLA DEL TALA, el realizador continúa con su exploración, con mucho de musical, del pasado argentino, más precisamente de la etapa de los enfrentamientos entre unitarios y federales. Este pequeño pero ambicioso proyecto consiste, en principio, en convocar a un grupo de artistas para grabar una nueva versión del álbum «Corsini interpreta a Blomberg y Maciel«, una colección de canciones criollas que el cantor Ignacio Corsini grabó entre las décadas del ’20 y ’40 y que fueron escritas por Héctor Pedro Blomberg (letra) y Enrique Maciel (música). La particularidad de esta serie de temas –valses, cielos, vidalas, estilos, tangos y milongas– es que las letras de Blomberg usaban como contexto, para sus historias en su mayoría trágicas de amor/desamor, la época de la Confederación Argentina de Juan Manuel de Rosas y las luchas entre políticas de la década de 1840. Una de ellas, sin dudas, la conocemos todos: «La pulpera de Santa Lucía» (ver álbum al final de la crítica).

Llinás y sus coprotagonistas Agustín Mendilaharzu (director de fotografía del film) y Pablo Dacal (quien canta las nuevas versiones de las clásicas canciones, junto a tres notables guitarristas) presentan y organizan los distintos formatos en los que se divide CORSINI INTERPRETA… Por un lado, entre los tres discuten –con sus diferencias políticas– las letras de los temas, analizando el específico contexto al que hacen referencia: Llinás dice tener una «posición equidistante» entre unitarios y federales, aunque se va volviendo obvio que eso no es tan cierto, Mendilaharzu dice tener una posición similar mientras que Dacal pone en duda las constantes referencias a «la sangrienta tiranía» del federalista Rosas e intenta llamar la atención también sobre los crímenes cometidos por unitarios. Lo más rico aquí pasa, a la vez, por la especie de diccionario idiomático y de referencias de las canciones que el trío produce, permitiendo adentrarse mucho más a fondo en el mundo que evocan las canciones.

A la vez, el trío –jugando a ser improvisados documentalistas– recorre la ciudad de Buenos Aires y alrededores visitando algunos de los sitios históricos que se mencionan en las canciones, en especial las parroquias del centro de la ciudad, citadas en temas como «La mazorquera de Monserrat», «La guitarrera de San Nicolás», «La bordadora de San Telmo» y «Los jazmines de San Ignacio», entre otras, incluyendo un paso por San Andrés, donde está ubicado el Museo Casa de Rosas y en la que recordarán la historia de Camila O’Gorman a la que hace referencia «La guitarrera»… A estos dos movimientos, Llinás le agregará la grabación de las canciones en sí, de las voces en off y algunos ensayos con actores para posibles ficcionalizaciones de esas historias, las que –a juzgar por el enigmático final del film– seguramente retornarán en nuevos episodios de este recorrido del director de LA FLOR por la época y sus personajes.


CORSINI INTERPRETA… es un lúdico y a la vez provocativo ensayo sobre la historia política argentina (y no solo la del siglo XIX, por más que Llinás no menciona nada posterior a la época) que seguramente deparará, como ya pasó con CONCIERTO…, una serie de discusiones y debates online al respecto. No es el objetivo de esta crítica entrar en esos territorios sino analizar la manera en la que Llinás y equipo abordan su temática. Y lo cierto es que lo hacen muy bien, encontrando una forma de presentar ese mundo que evocan las canciones de una forma alejada de cualquier academicismo, tanto educativo como cinematográfico. Los espectadores no adeptos al sinfín de autoreferencias de las películas de El Pampero quizás encontrarán a la propuesta un tanto «ombliguista», pero lo cierto es que, salvo en algunas pocas ocasiones, la aparición del «elenco» está justificada por la propia idea de ensayo/debate que tiene este documental.

Por otro lado, están las canciones. Gracias a la voz experta de Dacal que, a pesar de algunas inflexiones más «modernas», respeta muchísimo las versiones popularizadas por Corsini, acompañado por tres excelentes guitarristas (Gustavo Semmarin, Julio Sleiman y Muhammad Habbibi Guerra), el llamado «cancionero federal» de Blomberg/Maciel sigue sonando impecablemente. Aquí, por la propia lógica de la película, el espectador pondrá más que nunca el acento en las imágenes y en los personajes que las letras evocan, pero la belleza de estos valsecitos y milongas criollas también pasa mucho por lo musical. Es cierto que, por momentos, la verborragia y energía propias de Llinás y compañía distraen la atención de la escucha musical –cuando la cámara, especialmente sobre el final, se dedica solo a capturar la grabación de temas completos la experiencia se vuelve muy placentera–, pero ese carácter entre juguetón y ampuloso, entre estudioso y provocador, es parte indudable de la propuesta del director de BALNEARIOS. En esta y en todas sus otras películas.