Estrenos online: crítica de «Atenea», de Romain Gavras (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Atenea», de Romain Gavras (Netflix)

Este thriller bélico se centra en el enfrentamiento que se produce entre los jóvenes de un barrio popular y la policía tras la muerte de un niño del lugar a manos de personal de esa fuerza. Tras su paso por el Festival de Venecia, estrena Netflix el 23 de septiembre.

Apenas unas semanas después de su paso por la competencia internacional del Festival de Venecia ya llega a las pantallas mundiales, a través de Netflix, ATENEA, una mezcla de thriller y película bélica centrada en el conflicto entre la policía y los vecinos de un barrio popular de las afueras de París llamado como la película. Se trata de un violento film social en formato de película de guerra, construido en base a largos y espectaculares planos secuencia pero también con algunos vicios de estilo que en algún momento lo terminan transformando en una suerte de realista videojuego de acción.

La historia arranca en pleno desarrollo y si bien el relato no está contado estrictamente en tiempo real apenas pasan algunas horas desde que inicia hasta que termina. Los primeros once minutos son los mejores y más intensos. Comienzan con Abdel (Dali Benssalah), un soldado francés que sale de un destacamento policial y trata de calmar a la gente reunida ahí para reclamar por la muerte de un niño de la zona, que es hermano suyo. Pero Karim (Sami Slimane), otro de los hermanos del chico fallecido, no piensa lo mismo que Abdel (la similitud con los nombres bíblicos no es casual) y lanza un cóctel molotov al destacamento, iniciando el caos que se extenderá por toda la película.

Esos primeros once minutos incluyen el atraco a la estación policial, los enfrentamientos con la fuerza, la fuga y la toma armada de los edificios de Atenea esperando lo que, literalmente, se ve como una invasión armada de las fuerzas policiales. Karim es el líder de ese movimiento pero Abdel –más religioso, cercano a la policía y dispuesto al diálogo y al entendimiento– intenta calmar las aguas. No serán los únicos enfrentados, ni siquiera los únicos hermanos peleados entre sí, ya que también estará el mayor de todos, Moktar (Ouassini Embarek), un traficante que trabaja en el barrio y al que lo único que le importa es salir de allí con su dinero y su mercadería. O al menos esconderla bien.


Habrá otros puntos de vista que se suman a esta cadena de planos secuencia mediante el que se va narrando la historia. Uno es el de un policía que, en medio del intento de retoma del complejo, se perderá solo en medio de la noche y de los oscuros pasillos, y será tomado como rehén. También están los habitantes de Atenea, a los que se trata de evacuar, algo que no es fácil en medio del caos. Y los líderes religiosos, que quieren llegar a acuerdos pacíficos, pero que no consiguen mucho. Y la amenaza de patotas de ultraderecha anti-inmigrantes y algún personaje misterioso que anda por ahí y que no se sabe bien qué quiere.

La película de Gavras –realizador con mucha experiencia en videoclips– parece una actualización estilística de los films de su padre, Costa Gavras, a los tiempos que corren y los modos que se utilizan hoy. Si Z contaba una espesa trama política en modo película de acción, ATENEA va bastante más lejos y lo hace eligiendo el formato videojuego. Y el conflicto entre los hermanos es propio de una tragedia griega, lo cual no es raro viniendo de un cineasta de ese origen familiar y hasta en función del nombre del barrio en el que se dirime esta «guerra civil».

La referencia a los juegos tipo CALL OF DUTY no se debe solo al formato caos, plano secuencia y enfrentamiento constante entre distintos «jugadores» –con muchos PNJs, además, circulando por ahí– sino que en algún momento desaparecerá la sensación real de peligro y, más que balas, lo que parecen circular por los escenarios son fuegos de artificio digitales, como si todo fuera tan solo una puesta en escena de un caos real.

Allí la película empieza a debilitarse. No en su ritmo, pero sí en las convenciones formales y de guión con las que organiza su segunda mitad. Las posiciones «políticas» de los hermanos son convenientemente distintas como para representar todo un arco ideológico posible mientras que las fuerzas policiales –salvo el rehén en cuestión sobre el que se montará la segunda escalada en intensidad de la película tras un breve reposo– se mantienen como voces fuera de campo. Y aún cuando la cámara reduzca un poco la velocidad y las corridas se frenen, los diálogos y las actuaciones seguirán manteniendo un nivel de exasperación tal que es evidente que no habrá vuelta atrás jamás de tanto grito e intensidad.

El guión de ATENEA fue escrito por Gavras y Ladj Ly, director de LOS MISERABLES, otra película sobre enfrentamientos entre policías y jóvenes de los barrios humildes a partir de un hecho de «mano dura» por parte de las autoridades. Aquella limitaba su acción a un edificio urbano y aquí se extiende a un complejo edilicio (tipo Lugano I y II) que puede ser una trampa mortal no solo para los policías que intentan meterse en él y controlarlo, sino también para los que viven ahí.

La idea de ambas películas es similar: la violencia policial descontrolada y no regulada genera reacciones de este tipo. Y no hay mediación posible si no aparecen los responsables. La película se guardará hasta el final algunas «sorpresas» sobre eso (sorpresas que, digámoslo, son una manera de «patear la pelota afuera», por usar una metáfora futbolística) y manipulará a los personajes para llegar a situaciones de intensidad extrema que no siempre son necesarias. Pero, como en los efectivos videojuegos bélicos, la acción nunca para del todo, la tensión jamás decrece y sus 90 minutos pueden verse como una única y violenta secuencia bélica… solo que con un barrio como escenario. No es una película sutil ni inteligente, sino una que plantea un problema social muy real y lo resuelve a los tiros.