Festival de Locarno: crítica de «Regra 34», de Julia Murat (Competencia)

Festival de Locarno: crítica de «Regra 34», de Julia Murat (Competencia)

por - cine, Críticas, Festivales
13 Ago, 2022 05:49 | Sin comentarios

Ganadora del Leopardo de Oro a la mejor película de la competencia internacional del Festival de Locarno, este film brasileño se centra en una joven que empieza a explorar terrenos sexuales un tanto peligrosos.

Como una BELLE DE JOUR del mundo online y del siglo XXI, REGLA 34 cuenta la historia de Simone (Sol Miranda), una chica que divide su tiempo entre la universidad, donde estudia en la Facultad de Derecho, y un sitio de intercambio online en el que trabaja como cam girl, grabándose y transmitiendo su actividad sexual para sus seguidores, que pagan sus buenos tokens para verla ir cada vez más lejos en sus prácticas, en principio, individuales.

Esa misma «doble vida» tiene la tercera película de la directora de PENDULAR. Por momentos, se presenta como un drama erótico, en el que el trabajo que Simone hace para las redes se muestra en paralelo a su vida sexual privada, bastante fluida y activa, que comparte con una compañera y un compañero de la universidad. Y por otros, la realizadora brasileña se queda con ellos en sus distintas clases de la facultad, debatiendo con profesores sobre aspectos del sistema judicial, o mostrándola en sus prácticas profesionales, acompañando a abogados que se ocupan de temas sociales, en especial los ligados a la violencia de género.

Los mundos, sin embargo, no están tan alejados uno del otro como parecen en un principio. De algún modo, los debates que surgen en la facultad –ligados principalmente a discutir cómo el Estado está estructurado de forma sistémica en contra de los marginados y las minorías– se conectan con los riesgos y placeres de una vida online en la que las leyes y las reglas son un tanto más difusas. ¿Quién controla internet? ¿Cuáles son las reglas y los límites de la vida online? O, yendo más lejos: ¿cuál es el rol del Estado en nuestras vidas privadas?


El título del film hace referencia a un concepto que existe en la pornografía online, una regla que podría definirse como «todo vale» o bien: «si existe, puede convertirse o tiene una versión porno». Las exploraciones de Simone van por ese lado, por querer adentrarse en esos territorios violentos y peligrosos que son los que, en el ámbito público, deben ser protegidos. ¿Pero quién se arroga el derecho a controlar su deseo en el espacio privado, consentimiento de por medio?

De hecho, sus discusiones en las clases, la intimidad que va generando con una compañera de estudios y, especialmente, la relación online que establece con una chica que se dedica al BDSM son las que la van llevando a explorar en zonas un tanto más riesgosas dentro del espectro de actividades sexuales, algunas de las cuales las meten en problemas. Primero con las reglas de la web en la que tiene a su clientela. Y luego, bueno, ya verán…

REGLA 34 es una película que pone en discusión muchos temas (acaso demasiados, por momentos parece un catálogo de debates contemporáneos) pero lo hace de un modo que se siente orgánico a todos los aspectos de la vida de la protagonista. Por allí pasan las prácticas sexuales autolesivas, la violencia de género, la fluidez sexual, el racismo (y clasismo) sistémico, los peligros (y placeres) del mundo online, el deseo como motor, el rol del consentimiento y el papel «regulador» del Estado en un mundo lleno de zonas grises y contradicciones.

La película le da un espacio que algunos podrán considerar excesivo a las clases de la universidad o al trabajo social en el que Simone colabora y donde se cuenta un caso de violencia de género en un barrio humilde. Y si bien esas escenas tienen un tono que bordea lo didáctico (por momentos parece que la película está ofreciendo, por el mismo precio, la trama y su debate, como sucedía en algunos films experimentales de los años ’60 y ’70) funcionan a la perfección para transformar a REGLA 34 en una película de tesis, en un estudio sobre «los límites del control».