Series: reseña de «La escalera – Episodios 1/3», de Antonio Campos (HBO Max)

Series: reseña de «La escalera – Episodios 1/3», de Antonio Campos (HBO Max)

Esta miniserie de ficción se centra en los hechos narrados por el documental «The Staircase», centrado en la sospechosa muerte de una mujer tras caerse de una escalera de su casa. Con Colin Firth, Toni Collette, Parker Posey, Rosemary DeWitt, Michael Stuhlbarg y Juliette Binoche. Estreno de HBO Max.


Estrenada en distintos momentos, etapas y canales a lo largo de la última década, la miniserie documental THE STAIRCASE fue uno de los grandes éxitos del género llamado true crime y también uno de los mejores. Dirigida por el francés Jean-Xavier de Lestrade (y disponible en su totalidad en Netflix), la serie tuvo una primera emisión de ocho episodios en 2004 a la que se le agregaron dos en 2013 y tres más en 2018, en función de las novedades del caso (los detalles están aquí) a lo largo de todo ese período. La serie tenía como eje la muerte de una mujer al caerse por la escalera de su casa. El marido contó su versión de que había sido un accidente pero la fiscalía lo acusó de haberla asesinado. Si quieren saber cómo terminó la historia bien pueden ver el documental, ir a la página de Wikipedia del caso o enfrentarse directamente a esta versión ficcionalizada que llega ahora a HBO Max.

La presencia del realizador estadounidense Antonio Campos (AFTERSCHOOL, SIMON KILLER, CHRISTINE) como creador, principal guionista y director de seis de los ocho episodios le dan a LA ESCALERA un interés que quizás no tendría de otro modo. Lo primero que uno pensaría es si tiene sentido hacer una versión con actores de un documental muy conocido y si no estamos hablando de uno de esos productos que solo sirven para seguir explotando y comercializando un caso mediático. Pero como pasa también con la reciente THE GIRL FROM PLAINVILLE, otra versión con actores de un caso real que ya tuvo un documental (ver crítica acá), la versión ficcional puede también aportar otra mirada sobre un caso que todos creemos conocer.

¿Cómo? En ambos casos la coincidencia pasa por tratar de meterse a fondo en los personajes y en sus vidas y relaciones, ir más allá del caso en sí y de lo que es público para tratar de profundizar en eso que queda detrás de cámaras. En el caso de THE STAIRCASE eso es más difícil aún ya que el documental en el que se basa no se filmó después de los acontecimientos sino durante, y el realizador francés y su equipo tuvieron acceso a los protagonistas de la historia muy poco después del hecho, por lo que siguieron casi «en vivo» la evolución del caso desde adentro.


La mirada de Campos, un director interesado por las ambigüedades del mundo del crimen y la violencia, un cineasta que suele participar del mundo de los festivales con sus películas perturbadoras (su última, THE DEVIL ALL THE TIME, se estrenó en Netflix y trabajaba los mismos temas) se nota de entrada aquí. En principio, porque LA ESCALERA tiene un tono y un tempo narrativo mucho más reposado y menos «amarillento» que otras series sobre crímenes verdaderos. Campos asume que buena parte del público sabe que el eje es la caída (o el empujón) de una mujer por la escalera y, sin descuidar nunca la evolución del caso, elige centrarse en otros aspectos del asunto.

Por un lado, en el drama familiar. Michael Peterson (Colin Firth) es un escritor que se está candidateando para un cargo político local y Kathleen (Toni Collette) es su esposa, que trabaja en una empresa de telecomunicaciones. Una noche de diciembre del 2001, estando juntos en la enorme casa de Forest Hills en la que vivían, él la descubre al borde de la muerte al pie de una escalera que conduce al primer piso. Llegan los médicos pero ya es tarde: la mujer está muerta. La explicación de Michael es sencilla: él estaba afuera, en la piscina, y cuando llegó se topó con esa escena. Pero hay algo que no cierra: hay sangre, muchísima sangre, alrededor del cuerpo de Kathleen. Y no parece explicable por la caída.

El Asistente del Distrito local Jim Hardin (Cullen Moss) y su colaboradora Freda Black (Parker Posey) se lanzan con todo contra él, algo que no sorprende en función de la rivalidad política que tienen con el acusado, mientras que Michael contrata a un equipo grande y caro de especialistas (liderado por David Rudolf, el agresivo abogado que encarna Michael Stuhlbarg) y los tres primeros episodios se ocupan de las respectivas preparaciones de los casos. A la vez, habrán flashbacks a los meses previos a la muerte, en donde veremos algunas cuestiones de la vida de Kathleen y de Michael antes del hecho.

Pero lo principal pasa por la familia. La pareja tenía cinco hijos, organizados de una manera un tanto curiosa. Los dos mayores, Clayton (Dean DeHaan) y Todd (Patrick Schwarzenegger, el hijo de Arnold) son de Michael y de su primera esposa, Patty, de la que estaba separado. Dos chicas, Margaret (Sophie Turner, de GAME OF THRONES) y Martha (Odessa Young), en realidad son hijas que Michael y su primera esposa adoptaron cuando vivían en Alemania y los padres de las niñas fallecieron. Y una quinta, Caitlin (Olivia DeJonge), que es hija del primer matrimonio de Kathleen con otro hombre. Además de ellos, están las dos hermanas de la fallecida (interpretadas por Rosemarie DeWitt y María Dizzia) y, en un rol que en estos episodios todavía se conoce poco, aparece nada menos que Juliette Binoche, casi irreconocible con el cabello totalmente canoso.

Las vidas de todos ellos, sus reacciones y sospechas ante lo sucedido, su incomodidad y hasta cambios de posiciones (algunas primero apoyan a Michael y luego se vuelven en contra suyo) van a ser lo central de estos episodios, así como algunos descubrimientos de la vida privada y del pasado del acusado que podrían hacerlo quedar como sospechoso en un juicio en el que, se sabe, las apariencias son tan o más importantes que los hechos y las evidencias concretas.

Y hablando de apariencias también se suman a la trama los propios responsables del documental que se hizo entonces sobre el caso. Campos muestra los contactos del director francés (interpretado por el actor Vincent Vermignon) y su productor con Michael y con su abogado, y luego los presenta haciendo su trabajo mientras la ficción hace el suyo. De vez en cuando, de modo lúdico (la serie tiene un curioso humor), Campos muestra escenas que parecen estar siendo capturadas para el documental, algo que es más que evidente por la más baja calidad de imagen.

Ese juego entre las dos narraciones en paralelo es fascinante, ya que a la vez muestra el detrás de la escena del documental que, finalmente, fue el que hizo famoso al caso. No solo eso, sino que se permite de algún modo ir desnudando al género para exhibir que, en el fondo, es tan subjetivo y manipulador como puede serlo una ficción. Ni Campos –al menos en estos primeros tres episodios sobre un total de ocho– ni Lestrade ofrecen respuestas claras a los interrogantes más puramente policiales del caso. A ambos les interesa adentrarse en el misterio de las relaciones humanas, de los secretos que se tienen aún con los seres más cercanos y en la imposibilidad de la justicia, a veces, de capturarlos en toda su ambigüedad.

En las escenas en las que se ve a un equipo de abogados intentando mil veces que, en una pericia, la sangre caiga del modo en que ellos desean para convencer al jurado de que fue un asesinato, queda claro que ni siquiera la propia justicia parece demasiado preocupada por la verdad. Y eso que todavía la ficción no llegó al momento en el que una de las teorías en discusión pasó a ser si la había matado un búho. Documentalistas, realizadores de ficción, abogados, fiscales, jueces y jurados, todos construyen un relato que no es más que una cadena indescifrable de subjetividades. La verdad es otra cosa y quizás nunca la sepamos.