Ciclo Centenario Pasolini: «El Evangelio según San Mateo» (Sala Lugones)

Ciclo Centenario Pasolini: «El Evangelio según San Mateo» (Sala Lugones)

por - Ciclos, cine, Críticas
13 Ago, 2022 01:00 | Sin comentarios

El tercer largometraje de Pier Paolo Pasolini, de 1964, narra la vida de Jesucristo de un modo respetuoso pero inusual para la época. Se ve el sábado 13 y el domingo 21 de agosto en el marco del Ciclo Centenario Pasolini.

Marxista y ateo, Pier Paolo Pasolini no parecería, en principio, el candidato ideal para dirigir una adaptación de uno de los Evangelios del Nuevo Testamento. La idea, controvertida antes, durante y después del rodaje de la película, probaría sin embargo ser bastante efectiva, ya que lo que PPP logró allí fue bajar, en cierto modo, a Jesucristo del pedestal épico en el que usualmente se lo ponía –tanto en el cine hollywoodense como también en el europeo, en especial en el cine bíblico comercial conocido como peplum— para devolverlo a algo más parecido a lo terrenal. Solo falta comparar a Jeffrey Hunter (protagonista de REY DE REYES) con Enrique Irazoqui, el estudiante español de economía de 19 años y activista comunista que encarna a Cristo aquí, para entender algunas de las diferencias.

Pero no son las únicas. En su tercer largometraje Pasolini puede alejarse del registro urbano –las afueras de Roma de ACCATONE y MAMMA ROMA— para retroceder dos siglos en el tiempo y contar la historia de Jesús de Nazaret, pero sostiene varias de las características de esas películas, fundamentalmente el uso de actores no profesionales –y amigos y familiares–, los escenarios naturales y la manera tan particular (y, si se quiere, dialéctica) de combinar planos entre largos y cortos, fijos y en movimiento, proponiendo un lenguaje cinematográfico no convencional para la época pero muy influyente en ciertos desarrollos posteriores.

EL EVANGELIO SEGUN SAN MATEO no es ni más ni menos que la historia de «el hijo de Dios» desde su nacimiento hasta su resurrección. Bastante literal en su desarrollo narrativo, la película va contando los pasos tradicionales y conocidos de Jesucristo: las revelaciones, los reyes magos, los ángeles, milagros, parábolas, fugas, regresos y, fundamentalmente, su viaje en modo proselitista en compañía de sus discípulos para llegar a su arresto, crucifixión, muerte y, bueno, ya saben el resto…


No hay alteraciones llamativas en la historia, pero sí una postura que lo abarca todo: se trata de un Cristo humanista, social, lo más parecido a su versión «progresista», remarcando sus críticas a los ricos y poderosos, su acercamiento a los pobres, los enfermos y los desamparados. En la rápida acumulación de sermones, milagros y parábolas que el hombre ofrece en su gira (por momentos parece un enojado político en campaña), Pasolini lo presenta como una persona sencilla, cercana a la gente y con una profunda desconfianza con aquellos que intentan utilizarla. El vestuario de la película deja en claro las cercanías con unos y la distancia con los otros. Solo basta ver esos curiosos sombreros…

Esa no es la única desviación del canon bíblico. Es claro que en la Galilea de antaño no hablaban italiano (la película se filmó en los alrededores de la antigua ciudad de Matera, en la región sureña de Basilicata), pero los escenarios elegidos resultan más creíbles que los que se solían mostrar en las superproducciones de los años ’50. Algo parecido pasa con los milagros que se muestran. Lo más parecido a un «efecto especial» que hay acá es un plano-contraplano, sistema directo y sin vueltas con el que Pasolini resuelve situaciones en apariencias complejas, como la inmediata cura de un leproso.

La película es tan considerada y respetuosa con la figura de Jesús que –salvo por los sectores más ultramontanos– hasta la Iglesia aprobó la película, la aplaudió y la celebró, al punto de elegirla como una de las mejores hechas sobre Cristo. Claro que ese éxito generó incomodidad y hasta repudio en el mundo intelectual de izquierda italiano que no entendía cómo este escritor y cineasta comunista y homosexual podía haber «traicionado» así la causa. Pero el film es solo una prueba de algo que se iba a seguir corroborando con el paso de los años: Pasolini nunca fue «un intelectual orgánico». Iconoclasta, librepensador, el cineasta siempre trató de alejarse de cualquier tipo de pensamiento único, arriesgándose al ridículo y habituado a contradecirse a sí mismo con cada nueva obra. De hecho, se podría decir que ese tipo de ida y vuelta fue su modus operandi a lo largo de su corta vida, terminada en 1975 en circunstancias misteriosas.

Entre los apuntes, si se quiere, «extravagantes» de la película está la música, que va desde sonidos más clásicos (Bach y Mozart, especialmente) a referentes de la música contemporánea como Odetta (haciendo «Motherless Child»), el blusero Blind Willie Johnson o la sacra Missa Luba congolesa, además de las composiciones originales del argentino Luis Bacalov. Pero quizás lo más trascendente del film excede cualquier descripción y se aprecia en la granítica claridad de las imágenes, que parecen esculpidas en el tiempo, una suerte de pintura tomada en la época y recuperada veinte siglos después. Un crítico dijo en su momento que la película parecía un documental de bajo presupuesto realizado en el momento de los hechos, sin el tamiz épico ni la grandilocuencia que se le aplicaría a los hechos con el correr de los siglos. Y algo de eso transmite la película de Pasolini: la sensación de estar ahí, con Jesús y sus discípulos, recorriendo la desolada región cual político en plan levantamiento revolucionario hasta llegar a su conocido final. Más hombre que mito, más pastor que leyenda.


En la Sala Leopoldo Lugones del Teatro General San Martín. A las 14.30 y 17.30 horas. Repite el domingo 21 a las 14.30.