Estrenos online: crítica de «El proyecto Adam», de Shawn Levy (Netflix)

Estrenos online: crítica de «El proyecto Adam», de Shawn Levy (Netflix)

Ryan Reynolds protagoniza este film de ciencia ficción y aventuras acerca de un hombre que viaja del 2050 al presente para tratar de impedir algo trágico que sucedió. Y en el camino se topa con sí mismo, con doce años. Con Jennifer Garner, Mark Ruffalo y Zoe Saldaña. Estreno de Netflix.


Sin ser realmente una mala película, EL PROYECTO ADAM representa muchas de las cosas que están mal en el cine contemporáneo. Presentada como una suerte de homenaje a cierto cine de aventuras de los ’80 al estilo VOLVER AL FUTURO, lo nuevo del director de FREE GUY tiene la capacidad de capturar esa lógica espectacular pero íntima a la vez, grandilocuente y personal, que hicieron clásicas a esas películas spielberguianas. Y su arranque lo deja en claro. Por ahí pasan E.T., ENCUENTROS CERCANOS DEL TERCER TIPO, POLTERGEIST y éxitos posteriores ligados a los juegos con el tiempo tomados de un modo lúdico y con una mirada infantil, como lo hacían películas como QUISIERA SER GRANDE. Pero la ilusión durará poco.

THE ADAM PROJECT se apoya en una idea que bien podría ser equiparable a la de aquellos films. El problema es que está hecha ahora, en un universo más preocupado porque el espectador se aturda con combates, peleas y efectos especiales digitales de todo tipo una y otra vez. Nadie está en contra de que los conflictos personales o emocionales se pongan en acto mediante la aventura –de hecho, ese es el modelo clásico a partir del cual existe buena parte del cine de Hollywood–, pero en el film de Levy esa aventura no tiene peso alguno, ni gravedad, ni lógica. Es un videojuego insertado en medio de una película que no lo necesita.

Adam Reed (Walker Scobell, todo un descubrimiento) es un chico de doce años sagaz y ocurrente que vive soportando a los bullies de su escuela. Vive solo con su madre Ellie (Jennifer Garner) ya que su padre ha fallecido en un accidente. Ella está intentando volver a las citas y una de esas noches, en las que Adam está solo con su perro en la casa, escucha fuertes ruidos y ve extrañas luces en el patio. Lo que encuentra –algo que imaginamos ya que la intro nos dejó en claro que alguien viaja para ahí a través del tiempo– es a sí mismo. Sí, al propio Adam (Ryan Reynolds, con su habitual tono sarcástico pero más en «contacto con sus emociones»), ya con 40 años, topándose con su versión preadolescente.


Durante su primera y mejor parte, THE ADAM PROJECT se dedica a lidiar con el caos y la confusión que eso presenta, en especial todo lo ligado a la relación que el pequeño Adam tiene en el presente con su madre y su fallecido padre en función de lo que el Adam adulto recuerda, que no es exactamente lo mismo. Encuentros emotivos del Adam adulto con su madre (que no sabe que es su hijo), una muy simpática química entre las dos versiones del protagonista y las clásicas curiosidades ligadas a los viajes en el tiempo («ambos» vieron VOLVER AL FUTURO y se hacen las preguntas de rigor) conforman este tramo del film, que parece contentarse con ser una amable y efectiva comedia dramática.

Pero la ilusión no durará demasiado. Sabemos que Adam volvió de 2050 al pasado con un objetivo ligado a tratar de reparar algunos de los desastres que la invención de los viajes en el tiempo generaron, pero a la vez lo mismo hicieron los que no quieren que nada de eso se cambie. De ahí en adelante, como la más digital de las TERMINATOR, la película virará a la acción pura, las persecuciones y luchas grandiosas y totalmente alejadas al resto del tono del film. Y media película se perderá en esas rutinarias escenas con estética de videojuego bélico que no tienen demasiada tensión y se alargan ad infinitum.

A lo largo de la cambiante trama –que va agregando tiempos narrativos y personajes interpretados por Zoe Saldaña, Mark Ruffalo y Catherine Keener–, el costado emocional/familiar irá perdiendo peso en medio de estos combates repletos de CGI. Por suerte, como su inicio establece bastante bien las prioridades y problemas de los protagonistas, cuando Levy regrese a algo más personal la película volverá a tomar aire y a crecer, algo que se logra también gracias a la química entre los actores. Pero no será lo mismo. Nuestra conexión con ellos ya estará un poco quebrada y la sensación no solo será de que se trata de una oportunidad perdida, sino que ya es imposible hacer una película popular, familiar y accesible con la combinación entre lo épico y lo íntimo que tenían aquellos clásicos de los ’80.