Estrenos online: crítica de «Aprender a soltar» («Släpp Taget»), de Josephine Bornebusch (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Aprender a soltar» («Släpp Taget»), de Josephine Bornebusch (Netflix)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
03 Nov, 2024 06:06 | comentarios

En este drama sueco una pareja que está a punto de divorciarse se embarca en un accidentado viaje familiar. Estreno de Netflix.

La película sueca APRENDER A SOLTAR es una buena prueba de que se puede tener un tema interesante y difícil de tratar pero hacer con él una película en exceso convencional, además de plagada de golpes bajos. Es una pena, porque el punto de partida del film –una crisis matrimonial y una pendiente separación– está tratado de una manera bastante directa y brutal en los diálogos entre los protagonistas, pero en paralelo a la familia le suceden tal cantidad de cosas a lo largo de sus 110 minutos que en un momento agota. Da la sensación que los diálogos los escribió un sueco –ásperos, sin vueltas, hirientes–, pero la película la dirigió un muy funcional «creador de contenidos».

No es así, en realidad, ya que la misma Josephine Bornebusch la escribió, la dirigió y la protagoniza. Ella interpreta a Stella, que está casada con Gustav, con el que tiene dos hijos: la adolescente Anna y el más pequeño Manne. La situación es clásica: ella se ocupa de todo en la casa, él tiene un affaire con alguien del trabajo y los hijos, cada uno a su modo, tienen sus berrinches y ayudan a darle un aire aún más caótico a esa casa. La trama se dispara cuando Gustav (que es psicólogo pero claramente entiende poco y nada de casi todo) le dice a Stella que quiere el divorcio. Ella le dice que no se lo dará sin primero hacer un viaje en familia.

El viaje está relacionado con un concurso de pole dancing en el que participa su hija, una adolescente prototípica que anda con sus auriculares puestos todo el tiempo y les grita permanentemente a sus padres. Y el más pequeño Manne es un intenso de temer que los obliga a estar atentos a él todo el tiempo por diversos motivos. Gustav termina accediendo a hacer el viaje y durante un buen tiempo ni presta atención a lo que pasa a su alrededor, pendiente de los llamados de su amante. Hasta que una de las tantas situaciones intensas que se viven en el recorrido (no las voy a adelantar acá pero es un catálogo de problemas y potenciales desgracias), los obliga a sacarse la careta y hablar de lo que les pasa. O de algunas cosas que les pasan…

En los diálogos descarnados entre Stella y Gustav está lo mejor de la película. Ahí se dicen de todo, con crudeza. Ella está enojada porque él está en su mundo. El la acusa de ser controladora y no dejarle espacio. De a poco la película, que empieza dándole la razón en todo a ella y presentando a Gustav como poco más que un idiota, gira para que lo entendamos, al menos un poco, también a él. Y cuando la historia parece que se irá entre discusiones y reconciliaciones de pareja a lo largo de un viaje lleno de accidentes, el guión tira una sorpresa impensada promediando su metraje y lleva todo a otro territorio. Uno que no le hace nada bien al film, más allá de tirarle media docena de golpes bajos a los espectadores de ahí en adelante en plan «si querés llorar, llorá».

APRENDER A SOLTAR no necesita ni ese giro dramático ni todas las vicisitudes absurdas que atraviesan los protagonistas a lo largo del viaje (algunas puede ser, pero a estos cuatro les pasa de todo), ya que el drama familiar debería ser lo suficientemente sólido para no tener que ponerle una peripecia tras otra a los protagonistas. Pero este tipo de película se formatea así y no solo en Hollywood. Pareciera que hasta los habitualmente sobrios escandinavos han caído en las garras del exceso de sentimentalismo y tampoco pueden evitarlo. En el fondo, da la impresión que más que estadounidense, sueca o lo que sea, APRENDER A SOLTAR es una película original de Netflix, algo que ya es un formato, un género y acaso una nacionalidad.