Festivales: críticas y recomendaciones del Doc Buenos Aires

Festivales: críticas y recomendaciones del Doc Buenos Aires

Con una programación que se divide en proyecciones presenciales y virtuales, entre el miércoles 24 y el domingo 28 tendrá lugar la 22 edición del festival de documentales DocBuenosAires. Aquí, algunas críticas y recomendaciones.


Entre el miércoles 24 y el domingo 28 tendrá lugar la 22 edición del DocBuenosAires, el festival centrado en el documental más longevo y clásico de la ciudad. Con una programación que se divide en proyecciones presenciales y virtuales, tendrá como sede principal la Sala Lugones del Teatro San Martín con algunas funciones en la Sala Mario Soffici de la DAC (Vera 559). Aquí se puede consultar la programación diaria presencial y aquí la online, que se verá a través de los sitios Vivamos Cultura, DocuDAC y DocBsAs.

Abajo les dejo algunas breves reseñas y recomendaciones de las (pocas) películas que alcancé a ver antes del inicio del evento. Otras, que vi pero que no fueron reseñadas, las agrego como puntuales recomendaciones. Agregaría a todas ellas la apertura, LA NOCHE OSCURA – LAS HOJAS SILVESTRES (LOS ARDIENTES, LOS OBSTINADOS) que si bien no vi, conociendo la obra de su realizador, Sylvain George, no tengo dudas que será valiosa. Esto será a las 18 del miércoles 24 en la Sala Lugones y tiene una duración de 265 minutos.


THE POTEMKINISTS, de Radu Jude (Recomendada) Cortometraje


DEL PLANETA DE LOS HUMANOS, de Giovianni Cioni. Este extraño y fascinante documental italiano que pasó el año pasado por el Festival de Locarno explora a su modo la famosa y controvertida figura del médico y científico de origen ruso Serge Voronoff, que en las primeras décadas del siglo pasado experimentó en humanos con testículos de monos en pos de conseguir la llamada «eterna juventud» o, al menos, extender la vida de las personas, convirtiéndose en una figura famosa en el mundo entero.

Pero Cioni no hace un documental tradicional sobre su vida. Si bien a grandes rasgos la historia de Voronoff –con sus ascensos y caídas, su reconocimiento y su ridiculización– está contada, los medios utilizados por el cineasta italiano son más poéticos, contando con algunos materiales documentales de la época y también de películas como KING KONG, pero con otros actuales, filmados en los mismos y bellos escenarios (la llamada Riviera italiana en su etapa de máximo esplendor como lugar turístico de la alta sociedad) en los que Voronoff pasaba gran parte de su tiempo.

Y la voz en off, del propio realizador, va conectando su historia con la actualidad, dándole –por un lado– un tono de fábula que transforma a todo en un extraño cuento (si tienen dudas sobre si Voronoff existió o es un invento del realizador, pueden sacárselas acá) que se parece mucho a la ficción y, por otro, conectando el lugar con las circunstancias actuales ligadas a las playas italianas, con refugiados que llegan del Norte de Africa en condiciones infrahumanas. Si bien la conexión puede resultar un tanto forzada, formalmente el documental jamás deja de ser atrapante.


AUS DES 84 TAGEN, de Philipp Hartmann. Los «84 días» a los que hace referencia este documental del realizador alemán son los que un grupo de músicos bolivianos que combinan instrumentos y tradiciones musicales indígenas de su país con formatos experimentales se vio obligado a pasar en Alemania una vez que los cierres de frontera ligados a la pandemia los obligó a quedarse en ese país. La Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos (OEIN) estaba colaborando con músicos alemanes del Ensemble PHØNIX16 en una gira por varias ciudades de ese país cuando los conciertos fueron cancelados y debieron permanecer en una Academia Musical, con pocos recursos para poder vivir allí tres meses.

Hartmann le da voz a los músicos para analizar el llamativo trabajo artístico que hacen, además de dedicar un amplio tiempo para escuchar sus ambiciosas y extrañas presentaciones musicales que combinan composiciones de corte experimental europeo con sonidos más típicamente andino de formas que seguramente sabrán apreciar más los especialistas que yo. Pero más allá de gustos musicales, lo que DE LOS 84 DIAS pone en juego es este extraño cruce político, económico, artístico y poético entre dos mundos, dos culturas y una pandemia a la que nada de eso le importa y barre con todo obligando a toparse con una nueva realidad que, nos guste o no, termina siendo muy parecida a la anterior. Las relaciones de poder en el mundo no cambian de un momento a otro.


SUBJECTIVE HILL, de Yulia Lokshina y Angela Stiegler. Este sugerente y misterioso mediometraje de 2019 combina los talentos de la documentalista Lokshina y la artista visual Stiegler para observar, analizar y representar los entrenamientos de la fuerza policial de Ginebra, Suiza, a la hora de entender e interpretar distintas amenazas en situaciones públicas, usando muchas veces modelos virtuales. Utilizando imágenes rodadas específicamente para el film mezcladas con animación y una voz en off alterada digitalmente que se sobreimpone sobre ciertas imágenes cambiándoles el sentido, las realizadoras van mostrando las diferencias entre una interpretación virtual de un acontecimiento callejero y lo que puede suceder en la realidad.

Es un trabajo policial hecho a partir de códigos y algoritmos que «anticipan» y miden comportamientos humanos y predicen posibles consecuencias. Pero esos ejercicios no siempre coinciden con el potencial caos y lo imprevisible de la vida real, sin contar las dificultades de estos programas para interpretar (leer) señales físicas, faciales o corporales de los comportamientos de las personas. En su tono futurista y misterioso, SUBJECTIVE HILL. El programa usa cámaras virtuales subjetivas como si las experiencias que retrata fueran las de un video-game. Y la película imita/juega con ese punto de vista, poniendo al espectador en la extraña posición de ejercitar algo parecido a «la ley» en situaciones que son más incontrolables de lo que parecen. Una inquietante mirada a un futuro posible.


AL AMPARO DEL CIELO, de Diego Acosta (Recomendada)


RETROSPECTIVA DE MARTIN SOLA:

MENSAJERO, CAJA CERRADA (Recomendadas)

HAMDAN narra la historia de un atentado hecho por militantes palestinos en Israel en los años ’70 y las consecuencias que tuvo para las personas que tenían, aparentemente, poco y nada que ver con él. El personaje es un militante palestino de la época que quedó enredado en el atentado cometido por otro –entrenado por él— pero en una decisión que no fue ni planeada ni organizada ni por Hamdan ni por su grupo. Este atentado, que provocó la muerte del joven y de varias personas más (uno imagina, ya que el filme no lo menciona), se convirtió en una pesadilla para Hamdan y sus familiares, ya que el hombre pasó buena parte del resto de su vida viviendo en cárceles en condiciones infrahumanas y siendo reiteradamente torturado.

La película no intenta hacer un análisis político ni general de la situación más allá de algunas expresiones y hechos conocidos. En realidad, a lo que apunta Martín Solá, su director argentino, es a que escuchemos la historia en boca del protagonista y de algunos de sus familiares, mientras algunas imágenes nos van describiendo las cárceles de la época -–por un lado— y la situación de algunos asentamientos palestinos ahora, además de las entrevistas a cámara, de las cuales se destacan las de dos de sus familiares.

El filme es fuerte y potente pero a la vez un tanto solemne y hasta pomposo, con el tono lento de voz de Hamdan llevando oralmente a los espectadores a escuchar una situación que no por cruenta y terrible deja de ser conocida: interrogatorios crueles, torturas, cárceles agobiantes, castigos, etc. Hay algo en ese tono cansino que intenta reflejar el estado mental en el que ha quedado el protagonista, cuyo rostro parece ir de la tristeza al enojo en todo momento. Y lo mejor de HAMDAN, la película, parece sintetizarse en ese rostro suyo que Solá mantiene en primer plano y en silencio en varias escenas: más que la historia o las escenas ya conocidas o imaginables, la cara del hombre expresa todo lo que no hace falta explicar: la bronca, la furia, la frustración, el miedo, el cansancio y se abre, por sí sola, a potenciales explicaciones o análisis de esta terrible historia que se vive ya hace demasiadas décadas en esa zona y que no parece terminar jamás.


LA FAMILIA CHECHENA. Documental religioso-coreográfico, la nueva película de Solá (CAJA CERRADA, HAMDAN) continúa con sus exploraciones en lejanos territorios. En este caso en el corazón de una familia a través de tres ceremonia religiosas llamadas Zikr, suerte de danzas rituales casi mántricas que hacen los musulmanes sufís. Hay danzas de hombres por un lado y de mujeres por el otro, y en cada una la cámara de Solá husmea y se mete sin molestar, incomodar ni interrupir (o al menos eso se trasluce) en estos rituales que van volviéndose cada vez más y más fervorosos y devotos.

Un hombre llamado Abubakar es, en cierto modo, el centro, el guía, dentro de este mundo, de estos bailes en los que los pesares y sufrimientos que a lo largo de la historia ha sufrido el pueblo checheno parecen en cierto modo exorcizarse hasta producirse una especie de limpieza espiritual, de restitución de los orígenes y de transpirado reencuentro del hombre con su historia, su religión y su tierra.


METOK. En su quinta película y la tercera de una trilogía que hace eje en historias que transcurren en zonas de conflicto político fronterizo –las anteriores fueron HAMDAN y LA FAMILIA CHECHENA–, Solá se centra en la tensa situación existente entre el Tíbet y la República China desde un costado específico pero en el que esos problemas resuenan fuertemente. Metok es una joven tibetana a quien la familia envió de pequeña a vivir a la India para estudiar allí y, a la vez, salir de la complicada situación política que se vive en su región.

La película se centra en una Metok ya adulta, que es médica y monje budista, a la que vemos y escuchamos contar parte de su historia en su lugar de residencia. La joven recibe la noticia de parte de su madre de que la necesitan en su pueblo para atender un parto complicado –no hay nadie allí que pueda hacerlo– y Metok debe cruzar la peligrosa frontera para lo cual necesita de un guía que la ayude para poder llegar y cumplir con la misión encomendada.

El film tiene una primera parte que transcurre en el templo en el que Metok vive y mantiene un tono espiritual, casi cósmico, con largos planos de rituales y caminatas por el lugar. Luego de eso la joven se pondrá en movimiento y la película hará lo propio, sin perder del todo esa forma sugerente y casi etérea que tiene Solá de filmar y que combina muy bien con la temática elegida, si bien aquí el centro pasa menos por lo místico y más por cuestiones de índole política y hasta de género.

Como en los anteriores films de esta trilogía, Solá encuentra siempre recursos formales propios y personales para poner en escena conflictos políticos que suelen ser tratados en el cine (tanto en ficciones como en documentales y METOK parece una mezcla de las dos cosas) usualmente de un modo más convencional. Y eso le da a su filmografía un carácter único y reconocible, como si sus films fueran más un «mood» –un estado anímico o de la mente– que un relato propiamente dicho. Aquí aparecen las dos cosas ya que Metok tiene una tarea y una misión bastante difícil que cumplir, pero la poética cinematográfica sigue siendo fiel a la obra de un realizador que observa y narra todo como si la cámara se fundiera con el ambiente físico que retrata.